Entrevista a Moroco Colman, director de “Fin de semana”

Se acaba de estrenar Fin de semana, después de su paso por la Competencia Argentina del Bafici. Acá pueden leer una entrevista a su director.

por Diego Maté

¿Cómo surgió la idea de la película?

En el 2009 filmé un corto que se estrenó en San Sebastián. Ahí trabajé mucho desde el emplazamiento del lugar. Yo vengo de la arquitectura, entonces lo que es el espacio, como lugar, como locación, más todo el contexto (lago, montaña, playa, la casa de piedra, la vegetación), todo eso tenía algo muy fuerte a nivel de atmósfera. El corto lo construí así: a partir del lugar, armé los personajes. Cuando empecé a escribir el largo cambié toda la historia, el corto me sirvió como un punto de arranque. En ese momento se murió mi padre, tuve un conflicto familiar y ahí surgió el tema, que era lo que más importaba. Me tocó tener que reconstruir vínculos con la familia y con amigos.  La película trata de eso. De ahí en más la historia se me vino, yo no la busqué. En el proceso, la historia va creciendo, va cambiando y hay que reescribir. Me pasó buscando a las actrices: fue complejo por las escenas que requería la película. Cuando conocí a María Ucedo y Sofi Lanaro, se me ocurrieron más ideas para el guion y escribí un poco para ellas. Yo buscaba personajes muy fuertes, con sex appeal: cómo se veían ante el sexo estas mujeres. Me pareció interesante llevar la historia hacia ellas y no al revés.

En ese llevar la película hacia los personajes que decís, hay un juego con el hecho de no explicitar el vínculo entre las dos protagonistas, como si el guion elaborara un misterio en torno a la relación que esos dos personajes comparten.

Sí, los vínculos no están claros, lo trabajé de esa manera. Quería que el espectador, según su experiencia, cerrara la película. Hay muchas cosas que no están dichas. Esta mujer (se refiere al personaje de Ucedo): ¿de dónde viene? ¿Qué ocurrió en el pasado? ¿Por qué hay esa ruptura entre las dos? ¿Qué es ella de Martina (Lanaro)? Después de haber hablado mucho con el público, hay como dos grandes corrientes: algunos creen que son hermanas, otros que son madre e hija. Y otros, que son menos, dicen que son amigas, y también que María Ucedo podría ser la tía. A su vez, los que piensan que son hermanas me dicen que para ellos el vínculo madre e hija no sería creíble, por eso piensan que son hermanas. Y viceversa. Cada uno arma la película de manera distinta. No quería subrayar ni cerrar nada. Por ejemplo: también hay gente que me dice que hay violencia de género, otros me dicen que no. Eso también quise que fuera ambiguo. No quise que hubiera una historia donde un chico le pega a la chica: cliché, violencia de género. A la chica le gusta que le peguen y ellos dos encuentran ese lugar que los une. Son todos lugares donde yo quería trabajar dejando puertas abiertas. También es una herramienta narrativa, al espectador lo tenés más agarrado si lo hacés pensar en el parentesco de esas dos mujeres. En un momento pensé en resolver eso desde el montaje, pero me pareció más interesante que la gente salga de la sala y siga pensando la película.

Es raro ese comentario que mencionás sobre la violencia de género, porque pareciera evidente que la película deja bien en claro que la violencia entre ellos dos (Martina y Diego –Lisandro Rodríguez–) es algo que surge de mutuo acuerdo, un tipo de vínculo que comparten. La película no pareciera juzgarlos ni invitar a que se los juzgue. Seguramente sabías perfectamente que esas escenas de sexo, justo en este momento, iban a romper con cierta corrección política imperante. También rompe con el cine argentino en general, donde salvo algunos pocos casos, se tiende a no mostrar el sexo y, cuando se lo muestra, siempre es algo muy rutinario: él arriba de ella, ella arriba de él, plano fugaz de sexo oral, de lejos, y ahí terminó todo, como si el sexo fuera un lugar de paso. En cambio, en tu película el sexo es algo a lo que los personajes vuelven y donde se quedan. Incluso, en relación con el tema del duelo, es como si la película estuviera rechazando ciertos lugares comunes de la psicología acerca del proceso interior de los personajes, donde siempre se va de A a B, como si la pérdida se procesara físicamente, por ejemplo, yendo a un pub de noche, solo, a ver qué pasa, o buscando a alguien para acostarse.

Sí, de alguna manera no quería caer en un cliché: “la mujer deprimida en la cama”. Un duelo cada uno lo procesa de diferentes maneras. A mí me pasó con mi padre. Y estas mujeres son las dos muy físicas, muy potentes, entonces disparan para ese lado. A la vez, la película plantea dos personajes muy desvinculados, con mucho roce entre sí, en donde empiezan a aparecer lugares en común, aunque parezcan muy distintas: desde lo sexual, desde lo físico, ese sex appeal. Y sí, en este momento está en todos lados la cuestión de la violencia de género: pero cuando yo empecé a escribir el guion, varios años atrás, no estaba todo tan así, no lo tuve en cuenta. Traté de escribir personajes y de ser fiel a ellos, a lo que harían. Y Martina tiene esa cuestión con la violencia que le gusta. Quería mostrarlos desde otro lugar y no ser políticamente correcto. Contarlo de una manera más ambigua, también. No estuve pensando si la película salía en este momento, cuando la violencia de género está en todos lados, en los medios, parece que alcanzara un pico. Es un tema delicado y hay que ver cómo lo toma el público. Y en relación a lo que decías de cómo se filma el sexo en el cine argentino, yo quería filmar a los personajes de la manera en que venía filmando la película, que tiene una diagramación: hay muchos primeros planos. Entonces digo: si vengo filmando todo de esta forma, muy cerca de los personajes, en el momento del sexo quiero filmar igual, no quiero evadir ni acentuar nada. Eso para mí es respetar a los personajes y lo que estoy contando. Por qué no voy a mostrar algo que es parte de la historia y de ellas dos. Porque hay otra cosa (y acá me voy un poco de la pregunta, pero es importante). Yo veo mucho cine de autor. Y veo muchas películas argentinas, que son argentinas, pero como europeizadas, digamos. Formateadas para algún fondo internacional, para extranjeros que buscan cosas de Latinoamérica, cosas más exóticas para ellos, como la pobreza, las clases sociales. Entonces terminan siendo películas formateadas para festivales o para esos fondos. Con personajes que no hablan: mucho silencio, todo muy lento. Amo películas así también, pero me propuse respetar a los personajes: no puedo poner acá un personaje que no hable y en silencio, si el argentino lo que más hace es hablar. Los personajes de la película son fuertes: cuando tienen que hablar, hablan.

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