Bafici 2017 – Porto

Porto (Portugal, Estados Unidos, Francia, Polonia – 2016)
Competencia Internacional

Dirección: Gabe Klinger
Guion: Larry Gross, Gabe Klinger
Intérpretes:Anton Yelchin, Lucie Lucas, Françoise Lebrun, Paulo Calatré

If I could save time in a bottle
The first thing that I’d like to do
Is to save every day
‘Til eternity passes away
Just to spend them with you

por Emiliano A. Cappiello

Yo no sé qué me han hecho tus ojos. Porto, de Gabe Klinger, se estructura como una memoria. El amor de Jake (Anton Yelchin, en una de sus últimas películas) y Mati (la fascinante Lucie Lucas) es relatado en tres partes, primero desde los recuerdos de los dos amantes y finalmente desde una narración lineal. Alternando registros y tiempos, vagando por la hermosa ciudad del título, la progresión de sucesos es cambiante y caprichosa, como un sueño recurrente o el recuerdo de un trauma. Algunos eventos y diálogos se repiten, pero no en un juego sobre las trampas de la memoria, sino como parte de la idea central sobre las huellas inescapables que dejan algunas vivencias.

El romance de Porto es un romance cerrado que existe solo en el pasado. Mati y Jake, en lo que suponemos es años más tarde (él está canoso y consumido, ella tiene una hija ya grandecita), reviven constantemente el recuerdo de esa única noche juntos. Los lugares y objetos de la ciudad son cicatrices de un amor cuya brevedad pierde relevancia ante la potencia de los sentimientos. Ambos son criaturas frágiles: Mati admite haber estado “loca de la cabeza por un tiempo”, Jake parece no tener objetivo en la vida. En el futuro (o presente) uno vaga por la ciudad y es echado de bares mientras la otra se pregunta si alguna vez volverá a encontrar algo que se sienta nuevo. Ninguno puede superar ese recuerdo ni entenderlo.

El amor entre ambos es la máxima expresión del amor romántico; mientras sucede, ellos mismos se preguntan qué es lo que les está pasando, cómo llegaron ahí. Idealizan el amor, pero en tanto reconocen la idealización como proceso. No hay una relación que se forme, ni naturalmente ni bajo las reglas del cine clásico. Simplemente se ven, quedan flechados y luego tratan de explicar qué les sucede. Tan rápido como comienza, todo se termina: ella se distancia, él se violenta, y eso fue todo. Pero los años pasan y ninguno puede dejar de pensar en esa noche. Ese paso del tiempo es la clave de Porto. En esa dualidad está el sabor agridulce de la película, entre el goce de un momento maravilloso y la conciencia de su existencia atrapada en el pasado, el dolor de conocer que hay sentimientos y sensaciones únicas que nunca volverán.

Porto es una película que seduce por la belleza de sus imágenes y que enamora por la potencia de sus sentimientos sobre aquello tan ineludible como imposible de olvidar; una oda al amor trascendental.

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