Diez años de Cinemarama

Cinemarama cumple nada menos que diez años y como no es poca cosa lo festejamos con una serie de textos que empezamos a publicar hoy

por Diego Maté

Bella tarea. Cinemarama nació el 20 de julio de 2008. Ideamos el sitio con Ezequiel Villarino e invitamos a unos pocos amigos. El plan: escribir sobre estrenos de cine, historieta, lanzamientos de discos, pero también cubrir recitales, ciclos, eventos (como charlas o discusiones públicas). Yo iba a oficiar de editor, aunque en la práctica terminé ejerciendo de corrector improvisado, y aprendí enseguida, más o menos al año, que el sitio iba a ser una cosa distinta de la que habíamos pensado: en pocas palabras, que Cinemarama crecía y se movía al ritmo de sus integrantes y que no tenía sentido insistir en un rumbo prefijado; era mejor liberarlo, que nos arrastre y ver hacia dónde nos llevaba a todos. A los pocos meses, Cinemarama ya mostraba un rostro diferente del que habíamos imaginado: la crítica de estrenos había desbancado a otras secciones, cada vez más esporádicas; la intención de publicar editoriales regularmente, una vez por semana o cada quince días, fracasó después del primer intento; el universo cinematográfico que queríamos agotar, compuesto de estrenos, ciclos, debates y lanzamientos en DVD, se redujo a la cartelera de los jueves.

Digamos que estábamos ante una experiencia común por esos tiempos de expansión de blogs y de espacios amateur: leíamos crítica y queríamos escribir, teníamos proyectos, pero la naturaleza autogestionada de la empresa hacía que fuera difícil reunir interesados y, una vez convencidos, imponerles tareas. “La vida se abre camino”, reza la frase emblema de Jurassic Park: Cinemarama se abrió camino por un sendero que no habíamos previsto y que fue el resultado del esfuerzo y de los deseos de todos lo que participábamos en el sitio. En medio de ese torbellino, sin embargo, algo de la idea inicial quedó en pie: la publicación casi diaria de críticas de estrenos, terreno donde creíamos que se jugaban un sinfín de disputas y en el que nos proponíamos intervenir. Seguramente las películas no nazcan todas iguales, como creía Truffaut, pero cada película ciertamente merecía un texto que se tomara el trabajo de pensarla, sin importar si se trataba de una película argentina que contaba con una sala en el Gaumont y en el Tita Merello o el tanque con trescientas copias de ese trimestre. Los lectores que llegaban al sitio podían encontrarse tanto con defensas apasionadas como con ataques destemplados inhallables en los diarios, muchos de los cuales estaban dirigidos a estrenos locales: esa honestidad brutal, carente de toda complacencia y cálculo, nos valió en muchas ocasiones quejas y insultos (y hasta algunas amenazas) de parte de directores. Signo de los tiempos: en ese momento el modelo a derrumbar era el de los textos rutinarios, acomodaticios y carentes de ideas mayormente emplazados en la prensa gráfica; en cambio, si hubiera que fundar Cinemarama hoy, la crítica de diarios aparecería seguramente como un rival lánguido y venido a menos, sin el vigor de antaño, y la polémica tendría muy probablemente otro blanco: los sitios web, blogs y páginas que, con toda la libertad del mundo a su disposición, optaron durante los últimos años por replicar el modelo anterior de textos rutinarios, acomodaticios y carentes de ideas.

El caso es que nos gustaba un poco la pelea, la discusión, el tole tole, pero tampoco nos dedicamos solamente a enlodarnos en la vorágine de los estrenos. Las coberturas de festivales, algunos de ellos enormes como el Bafici, se volvieron parte estable del calendario del sitio. También estaban los dossier, esfuerzos a veces titánicos por abarcar obsesivamente la filmografía de un director, de un actor o de un género, que emprendíamos de tanto en tanto. En el medio de todo eso hasta tuvimos un capítulo sonoro, Cinemarama Radio, un proyecto que se apropió de nuestros sábados con un cronograma de reuniones que excedía el programa: los cafés previos y posteriores en un bar que quedaba a pocas cuadras de la radio, con largas charlas sobre cine, música, chismes o cualquier cosa y que incluían los planes para la transmisión, los intentos de diagramar algo parecido a un guion que deberíamos ejecutar dentro de pocos minutos o la evaluación de lo que acabábamos de hacer apenas un rato antes. Recuerdo que, en algún punto, las reuniones se volvieron para mí tanto o más placenteras que hacer el programa: una de las obligaciones más felices que me tocaron.

Pero nada permanece idéntico a sí mismo por demasiado tiempo y Cinemarama fue cambiando a la par nuestra: compromisos, trabajos, estudios, familias (viejas y nuevas) o simplemente ganas de probar otra cosa hicieron que el sitio redefiniera sus alcances y tuviera que empezar a medir sus ambiciones. Con menos tiempo disponible, dejamos de cubrir cuanta cosa pudiéramos ver que se nos cruzara en la cartelera y empezamos a elegir, a afinar la puntería. Suena a derrota, a fin de algo, pero no, se trata de cambiar, de acomodarse, de abrirse camino de otra manera. El volumen de textos publicados se achicó, pero el proyecto que nos alimentó durante años siguió intacto. La camada inicial, compuesta mayormente por amigos que nos habíamos conocido en la escuela de El Amante y en sus inmediaciones, dio paso a otra era en la que ingresaron redactores jóvenes que se vinculaban con el cine y con la escritura desde otros lugares, en algunos casos por fuera de los automatismos de la cinefilia que en parte dominaban a los anteriores. Creo que no llegamos a notarlo en ese momento, pero ahí ya se estaba anunciando el agotamiento definitivo de la experiencia de los blogs y sitios amateur dedicados a la crítica de cine. Basta con releer los textos de los dos primeros años, en especial la sección de comentarios: muchas críticas eran acompañadas por un diálogo que se nutría de intervenciones de otros bloguistas y que a su vez se extendía y ramificaba hacia sus sitios. La mayor parte de esos espacios ya no existe, solo quedan un montón de links rotos y de webs fantasmas: una constelación de proyectos desaparecidos, en muchos sin dejar siquiera el rastro de las publicaciones pasadas.

Es posible que ese flujo de intercambios y discusiones que antes se daba en el espacio de los comentarios de la web se haya desplazado a las redes sociales, en especial a Facebook y a Twitter, donde compartimos nuestros textos con ustedes, muchas veces con una remanida fórmula de cortesía que no por gastada resulta menos efectiva: “Pasen y lean”. Pasen, como quien invita a alguien a un lugar propio, a su casa. Para mí Cinemarama es la casa que nos fabricamos con amigos durante diez años. Pasen, lean, vengan cuando quieran.

3 comentarios

  1. EV

    Qué lindo todo esto. Qué recuerdos copados. Para mí fueron muchos años de disfrute. Desde la escuela de crítica hasta llegar a este lugar. A este espacio que sigue vigente, y eso me pone muy feliz por todos Uds. que siguen siempre llevando adelante esta casa de crítica de cine que alguna vez fue un divertido espacio también en la radio. Tendría muchísimas cosas que decir, y creo que hasta tengo muchas ganas de que este comentario se convierta en un ida y vuelta mediante expresiones de todo tipo (muchas cosas las debatíamos con diversidad de tonalidades por este medio, como varios de este staff recordarán, y sinceramente hubo grandes momentos). Pero como bien dice Diego, ahora existen otros lugares donde debatir, discutir e intercambiar ideas sobre cine, con o sin polémicas. Yo estoy muy lejos ahora de la escritura, y me cuesta más que antes armar algo por escrito que sea medianamente aceptable, pero no pierdo la pasión por el cine -siendo, como dice de forma impecable David en ese otro texto hermoso y celebratorio de los diez años de Cinemarama, un espectador lector-; como así tampoco pierdo la pasión por los comics y los videogames. Y soy sincero: celebro no cambiar de pasiones. Siempre ahí. Me alegro muchísimo que sigan haciendo Cinemarama. Mis mejores deseos para todos Uds. Dejo el comentario en el texto de Diego, pero la verdad es que leí también los textos de David y Aníbal, y me regalaron recuerdos imborrables. Salud y felicidades! Gran abrazo a todos! Y por muchos años más!
    E.V.

    julio 28, 2018 en 7:50 pm

    • david

      Grande, Seku. Ahora esperamos sus “críticas elegidas” de la historia del sitio y sus apostillas a esas críticas. Usted puso los primeros ladrillos, así que esta también es su casa. Abrazo grande.

      julio 28, 2018 en 8:11 pm

  2. Laura

    Me voy a sumar a Eze. Leí todos los textos con un nudo en la garganta, me acordé de esos sábados interminables de radio, de los debates, las charlas sobre todos los temas con el nivel de intensidad sostenido (también de que me bancaban el mambo de no sentarnos afuera porque odio las palomas).
    Ahora cada vez leo menos crítica y es porque también veo muchísimo menos cine. Pero siempre nosotros somos el lugar obligado. Y aunque ya no es un “nosotros” se sigue sintiendo así

    agosto 10, 2018 en 7:16 am

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