Dossier Denis – White Material

White material (Francia – 2009)

Dirección: Claire Denis
Guion: Claire Denis, Marie NDiaye
Intérpretes: Isabelle Huppert, Christopher Lambert, Nicolas Duvauchelle, Isaac de Bankolé

por Sebastián Rosal

Una plantación de café en algún rincón profundo del África. Sobre la plantación, sobre la zona, sobre todo un país acecha una revolución comandada por el Boxeador, un extraño y huidizo personaje, y sostenida por un sinnúmero de combatientes mal armados, improvisados, niños muchos de ellos, fantasmas rabiosos de carne y hueso que arrasan lo que encuentran a su paso. La plantación está al borde de desmoronarse, una sombra de lo que alguna vez fue un negocio exitoso, una colonización eficiente, un cierto estado de las cosas solo en apariencia eterno, un recordatorio de aquello que en realidad nunca fue, algún espejismo de paraíso asentado sobre la tierra. A esa tierra, nunca precisada pero ubicable en cualquier punto del continente negro, Claire Denis vuelve para montar una maquinaria que es al mismo tiempo tan precisa en su puro nervio ficcional como en su derrotero frenético, para dar cuenta con ella menos de la historia moderna de todo un continente y fatigar así uno de los posibles relatos cristalizados (con su inevitable mirada paternalista o falsamente humanitaria), que para exhibir la fisicidad granítica de un cuerpo blanco de mujer europea, pequeño y orgulloso, y de todos esos cuerpos negros que deciden levantarse en armas, de manera tan violenta como anárquica, contra un orden sostenido por otros negros a la luz del sol y por unos pocos blancos en las sombras. Blanco sobre negro, blanco y negro, blanco contra negro. Ni buenos ni malos: gente persiguiendo sus objetivos con una lógica implacable, una lógica que inevitablemente solo puede conducir al abismo.

Pero antes de eso hay un comienzo, o mejor dicho un final que remite a un principio en forma de flashback, esa artimaña a la que el cine puede apelar para intentar poner algo de orden allí donde el mundo gira como un remolino afiebrado. En ese inicio está María. María es la administradora de la plantación y es Isabelle Huppert y es una presencia en la pantalla tan decisiva, tan acorde a una fuerza de la naturaleza desatada, tanta y toda energía en ese cuerpo minúsculo, tanta y toda materia blanca y rubia hasta cegar, que se hace imposible pensar en otra cosa que no sea ella. Constante en su intento obstinado por no perder aquello que cree suyo, contra la voluntad manifiesta de su ex esposo, de su hijo, de sus antiguos empleados que huyen despavoridos por la violencia reinante, contra el tiempo histórico adverso que se anuncia en uno y mil signos, la consumación de su búsqueda solo puede devenir locura en la familia, traición en los pequeños tiranos de turno, extorsión en los guerrilleros y violencia incontrolable en todas partes. Todo ese entramado de deseo elidido de cualquier juicio moral y convertido en energía constante es signo inequívoco del cine de Denis, de un cine que construye su belleza a partir del movimiento. Cine de transición, de ida y vuelta: en su forma, entre el pasado y el presente; en su deriva, entre la naturaleza inmutable y el ocaso de un orden cultural; en su tensión, entre la poesía de la materia (blanca o negra, negra y blanca, nada cambia) y la sensualidad oblicua de algunas pesadillas.

Una respuesta

  1. Reblogueó esto en C I N E M A R A M Ay comentado:

    Seguimos con el dossier dedicado a Claire Denis. Ya cerca del final, compartimos este texto sobre White Material, de Sebastián Rosal.

    octubre 4, 2019 en 5:12 pm

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