Lázaro feliz, en Netflix

Lázaro feliz (Lazzaro felice – Italia – 2018)

Dirección: Alice Rohrwacher
Guion: Alice Rohrwacher
Intérpretes: Adriano Tardiolo, Alba Rohrwacher, Agnese Graziani, Tommaso Ragno, Sergi López, Nicoletta Braschi

por Aníbal Perotti

Las maravillas de Alice. Alice Rohrwacher explora la esencia del neorrealismo y del cine moderno italiano para crear una nueva maravilla. Lázaro feliz es una fábula poética y política en la que un extraño fauno pasoliniano, noble y bondadoso, se afirma como un posible remedio para la deshumanización del mundo. Una historia medieval y moderna, italiana y universal, entre el campo y los suburbios. Un cuento de hadas en el que conviven acontecimientos extraordinarios con hechos banales, divertidos o escalofriantes. Los planos esconden la promesa de otras historias y sensaciones, las imágenes vibran por la atención precisa y delicada hacia los rostros y los paisajes, la película confirma el talento de una cineasta que no se ajusta a ningún género ni se acomoda a los parámetros del cine de los festivales.

En el comienzo vemos a un grupo de campesinos reducidos a la servidumbre por una aristócrata venida a menos que reina sobre una plantación de tabaco. Las relaciones de clase remiten a El árbol de los zuecos, de Ermanno Olmi, con el condimento aterrador de que la acción se desarrolla en el presente. Los primeros minutos retratan la cotidianeidad de los habitantes de esta triste aldea, hasta que la cámara se detiene sobre Lazzaro: un joven campesino ingenuo y servicial, una verdadera revelación. La cineasta despliega un talento singular para abarcar una variedad de paisajes con vertiginosas tomas aéreas que sumergen al espectador en un mundo rural que respira cierta armonía entre los seres humanos y la naturaleza.

La película se bifurca de un modo sorprendente en su segunda parte. El naturalismo del relato se interrumpe con una elipsis desconcertante: un cambio en el espacio y en el tiempo. Un entorno urbano con habitantes de los tugurios sustituye a los paisajes rurales. La cineasta abandona con sutileza la comodidad narrativa instalada desde el principio, para entrar en una dimensión fantástica donde el sonido se independiza de la imagen y los límites entre la realidad y el ensueño se desdibujan. La subyugante combinación de elementos racionales, como un escándalo jurídico, con una vena mística y esotérica, consiguen una belleza transversal de un notable equilibrio. Lázaro vuelve, con su extraordinaria empatía y su candor mesiánico. El misterio crea un torbellino de imágenes, palabras, ideas, comedia y drama. La película acaricia una gracia inexplicable, una nueva maravilla.

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