París era una fiesta (Paris est une fête – Un film en 18 vagues)

Año: 2017
Origen: Francia
Dirección: Sylvain George
Guion: Ruth Abelard
Fotografía: Sylvain George
Edición: Sylvain George
Duración: 88 minutos

por Diego Maté

El carácter fragmentario de París era una fiesta le imprime a la película un notable aire de libertad: cada segmento parece autónomo y puede funcionar por sí solo probando distintos registros visuales y sonoros. El director deja en claro enseguida que no le preocupa la coherencia estilística y que cada fragmento posee un carácter más o menos singular que lo distingue de los demás. El método condiciona directamente la elaboración del tema: la política es algo a lo que la película se acerca erráticamente sin encontrar un abordaje definitivo, tanteando, midiendo las tensiones que se abren entre la cámara y el mundo. La mirada se adapta a los vaivenes del objeto, que podría resumirse como los conflictos en torno a la ocupación de las calles en París durante 2015 y 2016. La forma en que George se acerca a los asentamientos de refugiados y a las manifestaciones estudiantiles tiene algo de rancieriano: todo parece reducirse a las distintas maneras de habitar los espacios públicos y de hacerse visible (y audible). Los fragmentos de los levantamientos, a los que se entra por lo general en medio de fuertes enfrentamientos entre policías y jóvenes, exhiben una potencia poco común gracias al aprovechamiento del sonido: las corridas, los gritos, los disparos y el impacto de objetos contundentes rara vez se escucharon con tanta violencia. El director no disimula su simpatía por los manifestantes: la película recoge especialmente sus consignas, aunque sin contextualizar los reclamos ni comentar las acciones de protesta. En vista a ese fin, George traza contrastes algo maniqueos que le restan efectividad al conjunto: basta con ver en uno de los primeros segmentos cómo se contrapone la precaria subsistencia de los refugiados en la calle con los titulares de diarios en donde se afirma que hubo un incremento de beneficiarios del sistema de salud francés, u otras oposiciones que se hacen entre esas personas abandonadas a su suerte y productos de consumo masivo, como si la miseria de los primeros fuera el resultado necesario de la existencia de los segundos. El programa político que organiza las imágenes se completa recién con las manifestaciones y las proclamas que aluden a la libertad y a una difusa revolución: la película suscribe a un ideario de izquierda que ve el origen de los males ya no en las desigualdades del sistema, sino en el sistema mismo.

Pero no hace falta acordar con esa visión: París era una fiesta se ofrece como un espectáculo sensorial que trasciende el comentario político. El claroscuro exquisito crea un universo aparte en el que se diluye cualquier posible búsqueda realista: la oscuridad recorta a las personas y a las cosas por igual como si las devorara y transformara en motivos abstractos, en masas de luz y movimiento. Algunos de los mejores momentos traslucen un tono casi experimental, como cuando la cámara se arrastra por entre unas plantas y recala en unos girasoles achicharrados, o cuando las manos de un refugiado africano trazan figuras en el aire hasta borrar sus contornos y devenir gestos casi puros, despojados de humanidad. La manifestación nocturna tiene una potencia fílmica sin precedentes: la película acompaña a una multitud de chicos que marchan y cantan a lo largo de una ciudad vacía. La belleza de las imágenes y el estruendo de los clamores terminan enrareciendo la escena hasta casi descontextualizarla e imbuirla de una condición atemporal, como si lo que se viera no fuera esa manifestación de 2016, sino un eco o un fantasma de todas las manifestaciones, un ritual inmemorial que se repite a lo largo de las eras y de los territorios. Es en esos momentos cuando la película de Sylvain George deja ver su cara más interesante, cuando toma algo de distancia de la coyuntura francesa y encuentra en los sucesos registrados un espesor infrecuente que solo el cine pareciera ser capaz de develar.
Publicado en Cinemarama el 24/04/17
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