Bafici 2018 – Grass

Grass (Corea del Sur – 2018)
Trayectorias

Dirección: Hong Sang-soo
Guion: Hong Sang-soo
Intérpretes: Kim Min-hee, Jung Jin-young, Ki Joo-bong, Seo Young-hwa, Kim Saeb-yuk, Ahn Jae-Hong, Gong Min-jeung.

por Aníbal Perotti

El universo Hong Sang-soo posee motivos recurrentes pero cada una de sus películas tiene su propia singularidad. El genial y prolífico cineasta pone nuevamente a su musa Kim Min–hee como centro narrativo. En esta ocasión encarna a una joven algo caprichosa que pasa el tiempo en un café escribiendo diálogos y fragmentos de historias en su computadora. Hong no la hace aparecer inmediatamente en la pantalla y este retraso plantea la ambigüedad fundamental de la película: una duplicidad narrativa que se desplegará con una habilidad notable en los minutos siguientes. Nunca sabemos si las escenas que la inspiran a escribir sobre las cuatro parejas que habitan el bar tienen lugar o vienen de su mente: los movimientos de cámara que la hacen salir o entrar en cuadro podrían ser lo real que alimenta su imaginación o al revés. Del interior al exterior, de una mesa a la otra, de un primer plano a un plano general, los enlaces se renuevan, se liberan las emociones y renacen las esperanzas.

Los conflictos de pareja filmados con sobriedad son particularmente melodramáticos y están acompañados por una música clásica que les otorga un énfasis desproporcionado y pone en relieve la ironía sutil del cineasta. El tono es fluctuante, siempre en el borde entre el drama y la comedia. El personaje de Kim Min-hee escribe una historia, pero Hong desdobla escenas y elementos del plano formando un lazo creativo perfecto en el que es difícil distinguir el artificio de lo natural, la realidad de la ficción, la materia prima del producto final de la escritura. El director difumina las pistas y teje una trama aparentemente clara donde cada escena entra de un modo complejo en resonancia con las otras, formando un conjunto consistente sobre la eterna cuestión de la difícil relación entre hombres y mujeres.

En una escena corta pero sorprendente, una joven sube por una escalera, pero baja inmediatamente como si hubiese olvidado algo, enseguida vuelve a subir y a bajar, y así sucesivamente, generando un divertido bucle de indecisión. Los amantes de Grass tampoco van a ninguna parte. Sus relaciones son diferentes, pero están sentados en el mismo lugar, toman la misma bebida y poseen similitudes inquietantes. Todas sus historias giran en torno a la muerte o al suicidio: la de los otros o tal vez la propia. Nunca vemos al dueño ni a los mozos del café, y el mundo de la curiosa escritora se asemeja a un limbo. La maravillosa escena final sugiere una reunión entre los vivos y los muertos: la revelación de una vida oculta y fantasmal que anima secretamente algunos lugares.

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