Entrevista a Iván Fund, director de “Toublanc”

El jueves se estrenó en el Malba Toublanc, la última película de Iván Fund. Hablamos con el director y esto nos dijo.

por Elena Marina D’Aquila

Esta vez, Santiago Loza (que fue codirector de Los labios) está presente en el guion, coescrito además por Eduardo Crespo, que también es productor de la película y con quien colaboraron Loza y vos en su opera prima. ¿Cómo es la dinámica de ese equipo que conforman Santiago Loza, Eduardo Crespo y vos a la hora de colaborar de diferentes maneras en las películas de cada uno? 

A ellos los conozco hace muchísimo tiempo. A Eduardo lo conozco hace muchos años, de hecho nos vinimos juntos de Crespo, Entre Ríos, donde crecimos los dos, y vinimos a estudiar juntos a Buenos Aires hace ya catorce años. Naturalmente, laburamos uno en el proyecto de otro, y a Santiago lo conozco hace ya diez años. Es un grupo de amigos, conformado por Santi, Edu, Loli (Lorena Moriconi), la montajista y Adrian Suarez, el director de arte. Vamos laburando cada uno en los proyectos del otro cada vez que se puede. No es un matrimonio, no es que estamos obligados a laburar en el proyecto del otro, sino que somos muy afines, muy amigos. Yo empecé haciendo foto en las películas de Santi, él colaborando en el guion de mis pelis, y también trabajé como DF en las películas de Edu; él lo hizo como productor en las mías. Es algo que se va dando y esta buenísimo ir viendo cómo eso va creciendo, evolucionando a lo largo de los años.

En el medio pasaron muchas películas y muchas cosas y cada uno fue también bifurcándose por los caminos que más le interesaron, así que es un regalo poder tener cómplices, como a mí me gusta pensar que podemos ser. Es muy difícil porque a veces no necesariamente tus amigos pueden ser tus mejores cómplices para los proyectos que encarás, entonces, cuando eso sucede, la verdad que es un regalo. Me gusta trabajar en sus proyectos y vincularlos a los míos. En el caso de Toublanc, Edu fue el productor, pero también hay como roles dibujados, son presencias que quiero, personas de las que quiero rodearme a la hora de encarar los proyectos. Él empezó trabajando en el área de asistente de dirección y fue mutando hacia la producción, Santi estaba interesado en colaborar donde podía, y yo tenia la historia, el guion, las escenas, la estructura. Lo fui charlando con Edu y dos lo sumamos a Santiago para que escriba los diálogos. Se iba improvisando también durante el rodaje, sobre todo en las escenas de la profesora con el alumno. Santi iba mandado textos, yo le contaba por donde quería que transitara cada personaje en ese momento, y él iba proponiendo, mandando páginas de posibles textos, sabiendo que no necesariamente eso iba a quedar en la película , y a mí me servía como una base de donde trabajar esas escenas concretas. Algunos de esos textos finalmente quedaron como fueron escritos y otros los modificamos, fuimos ensayando con los actores, y jugando con eso.

O sea que la estructura ya la tenías en la cabeza, pero el guion fue tomando forma a medida que se rodaba…

La película tenia un guion y un tratamiento, pero como casi siempre en mis pelis, el proceso de escritura no está atado a lo previo, no es una instancia ya cerrada si no que se va estirando hasta que se termina la película, tanto en la pre como en el rodaje y en el montaje. Uno sigue escribiendo y así es como mejor me funciona y como más natural lo siento. Me interesa pensar el cine de esa manera, muchas veces las pelis adolecen de tener un guion mas cerrado y en la instancia de rodaje la realidad es otra, pero igual estás tratando de rescatar algo de ese guion y en la isla la realidad nuevamente es otra porque todo cambia muy rápido; intentás salvar algo que tenias escrito y algo que creíste que viste en el rodaje, y quizás no estás viendo lo que tenés enfrente. A veces es medio accidentado el proceso si uno lo piensa así. Por lo menos en el caso de Toublanc, el guion se escribe sabiendo que siempre va a ser una instancia de propuesta a la hora del rodaje y que se va a usar lo que sirva, lo que creamos oportuno. Después, en el montaje, a veces se recupera algo o simplemente va avanzando y se va modificando, se transforma hasta que decimos: “Esta es la película”.

¿Cómo fue filmar entre la provincia de Santa Fe, París y Rennes, y trabajar con Nicolás Azalbert, crítico de la revista Cahiers du Cinéma, que interpreta al padre y detective divorciado que le da nombre a la película?

A Nico lo conozco hace mucho, desde mis primeros cortos, y de haberlo cruzado en algún festival estando él como crítico o presentando alguna de sus películas, tiene varias que me gustan mucho. Fue algo muy loco, me crucé con él en el festival de Nantes, pegamos buena onda y, como suele pasar, hay gente con la que te dan ganas de trabajar, como si la película fuese una excusa para filmar a esa persona. Eso me pasaba con Nico, me parecía una persona sumamente sensible, interesante, y justo cuando me llega la propuesta de hacer Toublanc, me lo había vuelto a encontrar porque él había estado presentando su película acá y me pareció que podía entender hacia donde quería que vaya la película. Saer vivió hasta los treinta en Santa Fe y luego se mudo a París y vivió allí el resto de su vida, pensando Santa Fe desde Francia, y Nico de alguna manera, además de ser alguien que está muy empapado del mundo de la literatura, y de la literatura argentina y latinoamericana en particular, hizo el camino inverso: se vino desde Francia y vivió muchos años acá en Argentina, entonces podía entender lo que le pasaba al personaje. Él tenía fobia hasta de que le saquen fotos así que fue un acto de muchísima valentía y confianza en el proyecto y en mi labor el hecho de que haya aceptado. Fue increíble y la pasamos muy bien, me parece fascinante lo que él hace en la película. La idea de filmar entre Francia y Rennes fue un poco a raíz de esa imagen del escritor que desde la distancia crea toda su obra rememorando esa geografía, ese espacio de su juventud. Me parecía que era necesario y atravesaba tanto la vida como la obra de Saer, ya que casi toda su obra la construye desde París y sucede en Santa Fe, en Rincón… había algo de esa idea que tenia que estar en la película como forma, me gustaba este juego de cajas chinas de alguien imaginando o recordando, y que se desdibuje esa diferencia geográfica y temporal desde la narración. En un momento el relato avanza y no hay más una geografía diferente a la otra, un tiempo o el otro, sino que es solo el presente de ese relato, una imagen que está bastante latente en todo lo que escribe Saer y con lo que yo me siento muy afín, como si fuese una película de vínculos y no de roles duros: el escritor podría ser un policía, no importa si la otra es la hermana, la amante o quien, es interesante construir un relato donde hubiese una estructura que se sostenga desde vínculos que no están definidos. 

Si bien el único elemento explícitamente saeriano que articula las dos historias, la del detective y la de la profesora de francés, es un ejemplar de Cicatrices, Toublanc decide no adaptar una obra de Saer en particular, sino que esta adaptación menos convencional pasa más por la forma, por el juego que se plantea con el lenguaje y la alternancia de momentos en los que hay una progresión del relato con otros más contemplativos. Algo que también tiene que ver con el desdoblamiento del espacio en los fragmentos de la pantalla partida donde accedemos a dos tiempos de un mismo acontecimiento. ¿Cómo pensaste y luego trabajaste la estructura de la película?

La cuestión de aunar esa geografía en el tiempo y el espacio del mismo relato está concretamente en el recurso del uso de la pantalla partida, algo con lo que tenía ganas de experimentar porque estuve mucho tiempo sin filmar antes de Toublanc. Hice dos mediometrajes, pero no me había metido de lleno en un largo, me había enganchado mucho con la novela gráfica y ciertos autores, en especial con Richard McGuire y Chris Ware, que trabajan la temporalidad desde un espacio. De repente, me gustaba la idea de ver cómo funcionaba eso en la película relacionado directamente con los recursos que usa Saer, saltando de percepción en percepción y metiéndose en diferentes tiempos. En la literatura es necesariamente lineal, por eso me parecía interesante que el cine pudiera hacer una especie de trampa, tener dos tiempos en la misma imagen. Esto me resonaba y en la historia pensaba que podía por un lado subrayar ciertas situaciones muy anodinas o cotidianas, como la mujer leyendo antes de dormirse, comiendo una ensalada, o el tipo escribiendo: momentos que parecen a priori irrelevantes o sin ninguna particularidad, pero al poder tener esta suerte de correlato en simultáneo donde se pueden ver los pequeños desfases entre uno y otro, se accede a la profundidad de ese momento. Con Lorena quisimos trabajar desde lo formal la iteración, esta repetición pero con leves modificaciones.

El protagonista es un detective al que mandan a otra ciudad para investigar el crimen de un obrero, pero a la película no parece interesarle ir por el lado del thriller, sino crear atmósferas y sensaciones a través de los planos de las ciudades, los trayectos de los personajes ya sean a pie o en tren, sus rostros, su presencia en pantalla…

Es algo que me pasa con la obra de Saer, por eso decidí que la película coqueteara con el género, con el policial y el thriller, pero de manera muy tangencial, algo que Saer hace más concretamente en su novela Cicatrices, que está presente en la película, y con otras que escapan un poco a su faceta mas formalista, donde la estética está mas depurada y hasta se puede volver más denso, entonces uno como lector está obligado a tomar una distancia estética, empieza a pensar en lo que está leyendo en vez de dejarse llevar por una experiencia mas emotiva. Eso se podía traducir muy bien en la pantalla partida, al tener dos imágenes uno se ve distanciado emocionalmente y empieza a pesar en las diferencias entre una y otra y a tomar una distancia intelectual. Si podíamos manejar eso (que maneja la obra de Saer), eso de por momentos ponerse a pensar y luego entrar de nuevo en esa emocionalidad más misteriosa y humana de los personajes, podía ser muy potente y muy fiel a lo que me pasaba con la obra de Saer.

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