Bafici 2019 – Antes que llegue el ferry

Antes que llegue el ferry (Cuba, España – 2018)
Competencia Latinoamericana

Dirección: Juan Caunedo, Vladimir García, Raúl Escobar
Guion: Juan Caunedo, Vladimir García, Raúl Escobar
Intérpretes: Enrique Molina, Yordanka Ariosa, Luis Alberto García, Félix Beatón, Jazz Vilá

por Diego Maté

Hay películas que desbordan lo que se ve en la pantalla. Lo de Antes que llegue el ferry es un amasijo enloquecido de historias, registros y citas que produce una molestia evidente en el cuerpo; uno quiere levantarse, que la película termine. Todo sugiere que ese efecto es deliberado, que los tres directores trabajan activamente para que su película irrite al espectador. Imposible saber a qué obedece esa búsqueda, aunque una respuesta posible tiene que ver con el tema. Ya son varios los intentos de capturar el clima del deshielo castrista: La obra del siglo retrata con un desencanto contenido el desfase entre las ambiciones del primer comunismo cubano y su realidad en el presente; Para la guerra encuentra en su protagonista un malestar hondo que resumía décadas de vida bajo el régimen y sus secuelas.

Ya en la película de Francisco Marise se dibujaba un proyecto estético de largo aliento: para el cine reciente, filmar Cuba supone una pregunta ineludible por la representación; como si las formas conocidas del cine político se hubieran agotado y ahora cada nueva película debiera inventar recursos nuevos, como un hablante que necesita fabricarse una lengua propia para hacerse entender. Caunedo, García y Escobar parecen continuar ese proyecto. El trío no puede filmar la isla si antes no hace pasar las imágenes por el filtro de géneros como el gangster film, la ciencia ficción o el relato de superhéroes: es a través de ese prisma que la película se las arregla para satirizar la corrupción gubernamental, las frustraciones de una clase media empobrecida, la burocracia estatal o las variedades de la estafa que crecen en los márgenes del poder. Un pop rabioso y su factura precaria incrementan la velocidad del montaje, la lluvia de colores y los saltos narrativos; el exceso de las imágenes sobrecargan los sentidos y agreden la sensibilidad, como si los directores no estuvieran filmando Cuba sino una especie de clima, una experiencia marcada por la inmediatez y la vulnerabilidad que se traslada de la pantalla al espectador. La distancia que separa a la película de la visión oficial del régimen puede medirse contabilizando el magma de referencias a la cultura popular occidental, pero sobre todo estadounidense: el cine de género, los superhéroes, la agitación del videoclip, los barroquismos de la historieta; en manos del trío de directores, todo se vuelve un ariete que horada cualquier intento de defensa reaccionaria de lo local. En última instancia, el programa de Antes que llegue el ferry se condensa en el gesto de rebelarse apropiándose violentamente de los signos de una cultura libre.

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