Entrevista a Carolina Azzi, directora de “Espacio gratuito”

por Emiliano A. Cappiello

¿En que momento nace la idea de la película? ¿Estabas viendo algún spot en particular?

La idea arranca en 2013, cuando el Fondo Metropolitano hace una edición especial por los treinta años de democracia en la que se convocaba a presentar proyectos con alguna conexión con el tema. El Fondo Metropolitano ofrece un monto que, para lo que suelen ser los presupuestos cinematográficos, aún los de documentales, es muy bajo. En ese momento eran cincuenta mil pesos. Entonces me puse a pensar ideas que pudieran resolverse con esa suma.

Además, 2013 era un año electoral, y como pasa cada dos años, los spots nos invadían por todas partes. Me recuerdo viendo la tanda y dándome cuenta, con sorpresa, de que ciertos spots realmente me conmovían. Lo que me divertía de la situación es que me pasaba con avisos de un candidato al que sabía que jamás votaría: Martín Insaurralde. Era esa campaña en la que él prácticamente no aparecía y que protagonizaba CFK, ¿se acuerdan? Estaba hecha en un tono épico, muy arriba, parecida a la de 2011, pero esta vez se cambiaba la idea de “la fuerza” por “elegir”: “elegir la alegría”, “elegir la vida”, etc. Sentirme carne de cañón de la publicidad política, darme que cuenta de que determinados spots estaban tan bien hechos que lograban convertirme en su espectadora modelo, me llevó a preguntarme cómo funcionan, cómo logran emocionarme, cuáles son las cuerdas que tocan en mí.

Por otra  parte, mi especialidad como directora es el trabajo con material de archivo. Disfruto, y creo que soy buena, trabajando con material preexistente, dándole una forma y un sentido nuevos a través del montaje. De la unión de todos esos elementos surgió la idea de la película: contar estos treinta años de democracia a través de los spots políticos.

El aviso sobre las variaciones de calidad al comienzo de la película da a entender que mucho del material debe haber sido difícil de conseguir. ¿Qué tan laborioso fue el proceso de búsqueda y selección?

Muy laborioso y complicado. Fueron tres años de búsqueda de material. No existe un archivo unificado donde ir a buscar. Fui juntando de a poco, de lugares muy diversos. En Argentina el mayor archivo televisivo es privado, el archivo Di Film, de Daniel Di Chiara. Gran parte del presupuesto de la película fue comprarle material a Di Chiara, al que le estoy agradecida porque fue bondadoso y flexible con los precios. También recurrí al Archivo General de la Nación, que tiene muy poco material televisivo de los 80 en adelante. El archivo RTA está en formación, pero de ahí también saqué algunas cosas. Después fue un trabajo hormiga de ir rastreando a las agencias y productoras responsables de las campañas y pedirles el material. Y horas, días, semanas, de navegación en la web, donde parece que está todo ahí nomás pero no, con el tiempo vas aprendiendo diferentes métodos de búsqueda para conseguir perlitas que no están en YouTube a la vista de todos. En total recolecté más de mil quinientos spots que van de 1983 a 2017. Todos esos spots me sirvieron para entender cómo funciona el género, aunque no todos estén presentes en la película. Igual en el documental hay un buen número, me los tendría que poner a contar, pero por lo menos hay trescientos spots. De algunos, claro, hay solo unos instantes, ya que algunas secuencias de montaje demuestran una regla visualmente, juntando planos de contenido idéntico provenientes todos de spots distintos.

De todas las posibilidades de organización de un material tan vasto, ¿cómo surge la elección de estas cinco claves como eje narrativo?

Fue un largo camino, tan largo como el de reunir el material. El guion fue creciendo y se fue modificando con los spots que iba encontrando y con los que iba probando diversos criterios narrativos.

Partí de una consigna, casi un desafío: no usar otro material que no fueran los spots, nada de entrevistas a publicistas o voces autorizadas. Nada de contexto histórico. Esta fue la primera decisión importante de guion. Y costó, porque hice pruebas incluyendo otros tipos de materiales hasta que poco a poco me fui dando cuenta de que el documental ganaba cuanto más lo acotaba al tema central: los spots como género narrativo.

Una vez claro el objeto del documental, surgieron preguntas en catarata: la publicidad política, ¿es positiva o negativa? ¿Es manipulación o verdadera comunicación? ¿Es un mal necesario para dar a conocer a los candidatos? ¿Cómo funciona el género? ¿Qué tópicos maneja? ¿Fue cambiando a lo largo de estos treinta años? ¿Cuáles son sus rupturas y cuáles sus continuidades? ¿Consigue votos? ¿Gana el candidato con la mejor campaña publicitaria?

De intentar responder algunas de estas preguntas surgieron las hipótesis que plantea el documental. Una es que, en la publicidad política, las continuidades son mucho más significativas que las rupturas. Es sorprendente lo poco que cambiaron los tópicos del género desde 1983 hasta ahora. Por ejemplo, es llamativo que la mirada sobre el país anhelado que proponen los spots no haya cambiado en treinta años. Parece sintomático, una comprobación de que vivimos en un loop permanente, en un país atrasado que no se pudo repensar a sí mismo, con metas caducas.

 La narración toma estos tópicos, los más relevantes, y los convierte en las “reglas” del subtítulo del film.  Por ejemplo, la primer regla es “mostrar el país imaginado” y ahí aparece la Argentina en un amanecer permanente, con todos los paisajes y todos los puntos cardinales, los chicos con guardapolvo blanco izando la bandera, las cosechadoras, los pozos de petróleo de YPF, los aviones de Aerolíneas Argentinas siempre despegando. En definitiva, la Argentina rica con todos los climas que nos enseñaron en la escuela y de la que parece que no podemos despegarnos.

Si bien el trabajo de edición va armando el discurso de la película, también cuenta con una narradora en off. ¿Cómo llegas a la decisión de utilizar este recurso?

Bueno, me di cuenta que si quería formular preguntas y plantear hipótesis era imposible hacerlo sin alguna articulación verbal de lo que se estaba viendo. Una vez descartadas las entrevistas, probé con textos sobre las imágenes, pero no funcionaron. Ya es mucho el bombardeo de información de imágenes y voces provenientes de tiempos y lugares muy diversos que el montaje hace suceder de forma muy rápida. A eso, agregarle texto, sólo sumaba confusión. Entendí que era necesario frenar el ritmo de la narración en determinados momentos, usar imágenes de spots sin sus audios correspondientes y así generar el espacio, la pausa, para una voz en off.

La narradora va desplegando un hilo conductor. Intenté que los textos fueran lo menos invasivos posibles en la interpretación de lo que se estaba viendo. Quería que la mayor parte del trabajo lo tuviera que hacer el espectador solito. Estaba segura de que los propios spots, presentados de la manera correcta, tenían en sí mismos todo lo necesario para disparar un amplio abanico de reflexiones. Lo mismo sucede con el contexto histórico: no era necesario demostrar con la tapa de un diario que después de ganar, un determinado candidato demostró ser exactamente lo contrario de lo que se veía en los spots. Eso ya está en la cabeza del espectador.

Hay un spot que es genial en este sentido: un spot de Kirchner de 2003 hecho por la agencia de Raúl Timerman y Braga Menéndez. Empieza con una foto de Kirchner en primer plano que está fuera de foco y lentamente se va poniendo en foco. La locución dice: “Usted no lo conoce, porque es nuevo, no pertenece a la generación política del fracaso”. En ese momento, post 2001, distanciarse de los políticos tradicionales era todo un valor y era muy entendible que se resaltara este punto. La locución sigue: “Tomó una provincia muy endeudada, pagó, ahorró y hoy Santa Cruz tiene los mejores salarios de Argentina”. Mientras se dice esto hay una serie de imágenes de maestros. Cuando Espacio Gratuito se estrenó en el Bafici, Santa Cruz estaba sin empezar las clases, en plena crisis con los maestros y los empleados públicos porque la gobernadora Alicia Kirchner no podía pagar los salarios. Las risas en la sala fueron estruendosas. Es decir, el tiempo por sí sólo hace buena parte del trabajo, resignifica lo que se ve. Y eso sucede dentro de la cabeza del espectador sin que haga falta ninguna voz en off que lo subraye.

Por eso, al decidir agregar el recurso de la narradora, traté de ser muy cuidadosa con qué hacerle decir e intenté mantenerlo siempre en el mínimo indispensable. Todo lo que el espectador descubra por sí mismo, es siempre más interesante.

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