Bafici 2017 – Un secreto en la caja

Un secreto en la caja (Ecuador – 2016)
Competencia Latinoamericana

Dirección: Javier Izquierdo
Guion: Javier Izquierdo, Jorge Izquierdo
Intérpretes: Alfredo Espinosa, Michael Thomas, Ángel Gavilánez, Yolanda Acosta, Antonio Ordóñez

por Francisco Noriega

Un secreto en la caja cuenta la historia de Marcelo Chiriboga, un escritor ecuatoriano que formó parte del boom latinoamericano y cuya propia existencia fue una incógnita para todo el mundo. Eventualmente, Chiriboga concedió una entrevista, la única, en Madrid, que dio cuenta real de su existencia. Pero Marcelo Chiriboga no existe. El personaje, en realidad, es un invento de los escritores José Donoso y Carlos Fuentes como una especie de regalo para Ecuador, que no había dado ningún escritor al boom.

Javier Izquierdo decide contar, a través de la obra de Marcelo Chiriboga, la historia reciente de Ecuador. Al menos, hasta cierto punto. El documental juega constantemente con lo que es real (o, al menos, con lo que sucedió en la vida real) y con lo que no. La obra de Chiriboga es constantemente atravesada por los conflictos políticos y sociales que marcaron a Ecuador en el siglo XX y, a su vez, la historia política y social de Ecuador fue afectada –aunque en menor medida– por la propia obra del escritor. En este punto la cosa se pone más ambigua y, sumado a mi ignorancia casi absoluta con respecto a la historia de ese país (tengo que confesarlo), el desarrollo del documental está lleno de sorpresas e incertidumbres (además de humor).

El director plantea con la película una crítica concreta a su tierra natal, eso es indudable y, por momentos, bastante explícita (el periodista mexicano diciendo, entre risas: “Parece que los ecuatorianos no tienen memoria”). Pero esa crítica está llevada con un dominio absoluto del código que maneja la película. La obra paradigmática de Chiriboga, según se cuenta, es La línea imaginaria. Esa línea refiere al límite político entre Perú y Ecuador determinado a partir del Protocolo de Río de Janeiro de 1942, pero también puede remitir a la frontera que divide la ficción de la realidad. La mezcla entre los eventos reales y los inventados es muy precisa y la línea que los divide, durante buena parte del documental, es difusa. El misterio de Chiriboga, incluso si sabemos que no existe, es (como en todo relato bien estructurado) atrapante. A medida que la trama avanza y vemos cómo Chiriboga empieza a acumular cada vez más lugares comunes, convirtiéndolo casi en el paradigma del escritor latinoamericano del boom y evidenciando su construcción, el dispositivo comienza a transparentarse. El trucaje en el material de archivo de Chiriboga es cada vez más evidente y la historia de Ecuador que corre en paralelo es cada vez más disparatada. Resulta lógico, entonces, que la historia termine con la conciencia casi explícita de que Chiriboga no existe y que, al mismo tiempo, también deje de existir Ecuador, que en el 1995 que plantea la película fue conquistado en su totalidad por Perú.

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