Dossier Jia – Ciudad 24

Ciudad 24 (24 City / Er shi si cheng ji – China – 2008)

Director: Jia Zhang-Ke
Guion: Jia Zhang-Ke, Zhai Yongming
Intérpretes: Joan Chen, Lü Liping, Zhao Tao, Chen Jianbin

por David Obarrio

Espíritus en el mundo de la materia. Jia exhibe sin tapujos sus trucos; es ahí donde reside quizá el rasgo de honestidad más prominente de la película. Ciudad 24 tiene como tema el desplazamiento al que se ven obligados sus protagonistas a causa del cierre de una fábrica de larga data cuyas instalaciones serán demolidas para instalar en su lugar un complejo de viviendas y locales de lujo. Como otras veces en el cine de Jia, las tensiones más o menos cruentas entre un viejo y un nuevo mundo en la China contemporánea ofrecen un campo fértil para observar el mapa de dolor de los desplazados, la estupefacción de un orden que cruje y debe acomodarse a los vaivenes de la política y la macroeconomía, el territorio de ensueño en el que el optimismo de los emprendedores irradia sus haces parpadeantes hacia las existencias de criaturas que no atinan del todo a calibrar el peso de su suerte: lo que se juega es la posibilidad de empezar de nuevo a favor de los vientos del cambio –el proselitismo acerca de las bondades de una nueva China es asunto de Estado y los malabarismos de la teoría política oficial pueden convertir a Mao en un agente aventajado del emprendedorismo–; el desconcierto ante un futuro inquietante en el que las viejas gestas nacionalistas se reconvierten bajo la luz clínica que expiden los salones de los shoppings, o los remezones sísmicos con los que la psiquis debe adaptarse a los límites de un nuevo marco vital. El asunto también es adaptarse o ahogarse en la calidez dudosa de los recuerdos. Las voces de la película conforman el toque espiritual de aquello intangible que se pierde en las escaramuzas materiales con las que se expresa el nuevo ideal de progreso. Pronto vemos que Jia, alumno orgulloso del cine moderno de circulación global, se desentiende del realismo de ocasión para llenar sus planos virtuosos de un lirismo demasiado seguro de sí mismo, de su poder decorativo, de su capacidad para endulzar fácilmente los sentidos con sus destellos formales, su uso inopinado de la música, sus encuadres hermosos y gélidos; su elegancia siempre eficaz aunque un poco impostada: los planos frontales, con las miradas de los personajes fijas a cámara simulan un compromiso con la materia del relato –el consabido recorte humano de “la historia individual en la historia general”– que enseguida languidece hasta revelar una naturaleza más bien teatral, pletórica de elementos dramáticos dispuestos sobre la pantalla con una puntillosidad suntuosa, dispuesta a saltar a los ojos del espectador para confirmarle la vocación de Jia por la belleza indolente del prestidigitador, aquel preocupado ante todo por la eficacia sin mácula del espectáculo. ¿A qué juega en realidad el director? Es difícil saberlo, aunque su uso esmerado de ex trabajadores reales de la fábrica y actores famosos que interpretan el papel de extrabajadores, su inclinación a hacer de la película un dispensario de relatos en primera persona que conforman lo que vanamente se podría llamar un “efecto sinfónico” en el que las voces finalmente confluyen, dan cuenta de una ambigüedad de orden radical a la que no es ajena por ejemplo Naturaleza muerta, una película anterior del director chino. Igual que allí, Jia pulsa con convicción la cuerda de una estupefacción extrema que agobia a los personajes; sus voces rechinan quejumbrosas sin perder del todo la esperanza, como plegarias que se elevan sobre sus condiciones materiales. Pero si aquella película puede ser vista como una historia de fantasmas, de seres que erran en busca de una improbable redención que los vuelva a conectar con su pasado reciente, Ciudad 24 enmienda un poco la plana sugiriendo que puede haber futuro, que en el fondo el capital sonríe, que circula y hace sonreír, que entre los escombros hay un brillo que augura una cierta paz de espíritu para esos cuerpos agobiados por la incertidumbre de los primeros pasos hacia lo que parece un vacío sin nombre. No se sabe si Jia se ha vuelto aquí un cineasta ligeramente oficial, pero que la película haya sido en parte financiada con dinero del nuevo emprendimiento destinado a ocupar el espacio donde estaba la fábrica sugiere un grado de compromiso con el proyecto que resulta insoslayable. La destreza formal del director, su habilidad para las baratijas retóricas –las canciones pop chinas que irrumpen incongruentes en medio de los paneos sobre la ciudad, el hormigueo agónico de gente que atraviesa los planos capturando esa sensación de anonimato displicente que le es propia como un lugar común – dan lugar a un distanciamiento demasiado calculado y ostentoso como para que no llame la atención. Pese al llanto que surge en algunos de los relatos, el recuerdo doloroso de la niñez perdida y las privaciones pasadas de los trabajadores, Ciudad 24 parece por momentos destilar el rumor de una complacencia inesperada.

Una respuesta

  1. Magdalena

    No la ví todavía. Espero su estreno.
    Gracias.

    julio 16, 2019 en 3:45 pm

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