La forma del agua (The Shape of Water)

Año: 2017
Origen: Estados Unidos
Dirección: Guillermo del Toro
Guion: Guillermo del Toro y Vanessa Taylor
Intérpretes: Sally Hawkins, Michael Shannon, Richard Jenkins, Octavia Spencer
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Dan Laustsen
Edición: Sidney Wolinsky
Duración: 123 Minutos

por Santiago Armas

Criaturas celestiales. Se sabe que a Guillermo del Toro le obsesionan los monstruos, pero no los monstruos que asustan y asesinan sin razón. El director de Blade 2 y El laberinto del fauno quiere entenderlos, que nos identifiquemos con ellos en una sociedad que los rechaza por lo que son. En ese sentido La forma del agua representa ese choque de mundos (el del universo fantástico con la gris realidad) en su máxima expresión. Una tímida y muda empleada de limpieza de un laboratorio gubernamental secreto durante la época de la Guerra Fría encuentra y se ira enamorando de una extraña criatura marina que es mantenida allí bajo cautiverio por unos científicos que lo someten a crueles experimentos.

Con claros ecos a La criatura de la Laguna Negra y a La bella y la bestia, el núcleo central de La forma del agua es la relación y la empatía que se establece entre estos personajes, ambos de diferentes orígenes pero claramente unidos por el rechazo y la falta de comprensión. En esos instantes (en donde además se explora un grado de sexualidad entre ambas especies poco visto dentro del género y, por eso, más que bienvenido) es donde Del Toro juega sus mejores armas narrativas, ayudado por la gran actuación de Sally Hawkins, que muestra sentimientos y emociones solo con la mirada y gestos. Con los acordes acaramelados del compositor francés Alexandre Desplat (que recuerdan al cine de Jean-Pierre Jeunet) y una composición visual cuidada en detalles y colores primarios como nos tiene acostumbrados el realizador mexicano, este cuento de hadas adulto logra conmover y maravillar por partes iguales, y si no fuera por algunos aspectos negativos, como cierta corrección política en el desarrollo de algunos personajes secundarios (como el vecino gay que encarna Richard Jenkins), o el excesivo villano de historieta que interpreta Michael Shannon, estaríamos hablando de una película redonda. Igualmente, esas falencias quedan perdonadas cuando se respira tanta pasión y amor por el cine (incluido un breve homenaje al musical clásico) en cada fotograma.

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