Okja (estreno por Netflix)

Año: 2017
Origen: Estados Unidos, Corea del Sur
Dirección: Bong Joon-ho
Guion: Bong Joon-ho, Jon Ronson
Intérpretes: Tilda Swinton, Paul Dano, Ahn Seo-hyun, Jake Gyllenhaal
Música: Jaeil Jung
Fotografía: Darius Khondji
Edición: Yang Jin-mo
Duración: 120 Minutos

por Santiago Armas

Criaturas celestiales. Cada nueva película del director surcoreano Bong Joon-ho es motivo de celebración y altas expectativas para todo cinéfilo. Fiel al estilo que caracterizó al cine de su país durante las últimas décadas, en las que se destacan grandes directores como Park Chan Wook y Hong Sang Soo, entre muchos otros, el estilo de Bong es el del eclecticismo total: sus obras trabajan dentro de un género específico para luego deformarlo en una variedad de tonos que pasan de lo cómico a lo trágico en cuestión de segundos, sin por eso perder el control de la historia que se está contando. Por eso, las expectativas ante esta colaboración del director con Netflix generaban mucha anticipación, además de la polémica generada por esta nueva corriente del servicio de streaming de estrenar películas en formatos hogareños antes de pasar por las salas de cine. No es el propósito acá detenerse mucho a analizar si esto significa la muerte de las salas de cine como las conocemos, solo diré que si este tipo de exhibición logra que la obra de directores como Bong llegue a una mayor cantidad de audiencia, bienvenido sea.

Habiendo dicho esto, ¿es Okja otra maravilla de este brillante realizador? La historia de una niña llamada Mijo que vive en un bosque en las afueras de Seúl y su amistad con un cerdo gigante (la Okja del título), creado genéticamente por una empresa alimenticia norteamericana (liderada por una Tilda Swinton en modo grotesco) para luego matarlo y venderlo como alimento, y los esfuerzos de Mijo para rescatarlo, parecían ser ingredientes ideales para otro plato fuerte del director. Sin embargo, si bien estamos ante una película sólida que combina elementos del cine de Steven Spielberg (la inocencia infantil enfrentada a los intereses adultos de las corporaciones) con muchos otros del gran Hayao Miyazaki, como el contraste de la belleza de la naturaleza frente al avance capitalista y la mirada oriental sobre el occidente, Ojka no termina de convertirse en la gran película que podría haber sido. Esa mezcla de géneros y tonos que tan bien caracterizan al director aquí no terminan de cerrar, sobre todo cuando la historia busca convertirse en una sátira ridiculizando no solo a los miembros de la corporación que quiere apropiarse del animal (a la mencionada Swinton se suma un Jake Gyllenhaal demasiado caricaturizado y exagerado como anfitrión de shows de animales), sino también a la organización tipo Greenpeace que busca liberarlo, con Paul Dano a la cabeza. El terreno en el que mejor se mueve la película es el de la relación de la pequeña Mijo con Okja y en sus aventuras cuando intentan reencontrarse. En este sentido, el punto más alto del film se encuentra en una persecución que se inicia en las autopistas de Seúl y finaliza en un shopping, en donde se nota la mano maestra del director a la hora de componer una escena de acción emocionante que no descuida sus aspectos dramáticos y narrativos. Si todo el resto de Okja tuviera el ingenio y la astucia de esa secuencia, habríamos hablado de otra obra maestra de Bong Joon-ho, pero el resultado final es una película interesante y despareja, muy valiosa, pero menor, viniendo de un director acostumbrado a sorprender y maravillarnos todo el tiempo.

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