FICIC 2017 – Sobre la película ganadora: “Jóvenes infelices”, de Thiago Mendonça

Jóvenes infelices o Un hombre que grita no es un oso que baila (Jovens infelizes ou Um homem que grita não é um urso que dança – Brasil – 2016)

Dirección: Thiago B. Mendonça
Guion: Thiago B. Mendonça
Intérpretes: Alex Rocha, Camila Urbano, Cel Oliveira, Clarissa Moser, Leltxu Martinez Ortueta

por Aníbal Perotti

No intenso agora. La programación del FICIC posee un perfil propio que se profundiza en cada edición. El festival se aleja deliberadamente del consenso y evita lo que se ha consagrado como “cine independiente”. Cada año surgen películas asombrosas, cineastas secretos y nuevos autores. La ganadora de esta edición es el ejemplo ideal: una película anómala para un festival singular. En un panorama de cine despolitizado o que solo habla de política cuando se refiere a hechos del pasado, la notable intensidad de Jóvenes infelices resulta una rareza saludable: una película generacional que se sumerge en los conflictos políticos y sociales contemporáneos con una vitalidad demoledora.

Los protagonistas son un colectivo de actores de teatro que asumen el arte como un elemento subversivo y transformador: un grupo de artistas que quiere encontrar formas eficientes de intervención en el mundo exterior mientras vive sus desafíos y dilemas internos. El modelo, que va desde La chinoise de Godard hasta Los Amantes regulares de Garrel, se actualiza con la tensión presente en Brasil. Las participaciones de los actores en verdaderas manifestaciones contra el mundial de fútbol o por la represión de la policía militar en San Pablo son muestras de un cine audaz, urgente y actual.

La película se divide en un prólogo y seis capítulos presentados en orden cronológico inverso: una decisión formal arriesgada que supone comenzar con un acto extremo del grupo y luego buscar la empatía con los personajes. El rechazo a la identificación sentimental del espectador se potencia con la artificialidad de las posturas, el decorado teatral y las miradas a cámara. Algunos segmentos fluyen mejor que otros, como es natural en un relato fragmentado. La narración asume su carácter episódico manteniendo la coherencia del conjunto. Los personajes debaten sobre las posibilidades de acción política: el predominio de las declaraciones sobre la acción se traduce en la película como tensión entre imagen y sonido. Jóvenes infelices se agita entre la creencia y la duda, con las contradicciones internas del grupo, con las provocativas performances de acción directa en la ciudad y con el placer sexual como última resistencia.

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