EPA 2018 – In Time to Come

In Time to Come (Singapur – 2017)

Dirección: Tan Pin Pin

por Ignacio Verguilla

Incierto (y por venir). Se podría conjeturar sobre el carácter arqueológico de la imagen cinematográfica, acerca de su inscripción genética en un aquí y ahora, o en su casi ontológica condena a ser siempre huella y registro. Se podría asumir que cualquier plano, consciente o no, el cineasta, de hacerlo, dice algo sobre su tiempo, sea ya a partir de lo que muestra, o por sus condiciones de producción, o por su propia materialidad, más allá de abrazar la ficción o el documental, formas que bien se sabe pueden disolverse en una tenue laxitud. Y también, entre todas sus caras, la imagen cinematográfica puede dar cuenta de múltiples transformaciones; tal vez la mayor y más sutil de ellas sea la del tiempo que transcurre dentro de cada plano. Pero también hay otras no menos importantes y que muchas películas dejan entrever: las transformaciones de la Historia, del espacio, de los rostros y las cosas. La directora Tan Pin Pin aborda estos misterios de la imagen y lo hace sin necesidad de enunciarlos, a fuerza de planos casi siempre fijos (los movimientos de cámara son atentas respuestas a la aparición del azar) y de una estilización que permite explorar los encuadres y sus simetrías. A través de situaciones observadas que hacen del plano general una superficie en la que Singapur y sus habitantes “transcurren” en su cotidianidad, la película invita a percibir el tiempo y la ciudad y lo hace entablando una mirada astutamente desfasada. Casi siempre asistimos al fin de un suceso o entramos en medio de una situación que está a punto de ponerse en movimiento: una banda que se retira de un acto en una enorme estación de pasajeros, una autopista vacía a punto de ser inaugurada, un barrio a punto de cambiar para siempre, los empleados de una librería que esperan a los clientes en un centro comercial. La cámara registra también dos momentos que configuran el corazón de la película: una caja de metal se revela como una cápsula del tiempo en la que se irán arrojando toda clase de objetos que serán signos del pasado en un futuro cercano. Mientras tanto, en otro lugar de la ciudad se procede a desenterrar otra caja similar guardada un par de décadas atrás.

In Time to Come, con sus planos que invitan a dejarse llevar, parece preguntarse por las marcas que el tiempo inscribe en el presente, ya no como aparato arqueológico sino como un dispositivo sensible con una poderosa carga poética que conversa con la melancolía. Cerca de la mitad, la película se rompe y parece volverse sobre sí misma. Por un instante, todo indica que observaremos lo que parecen ser los contraplanos exactos de lo ya visto, como si fuera a completarse un espacio contiguo que antes nos fue vedado. Pero la operación es más hábil y compleja: Tan Pin Pin juega con esas expectativas y las lleva al límite, varía el punto de vista y de tanto en tanto solapa tenuemente sonidos que escuchamos en otros lugares, convirtiendo así una película de por sí fascinante en un objeto impredecible en el que la huella inestable del tiempo se nos escurre entre las manos.

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