Dossier Denis – Bella tarea

Bella tarea (Beau travail –  Francia – 1999)

Dirección: Claire Denis
Guion: Claire Denis, Jean-Pol Fargeau
Intérpretes: Grégoire Colin, Denis Lavant, Michel Subor, Richard Courcet

por Diego Maté

Al comienzo no hay casi nada, solo el agua y un montón de hombres en el desierto que recrea algún ritual inmemorial. La banda sonora, un fragmento de la ópera Billy Bud, de Benjamin Britten, afirma el carácter atávico de la escena: los gritos del coro reverberan sobre las imágenes, el tiempo lo hace sobre los gestos y las posturas del grupo de soldados que Denis filma como si fueran estatuas o animales. La directora encuentra en una rivalidad silenciosa la excusa para explorar el universo masculino de una tropa de la Legión Extranjera apostada en Yibuti. El desprecio casi incomprensible que el sargento Galoup siente por Sentain, un recién llegado, funciona como el vector que permite relevar la vida interna del regimiento, su cotidianeidad hecha de ejercicios, camaradería, celebraciones (un recluta cumple dieciocho años) y salidas nocturnas. Como en otras películas de Denis, Bella tarea es la historia de un hombre aislado, un outsider que lleva su soledad altivamente como una prenda de orgullo. Galoup está siempre a la intemperie, ya sea en medio de los soldados que tiene a su cargo o, después, en un departamento de Marsella, donde aguarda el llamado a un juicio militar tras haber sido expulsado de la Legión y ameniza la espera dedicándose obsesivamente a cuidados diarios como tender la cama o planchar. El hombre lo pierde todo y solo le queda rememorar sus días de soldado ejemplar y sus intercambios con su superior, el comandante Bruno Forestier, a cargo de Michel Subor y que toma el nombre del personaje que el actor interpretara en El soldadito, de Godard (Denis también le otorgaría un pasado fílmico al personaje de Subor en El intruso). Los recuerdos de Galopu conforman una trama de una memoria dispersa que rechaza los recursos de la biografía y toma para sí la descripción: la película recorre libremente su desempeño en la Legión y se fija en la existencia secreta de sus habitantes, una vida física consumada a golpe de privaciones. Los rigores a los que se somete a los soldados durante el entrenamiento diurno tiene su contracara en las escenas nocturnas en bares; la directora es capaz de extraer fuerza cinematográfica prácticamente de cualquier material, ya sea de un simulacro militar como de un baile en medio de la pista. Esa capacidad certifica que en el cine de Denis pervive la voluntad de observación de la modernidad tanto como un talento inusual para capturar un raro pulso contemporáneo, es decir, la clase de cosas esquivas a la que pocos directores parecen poder acercarse con éxito, salvo por nombres como el de Assayas o Bigelow (otra mujer que se mueve cómodamente en universos masculinos). Hay un momento que sintetiza todo, la escena final, que en verdad es un flashback, en el que puede verse a Galoup bailando solo, desatado, realizando todo tipo de movimientos y contorsiones al sonido de “Rythm of the Night”. Los créditos puntúan el el lucimiento de Denis Lavant y de sus pasos acrobáticos hasta dar forma a uno de los finales más poderosos del cine.

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