Sobre Stranger Things 3 – #1

stranger-things-3_2.jpgResulta que vimos la tercera temporada de Stranger Things y, a diferencia de la segunda, nos gustó. Así que en los próximos días iremos publicando más notas discretamente entusiasmadas con la serie.

por Santiago Armas

Verano del 85. Estaba claro que no iba a ser fácil para los hermanos Duffer, los creadores de Stranger Things, replicar la magia de la primera temporada de la serie más exitosa de Netflix. Lo que en un comienzo era descubrimiento y frescura (aunque estemos hablando de una serie que funciona como un aparato reverencial del cine de Spielberg de los 80 y de la literatura de Stephen King), en la segunda temporada ya dejaba ver las costuras del homenaje a una época y al cine de aventuras (aquellas películas protagonizadas por un grupo de amigos adolescentes en un pueblo lejano de EEUU al estilo Goonies o ET). Ya la presencia de uno de los Goonies originales como Sean Astin haciendo chistes sobre su participación en uno de los clásicos que Stranger Things busca emular sugería cierto desgano para contar una nueva historia en favor del guiño constante al espectador.

Por ese y otros motivos no era tanta la expectativa que generaba la tercera temporada de la serie, que enfrenta una vez más a estos jóvenes en plena pubertad a una nueva amenaza proveniente del upside down, aquel mundo paralelo lleno de monstruos que busca tomar control del pueblo de Hawkins, Indiana. La serie todavía sufre de algunos momentos remanidos y mal resueltos: los personajes adultos de David Harbour y Winona Ryder no tienen el espesor dramático de las anteriores temporadas y el monstruo, el desuellamentes, parece una copia fea de la criatura de Enigma de otro mundo, de John Carpenter. Afortunadamente, si bien no hablamos de una gran mejoría, la serie gana al poner mucho más el foco en el grupo de protagonistas principales y sus conflictos románticos (en este caso, la relación de amistad entre Max y Eleven es uno de los puntos altos), pero también agregando personajes nuevos que suman frescura como la irreverente Robin, (interpretada por Maya Hawke, la hija de Ethan Hawke y Uma Thurman) que acompaña al ex bully y ahora buenazo Steve a desentrañar una conspiración rusa que ocurre debajo del shopping en el que trabajan.

Todas estas andanzas son felizmente acompañadas por un soundtrack ochentoso que se vale de todos los clásicos posibles (desde Maddona hasta REO Speedwagon) y un tono mucho más cálido y luminoso aprovechando la época veraniega en la que transcurre el relato. En tiempos en donde las series fantásticas optan por generar una mitología compleja que busca un fanatismo mayor de sus adeptos y se vuelven cada vez más largas y complejas, la sencillez narrativa y los deseos de contar simplemente una buena historia de aventuras de Stranger Things son una bienvenida sorpresa.

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