Dossier Denis – Nénette et Boni

Nénette y Boni (Nénette et Boni –  Francia – 1996)

Dirección: Claire Denis
Guion: Claire Denis, Jean-Pol Fargeau
Intérpretes: Grégoire Colin, Alice Houri, Jacques Nolot, Valeria Bruni Tedeschi, Vincent Gallo, Alex Descas

Si el lenguaje es otra piel
toquémonos más
con mensajes de deseo

(Gustavo Cerati, “Otra piel”)

por Ignacio Verguilla

Rodada antes de Bella Tarea (1999), Nénette et Boni bien podría formar un díptico con su sucesora, no solo porque ambas exploran la superficie de los cuerpos –el de Grégoire Colin en especial–, sino porque tanto en una como en otra lo que circula alrededor de las imágenes es puro deseo: su materialidad irracional, sus infinitos pliegues y una belleza al borde del paroxismo. Contada casi enteramente en primeros planos y con una cámara que no asfixia pero que obtura el aire, la película prescinde de muchos nexos narrativos y nos sumerge con amorosa impudicia en el universo áspero de sus protagonistas. Nénette huye de un padre que nunca fue refugio y retoma el contacto con su hermano mayor, quien vive junto a un puñado de tipos que hacen del rebusque su condición. Las cosas no son sencillas y Boni no parece muy a gusto con la llegada de su hermana ni con los secretos que ella trae. Ambos se repelen y se necesitan con igual virulencia, y ambos cargan en su piel las huellas de un erotismo a punto de estallar: Boni tiene fantasías que rozan el kitsch con la panadera de su barrio (una hipnótica Valeria Bruni Tedeschi), y Nénette llega necesitada de algún tipo de contención que no puede ni quiere formular.

Erosionada por múltiples y exquisitos planos oníricos, por proyecciones imaginarias o no tanto, la historia avanza sin moralejas ni señalamientos; la delicadeza con la que Denis trata a sus personajes ya es una marca de agua en su obra, y aquí se permite retazos de un triste fulgor poético, de un humor subterráneo que potencia –junto con la música de Tindersticks– una puesta en escena que hace del encierro una de sus marcas fundamentales. Mientras la historia avanza rodeándose de oscuridad, Denis –generosa orfebre de imágenes que el ojo de Agnès Godard construye con su cámara inspirada– tiñe de desvíos cierto aire de tragedia: allí quedan flotando el cuerpo rojo de Nénette en una pileta mientras pasan por el plano los rostros de otras chicas ajenas al despertar sexual, o ese desvío musical en el que Boni ¿espía, sueña, sufre? el cuerpo caliente y empalagoso de la mujer que desea.

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