Bafici 2018 – The Green Fog

The Green Fog (Estados Unidos – 2017)
Películas sobre Películas

Dirección: Evan Johnson, Galen Johnson , Guy Maddin

por Pedro Insúa

The Green Fog es el sueño húmedo de cualquier crítico, el juguete preferido de Walter Murch, la tesis final que cualquier estudiante de montaje quisiera realizar. Guy Maddin, junto a los hermanos Johnson, han creado el caleidoscopio perfecto, en el cual refractar su amor por el cine y hacerlo volar por los aires. ¿De qué la va? La idea regidora es simple: recrear Vértigo, el clásico de 1958, pero usando sólo escenas y planos de películas ya existentes. Es decir, los tres directores deciden sacrificar días de rodaje para echar mano del banco de imágenes más grande del mundo. Y, efectivamente, la primera escena es la misma: en la noche absoluta, Scottie corre por los techos de los edificios persiguiendo a un ladrón. Solo que aquí cada salto lo convierte en alguien diferente: otro actor, otro país, otro tiempo. Es casi imposible que el ejercicio no sea atrapante: es la evolución a gran escala, la culminación total de los videos en Youtube que hemos visto una y otra vez, compilados de movimientos, expresiones, actores, a lo largo de la historia; cada quien tendrá su favorito (el mío: Las manos de bresson, de Kogonada). El problema radica en querer ver detrás del evidente ingenio que exudan cada uno de los cortos a un cineasta (en el mejor de los casos), cuando en general hay poco y nada, como si el chiste mismo se agotara en su propia realización. El ejemplo perfecto es el ya mencionado Kogonada, especie de maestro en el tema que, sin embargo, a la hora de filmar Columbus, su opera prima del año pasado, no supo decantar sus influencias (Ozu, Bresson) más que en una idea calculadora y matemática de lo que es la puesta en escena dejando al descubierto, en su mirada sobre los personajes, una frialdad propia de cualquier electrodoméstico.

Maddin, en cambio, es lo bastante prudente como para que su evidente amor por el cine no le impida bajarlo del pedestal en el cual se encuentra, “descanonizarlo”, jugar con su costado abiertamente popular: de no ser así, nos hubiésemos perdido los mejores gags de la película, entre la sorpresiva aparición de NSYNC (nunca Justin Timberlake había contribuido tanto al cine) o esa escena donde exploramos las capacidades dramáticas de las miradas de Chuck Norris. El humor absurdo y lúdicamente infantil del cual hace gala en esos momentos recuerda a Police Squad, serie de los 80’ con Leslie Nielsen que, al igual que esta, reutilizaba los códigos establecidos del género para luego dinamitarlos.

En la (inteligente) decisión de prescindir de los diálogos casi en su totalidad, The Green Fog vuelve al cine mudo solo para inyectarle esteroides y crear un nuevo género. Así, los golpes y contragolpes ya no están dados por los textos, sino por las miradas: un abrir y cerrar de ojos evidencia un “te amo”, una sonrisa irónica significa el peor de los rencores. Puede permitirse, al conocer la historia, jugar con las abstracciones y, a su vez, resignificar el original. Dependiendo del plano elegido, Scottie puede ser un niño que persigue a su madre o un cazador que se lanza sobre una presa. Vértigo entonces se universaliza, se expande: cada nueva escena significa un pie de página de la original. El suspenso cambia de objeto: ya sabemos qué va a pasar, pero nos intriga el cómo (¿cómo se resolverá la escena en la cual Kim Novak cae al río? ¿Que planos usará para representar el sueño de Scottie?).

El film termina siendo furiosa e irremediablemente moderno. Prueba (por si hacía falta) de que, llegado el caso, ya no se precisa filmar absolutamente nada para hacer cine; las huellas del presente, del ahora, ya no se encuentran en el material (que linkea indefectiblemente con el pasado) sino en el acto, en la acción misma de traerlo al hoy, de “volverlo” presente. Eterna paradoja: más que amor por el cine, Maddin entiende y pone en juego su pasión por el artificio; The Green Fog, para funcionar, necesita de una verosimilitud que la misma obra, en cuanto objeto de remontaje, rompe constantemente. Tema y forma se entrelazan y el espectador se vuelve un Scottie más persiguiendo una ilusión que muy en el fondo sabe que no existe.

Y al final: el fuego, por supuesto. La destrucción total, al igual que la otra gran “película sobre películas” del Bafici pasado, Dawson City: Frozen Time, donde se elaboraba un macabro paralelismo entre el cine y la muerte. Poner los títulos de las películas utilizadas funciona de manera similar a cuando en las biopic muestran las fotos de los héroes originales: esto ha sido una gran mentira y, al igual que James Stewart, ya es tiempo de volver a la luz.

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2 comentarios

  1. Guillermo Saredo

    Hola Pedro, gracias por este texto tan lúdico. No ví la peli pero me divertí mucho leyendo tus analogías. Así que ahora quiero verla. Te mando Saludos !

    mayo 10, 2018 en 12:46 am

    • Pedro Insúa

      Muchas gracias Guille! ojalá todos tuviésemos lectores como vos.

      junio 23, 2018 en 7:12 pm

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