Sobre el regreso de “Twin Peaks”, de David Lynch

por Aníbal Perotti

La serie original nos dejó una huella con imágenes y sensaciones profusas: las lágrimas de Andy, la campera de cuero de James o el sabor del café que tomaba el agente Cooper. Un cuarto de siglo más tarde, David Lynch ofrece los primeros cuatro episodios de una tercera temporada excepcional. La nueva era de Twin Peaks es un viaje cósmico extraño y delirante, de una riqueza formal y temática sorprendente. Con innovaciones visuales y detalles exuberantes, el cineasta renueva y enriquece un universo que ya era complejo y demuestra que su genialidad permanece intacta. Cada capítulo tiene su propio tono: la mezcla perfecta entre televisión y cine, cultura pop y abstracción, nostalgia y vanguardia.

Desde los primeros minutos del primer episodio, podemos reconocer imágenes que guardamos en nuestra memoria: las franjas zigzagueantes del piso de la habitación roja, el rostro de Cooper frente a Laura Palmer o las inquietantes cortinas rojo sangre. Estamos entre dos mundos y dos tiempos. “¿Es el futuro o el pasado?”, pregunta el enigmático hombre manco. El envejecimiento de los actores convierte a los hombres y las mujeres en sus propios espectros. Cada vez que aparece un personaje, debemos atravesar un momento de perplejidad antes de comprender que nos resulta familiar: un encuadre mental y visual se impone para poder aceptar la realidad.

David Lynch sigue creando nuevas imágenes cautivantes y nuevos laberintos que encuentran el complemento ideal en un extraordinario Kyle MacLachlan en la cima de su actuación. Las escenas del “Cooper bueno” desorientado en el casino y en su casa son pequeñas maravillas desopilantes de un universo compartido entre el actor y el cineasta. Lynch impone su propio ritmo, navega en contra de la corriente con un relato lleno de misterios y asume el riesgo de que su personaje principal empiece literalmente de cero. El cineasta experimenta con un montaje entrecortado, un diseño sonoro brutal y una narración encriptada, utilizando el desdoblamiento y los cambios temporales que llevó a la perfección en Mulholland Drive. En estos cuatro capítulos volvemos a ver una linterna que ilumina los árboles en medio de la noche o personajes que hablan al revés, pero también aparece una imagen fija de Cooper que se descompone como una muñeca rusa, o una luz blanca cegadora que esconde la cara de Laura Palmer. La nueva Twin Peaks revitaliza la serie original. En la gran escena final del segundo episodio, vemos al grupo Chromatics interpretar “Shadow” en el Bang Bang: el mismo bar donde hace más de veinticinco años Julee Cruise cantaba la conmovedora “The Nightingale”. En un ambiente visual y sonoro mágico, una nueva generación sube al escenario.

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