Entrevista a Florencia Percia, directora de “Cetáceos”

por Andrés Brandariz

Cetáceos explora lo que pasaría si uno se decide a hacer lo que quiere liberándose de las pautas, responsabilidades y compromisos que el mundo exterior reclama. Clara, la protagonista (Elisa Carricajo), aprovecha el viaje de su pareja Alejandro (Rafael Spregelburd) a Italia para hacer lo que quiere, en lugar de ordenar el departamento al que se acaban de mudar. Pero cuando hablan por teléfono, ella le miente sobre su día a día. Hacer lo que quiere no la libera del peso de la conciencia.

La palabra “mentira” tiene mucha resonancia: prefiero decir que ella oculta. También miente, pero no inventa del todo, lo mezcla con cosas que realmente le pasaron. Oculta que no está ordenando, después empieza a ordenar, pero se encuentra con cosas y se pone a escribir. No lo pensé en relación con la culpa, sino como una contradicción. Ella se siente un poco agobiada por él, por su insistencia, por su egocentrismo: él no para de hablar de sí mismo y sus éxitos. Él casi no le pregunta nada a ella, ni percibe que ella está haciendo otra cosa cuando hablan por teléfono. No percibe ningún cambio. A la vez, ella lo quiere. Eso es lo que la película quiere indagar: a veces, los vínculos son muy contradictorios. Este ocultar/mentir tiene que ver con una contradicción: ella lo quiere, pero en esa pareja no hay lugar para que ella decida nada; él le propone cosas que después decide solo, es una persona muy avasallante. Cuando él se va de viaje, ella se entrega a aceptar todas las situaciones que se le van presentando: se entrega al azar. Muchas veces, vos vas a un lugar y te entregan un folleto de algo, pero no vas: muy rara vez uno acepta el folleto. Y en ese devenir de situaciones que ella va aceptando, también se va encontrando con cierta contradicción. No se entrega del todo: va a un retiro de tai chi, pero se pone a escribir su novela. Las vidas no son lineales.

Viendo la película, encontré un vínculo interesante con Mi amiga del parque, de Ana Katz. En ambos casos aparece la figura de la mujer que se queda sola por un viaje de su pareja y, en esa soledad, desarma la estructura en la que está contenida. También tienen en común cierta sensación de distancia e incomprensión con respecto al varón. En el caso de Cetáceos, porque Alejandro está todo el tiempo está pensando en sí mismo e incentivando a Clara (Elisa Carricajo) a hacer cosas que no tiene ganas de hacer, o no tiene ganas de hacer en ese momento. ¿Hay en esta situación una mirada de género intencional?

Nunca había pensado en esa coincidencia. Es verdad que el personaje de Julieta Zylberberg en Mi amiga del parque también se queda sola y empieza a vivir una historia con el personaje de Ana Katz. En el caso de Cetáceos, la mirada sobre el género no fue una cuestión consciente: sí tiene que ver con una pareja en la que no hay lugar para el otro, donde no hay posibilidad de comunicación. No creo que la película quiera generalizar sobre la figura del hombre o sobre las relaciones. A la hora de escribir, a mí me interesaba ese personaje femenino: era una idea que yo tenía sobre una mujer a la deriva pero que tiene una pareja, una estructura, hasta que sale de esa estructura tan absorbente y se deja llevar.

Ella está pendiente de que le salga una beca, pero no tan pendiente como él. Él le pregunta por eso para sentir que la incentiva. Pero en realidad él no está tan atento a lo que le pasa a ella, sino a como él quiere sentirse con respecto a ella. 

Totalmente, él tiene una idea de cómo es ella y cómo tiene que ser: su vínculo funciona a partir de ciertas apariencias que uno va generando con el otro, y lo que hace Clara es salir de esa estructura. Él se preocupa por la beca, pero es lo único que le interesa: él se agarra de un aspecto de su vida para fingir preocupación.

Pese a sus contradicciones, hay algo que sí se libera en Clara cuando él se va.

Ella hace un clic. La que abre la puerta a estas pequeñas aventuras cotidianas es la vecina (Carla Crespo), que le insiste en que salga a la noche con ella. A partir de ahí, ella empieza a aceptar todo. Pero también lo hace de una forma muy particular, sin abocarse totalmente a cada actividad. Ella hace la suya: en ese punto, tiene una contradicción total.

Hay una escena en la que Martín, el biólogo (Esteban Bigliardi), que está editando su documental sobre las ballenas, compara el canto de los cetáceos con el de las sirenas. En su origen mitológico, el canto de las sirenas era una trampa: las sirenas engañaban a los marinos con el canto para que se tiraran al mar y se mataran. Con respecto a esta comparación del biólogo, vos hacés una inversión de sentido: si bien el canto de las ballenas resulta un sonido poco agradable y muy molesto que interrumpe todo el tiempo la escritura de Clara, para ella ese canto tiene que ver con su liberación.

El biólogo es un apasionado total por lo que hace, y su pasión es casi absurda: está hablando todo el tiempo de eso. En eso, hay algo que a Clara le gusta: pero no le gusta él, le gustan las ballenas. Ella tiene conexiones sinceras a lo largo de la película, y esa es una. Con Bigliardi pensamos al biólogo como un personaje lleno de pequeños gestos torpes. Lo de las sirenas es un chiste que hace para agradarle a Clara, es algo más de su torpeza. El interés de ella por las ballenas surge del fluir de situaciones que van apareciendo cuando una se pone a escribir. Cuando ella va al retiro de tai chi, empecé a escribir los personajes y apareció el biólogo marino, que me pareció muy interesante. El vínculo que tiene la película con las ballenas es casi azaroso, de la misma forma en la que Clara se encuentra con ellas. Un poco por ese azar es que le puse a la película Cetáceos. También se puede pensar que ellos son los cetáceos: me gustaba pensarlo, pero eso surge cuando una trata de teorizar sobre el título que inventó, no a priori: a mí me divertía esa cosa absurda que tienen las ballenas en la película. Ella está metida en este dejarse llevar por lo que se le presenta y las ballenas se le presentan.

Ella traza un recorrido que no es sencillo poner en palabras, pero que para ella significa algo, se siente.

Con Elisa hicimos un trabajo previo muy minucioso. Nos juntamos mucho a leer y a conversar sobre el guion, el personaje y las situaciones. En estas lecturas, ella era Clara y yo era los otros personajes. Después ensayamos con todos los actores de la película: cuando estos ensayos terminaron, empezaba el rodaje. El viernes antes de empezar a filmar, nos juntamos con Elisa a cerrar ese ciclo de ensayos. Nos miramos y nos dijimos: “el personaje está”. Clara tiene una angustia silenciosa: la película es una comedia, pero ella vive un drama. Eso se tenía que ver a través de una mirada, un gesto, un pestañeo, una frase. En el rodaje parecía que Elisa no hacía nada y en el equipo la gente miraba medio sorprendida porque no sabía cómo era el registro. Pero nosotros sabíamos que tenía que ser así, que menos era más. Ese fue nuestro trabajo más grande: el registro de Elisa tiene que ver con lo minúsculo, con lo invisible, y para mí es buenísimo. Es una actuación muy sensorial. En el rodaje yo estaba muy atenta a ella. Elisa tenía que sostener toda la película en el mismo tono y a veces es muy difícil cuando hay muchos actores yendo y viniendo, aunque tenían todo muy ensayado. Había que estar muy concentradas en esa línea.

En esos ensayos, ¿surgieron situaciones nuevas?

Muchísimas. Yo filmaba los ensayos, los actores leían el guion y se pulía el texto. Después me iba a mi casa y reescribía. Es una película en la que casi no se improvisó, apenas en algunos detalles. Creo que el casting es una parte importante de Cetáceos: son actores muy buenos que vienen del teatro y del cine independiente. Cada personaje fue pensado con mucho detalle, incluso los que tienen participaciones breves. Eso le da a la película una textura especial.

Me llamó la atención que vos elegís contener la mayor parte de las escenas en un plano único, a veces muy abierto, sosteniendo una situación en un único encuadre. ¿Fue consecuencia de encontrar en el montaje que esas situaciones se sostenían sin cortes, o la película fue directamente planificada así?

La película estaba planificada así. Fue pensada muy claramente porque teníamos cuatro semanas de rodaje. Hicimos mucha previa, mucha preproducción. Cuando llegamos al set ya sabíamos cómo se iba a contar la escena, cuántos planos tenía, dónde íbamos a poner la cámara. Tener una previa tan armada te permite improvisar sobre ideas ya tomadas, procesadas. Es una base que a mí me funciona: si hubiera tenido que ponerme a pensar ahí donde poner la cámara, me hubiera mareado. En cambio, cuando tenés todo organizado, podés ver en el momento una tercera opción que no habías pensado. La película no cambió el guion, está editada tal cual. Casi no se dejaron escenas ni planos afuera.

Cuando hay muchos personajes, a mí personalmente me gusta poder verlos en un plano general. Se produce algo casi teatral: el peso lo empiezan a tener los personajes en el escenario, y la interacción entre ellos genera la escena. Hay situaciones que, si no estuvieran contadas de esta manera, para mí perderían el jugo. Cuando ellos llegan al retiro, por ejemplo: fue difícil de filmar porque eran muchos personajes que había que coordinar, un trabajo casi coreográfico. Capaz era más fácil hacer plano y contraplano, pero me parecía que a través del plano general se veía la idiosincrasia del grupo en el que se metió Clara, cómo ella se sumerge en ese universo.

La única excepción fueron las charlas por Skype entre Alejandro y Clara, que se pensaron en una lógica más de plano y contraplano. Nunca había filmado una pantalla de una computadora y no imaginaba cómo podían sostenerse esas escenas con un único plano. Cuando llegamos a la edición con el montajista, Andrés Quaranta, encontramos que esa escena se podía contar de manera austera porque la película ya tenía esa lógica. Rafael (Spregelburd) tiene mucha presencia y en el guion la tenía pero, cuando vi el armado de la película, cobró mucha fuerza: lo ves a él como lo ve ella.

También utilizás bastante el plano medio, que es propio de la comedia. Clara está un poco distanciada del mundo, y esa distancia que mantiene la cámara es un poco la distancia emocional de ella hacia las cosas.

Sí, también la distancia de ella cuando entra en esos universos. Hay distintos escenarios en los que se va metiendo y ella los observa. En un punto, la cámara marca también lo que le pasa al personaje. Los actores y el lenguaje son los que hacen al tono de comedia: dependía de los gestos que Elisa hiciera, no de la cámara. No quería acentuarlo con un primer plano o con una cámara en mano.

Si bien en la película no hay lugares comunes ni tópicos especialmente reconocibles, sí aparece el campo como un lugar privilegiado con respecto al encierro de la ciudad.

Sí, puede ser. Lo que se trató de marcar en la película es que la ciudad está muy identificada con su vida, con su pareja, con su profesión, y ella se siente un poco agobiada. Se buscó ese contraste entre el campo y la ciudad para marcar la diferencia entre el mundo de Clara y estos universos que va atravesando. Con la directora de arte, Ana Cambre, se pensó el departamento de Clara para que fuera muy expulsante: lleno de cajas, con un desorden que la envuelve. Con el sonidista, Adriano Salgado, trabajamos muy conceptualmente: cuando ella sale al balcón se escucha una ciudad céntrica, muy ruidosa. A través de los encuadres y de la fotografía de Lucio Bonelli buscamos generar la idea de que la vida de ella era muy cuadrada en la universidad, con las escaleras, los pasillos, el cubículo donde se encuentra con sus compañeros. Los encuadres se trabajaron con detalle: cuando ella camina por la calle vemos una ciudad en movimiento, no es un barrio tranquilo. El campo es su posibilidad de escribir, de estar tranquila, como si fueran unas vacaciones.

Imagino que el tono de Cetáceos habrá sido difícil de transmitir con la palabra escrita. Hay muchas situaciones que en el guion no parecerían cómicas, pero en la película sí lo resultan. 

Eso fue difícil. La gente que leía el guion y había visto mis cortos anteriores lo entendía, porque tenían el mismo tono. Me sale y disfruto escribiéndolo, haciéndolo y viéndolo. A veces había que acompañar el guion con mis trabajos anteriores en los cortos. Siempre conviene acompañar los proyectos de algún material previo para que se vea qué trabajo vas a hacer. El guion depende mucho de la puesta en escena.

¿Y ahora? ¿Estás escribiendo algo nuevo?

Estoy escribiendo una nueva película, una road movie, también comedia, protagonizada por cuatro mujeres: dos hermanas de sesenta años y dos hijas de una de ellas, una no tuvo hijos, la otra tuvo dos. Las cuatro viajan a visitar al padre de las mayores, que vive lejos. Por ahora, se llama No soy de aquí.

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