La vendedora de fósforos

Año: 2017
Origen: Argentina
Dirección: Alejo Moguillansky
Guion: Alejo Moguillansky
Intérpretes: María Villar, Walter Jakob, Helmut Lachenmann, Margarita Fernández, Cleo Moguillansky
Música: Helmut Lachenmann
Fotografía: Inés Duacastella
Edición: Alejo Moguillansky, Walter Jakob
Duración: 68 minutos

por Diego Maté

El cine argentino, sobre todo el post NCA, siempre preocupado por el realismo, pocas veces supo entregarse a las libertades del juego. Las películas de Matías Piñeiro y de Alejo Moguillansky fueron dos felices excepciones a esa regla. La vendedora de fósforos, de Moguillansky, parece querer dialogar directamente con el cine de Piñeiro: los gustos, los personajes, los conflictos y los universos de uno y otro se funden hasta que ya no se sabe bien dónde empieza uno y termina el otro. La preparación de una ópera contemporánea es el puntapié inicial de un disparate alegre donde se cruzan los temas de la pareja, la infancia y el arte. Todo es ligero en el mejor de los sentidos: los personajes se desplazan sin restricciones por el espacio y hablan musicalmente. La cosa empieza cuando a un director le encargan la dirección de La vendedora de fósforos, de Helmut Lachenmann: ese punto de partida empuja a los protagonistas a un frenesí de actividades que incluyen ensayos, escribir, asistir a una pianista y cuidar de su hija. El director se rompe la cabeza, aunque sin demasiado éxito, para imaginar una puesta que se ajuste a las necesidades de esa ópera imposible. A pesar de los contratiempos, nadie parece pasarla mal en esta comedia de enredos sobre las formas de convivencia entre trabajo y familia. La película se muestra fascinada con sus actores, desde la presencia siempre luminosa de María Villar hasta la pequeña Cleo, que pareciera hacer de ella misma. Como Piñeiro y las bougueroteadas de La princesa de Francia, Moguillansky entiende que la mejor manera de acercarse al arte contemporáneo “complejo”, a veces “prestigioso”, es desacralizándolo, tomándoselo en solfa. Al mismo tiempo, la película describe los ensayos de la orquesta apelando a un registro documental que presenta el mundo fascinante de la preparación de una obra con decenas de músicos donde, entre otras cosas, pueden surgir discusiones sindicales imprevistas. Lo real se cuela con toda su carga política en esta película sobre el artificio y la felicidad de la creación.

Publicado en la revista Haciendo Cine

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