Dossier German – Under Electric Clouds

Under Electric Clouds (Pod electricheskimi oblakami – Rusia – 2015)

Dirección: Alexsei German Jr.
Guion: Alexsei German Jr.
Intérpretes: Lui Frank, Merab Ninidze, Viktoriya Korotkova, Chulpan Khamatova, Anastasiya Melnikova

por David Obarrio

Los años inmisericordes. German Junior abre con un plano general que anticipa el espectáculo gélido que dispone de allí en adelante para su película, siempre animado por una cierta crueldad no exenta de gracia. Un hombre y una mujer descubren a un migrante oriental que repta vencido por el frío. Se oye una música que viene a ráfagas, una cosa tristona de circo improbable, como si trajera a la memoria el eco de tiempos más despreocupados, en los que la melancolía era un lujo agridulce de niñez reencontrada de súbito, y no el signo de un mundo en perseverante descomposición. “Es el año 2017”, dice una voz. “Se cumplen 100 años de la revolución”. El director ruso anuncia el devenir de un tiempo extraño, como un aviso acerca del fin del mundo; es decir, el tiempo del fin de los tiempos. De pronto el espectador descubre que el sistema que rige la película es el de una tristeza innominada, que se mece con indolencia entre el arrebato nostálgico y las pinceladas acuosas que parecen describir un resignado estado de las cosas. Ciertamente la nostalgia es un asunto dudoso, porque calibra a conveniencia la emoción; juega al límite entre la realidad y un mundo de cartón pintado; acomoda el recuerdo a la sensación de lo que pudo ser, más allá de lo que fue efectivamente. Under Electric Clouds se mueve entre la grisura de un universo desastrado escrito en presente, cuya crueldad no se disimula en la suntuosidad de los planos ni en la belleza casi etérea con la que están construidas las escenas, y la invocación vaporosa, poco convencida, quizá rendida de antemano, de un mundo que acaso jamás haya existido. La película está articulada en capítulos, escenas tuteladas por diferentes puntos de vista, conectadas por un sentimiento común de pérdida, de desolación, de derrota, de estupefacción. En cierto punto, Under Electric Clouds es una historia de fantasmas, de almas en pena que no alcanzan a formular queja alguna y se contentan con esgrimir sin testigos sus cuitas, balbuceando ineficaces monólogos interiores. Su paisaje de construcciones indeterminadas en medio de la tierra yerma, de casas vacías, de figuras que caminan bajo la nevisca, de vehículos que se mueven en el fondo del plano y de palabras flotando con dejadez en el fuera de campo, parece evocar un estado material y un estado espiritual al mismo tiempo, con la misma carga de aridez y de pesimismo. ¿German hace una película sobre los días que corren o solo intenta auscultar el latido de una agonía general, el clima opiáceo con el que las almas perdidas atraviesan sin remedio la Historia? ¿O es sobre el futuro, es decir sobre el desencadenamiento definitivo de males precedentes, suficientemente enunciados y cartografiados, no siempre con modales tan refinados? En cualquier caso, el ruso con pedigrí tiene sus mañas rusas, sus formas heredadas célebres, para las que el mundo es siempre el escenario de alguna forma de dolor triunfante, que atraviesa a las criaturas humanas y les impone un aire de pantomima absurda. El modo en el que los personajes entran en plano, como marionetas animadas por una energía insensata, que parece destinada a recordarle al espectador la naturaleza irremediablemente ciega de lo que los rodea, trae a la mente la potencia de ciertos pasajes sorprendentes de German padre, en los que la risa del mundo no amedrenta el deseo de esos animalitos humanos de ser quienes son, de atropellar la escena como si en verdad tuvieran poder de decisión y fuerza suficiente para torcer las cosas a su favor. También, el devenir de los hombres y las mujeres en figuras espectrales, llenas de aflicción y de estupor, que atraviesan a veces las escenas como si fueran zombies de la estepa, puede recordar el soplo trágico de Tarkovsky, su errancia triste ubicada en un punto intermedio entre el desaliento y la resignación. German exhibe en todo momento una suerte casi interminable de artesanía poética que coloca la película en un limbo abierto a la interpretación. Ni relato esmerado acerca la superviviencia de un puñado de criaturas en un paisaje cotidiano que se les ha vuelto hostil, ni un particular énfasis para delinear a los personajes en el espacio y que estos puedan lucir como seres más o menos contundentes: la película flota con alguna destreza en cierta paisajística del cine contemporáneo, para el cual las imágenes son un asunto líquido, difuso; más que un relato, la especulación acerca de la posibilidad de un relato, delineada en más de una ocasión con una belleza que quita el aliento, pero que no siempre da la talla para constituir otra cosa que no sea una exhibición de escenas que pueden lucir un poco estériles. En última instancia, German se desenvuelve bien como testigo de una época trastornada; un tiempo en el que el mundo, como se describe en la línea de Shakespeare, parece haberse “salido de sus goznes”: Under Electric Clouds captura el sentimiento trágico de la inevitabilidad del caos y esboza con un regocijo estético cercano a la malevolencia el desconcierto resignado en el que se encuentran sus personajes, seres que desfilan con apariencia imperturbable, pero para los cuales no hay redención posible.

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