Mar del Plata 2017 – Era uma vez Brasília

Era uma vez Brasília (Brasil – 2017)
Competencia Latinoamericana

Dirección: Adirley Queirós
Guion: Adirley Queirós
Intérpretes: Wellington Abreu, Andreia Vieira, Marquim do Tropa, Franklin Ferreira

por Aníbal Perotti

Los nuevos monstruos. El alienígena de aspecto humano WA4 es enviado en libertad condicional hacia la tierra en una nave espacial. Su objetivo es viajar en el tiempo hasta 1959 para asesinar al Presidente de Brasil Juscelino Kubitschek en el día de la inauguración de Brasilia. Pero el cohete rudimentario se queda sin combustible y cae en el 2016 en Ceilândia, un suburbio marginal. Allí se encuentra con Andreia y Marquim, una mujer con arresto domiciliario y un ex convicto mutilado por la policía. Los tres prisioneros del tiempo se reúnen en un escenario posapocalíptico, un paisaje desolador, un territorio bajo vigilancia. Adirley Queirós utiliza el cine de ciencia ficción, que ya asomaba tímidamente en la extraordinaria Branco sai, petro fica, para denunciar la crisis social y política de su país. Era uma vez Brasília es mucho más que un agudo exponente del género, porque la invasión accidental de WA4 ocurre al mismo tiempo que la presidenta Dilma Rousseff es destituida y el congreso deja el gobierno en manos de Michel Temer, cuyos discursos en off generan un contexto al borde de la tragicomedia. El cineasta redobla la apuesta por un cine singular con un discurso político contundente: mientras sucede el golpe de estado parlamentario, los tres agentes forman una suerte de ejército de descastados que parte a la guerra contra los monstruos que acechan a la política brasileña contemporánea.

La idea inicial, según el cineasta, era “imaginar que el asesinato de Kubitschek impide la construcción de Brasilia, que representa el Brasil blanco, fálico, opresor, colonial y reaccionario; el mismo que tramó el reciente golpe de estado contra los que llevaron la política más justa e igualitaria de todos los tiempos”. Adirley Queirós tiene una idea política clara, fuerte y transparente. El director hace una película tan absurda y caótica como la realidad de Brasil vista desde el prisma de los excluidos de la capital. La realidad es mucho más aterradora que la ficción. Ceilândia es una ciudad construida en aquel tiempo al margen de Brasilia para contener a las personas que fluían en los suburbios de la nueva capital: el decorado de la ficción es también el espacio donde habitan los personajes que parecen actuar una versión de sí mismos. Con recursos modestos pero muy efectivos, el director utiliza elementos de la comedia negra para conjurar el pasado y el presente de Brasil que se superponen en una película tan libre como oscura y desesperanzadora.

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