Sobre “Novum”, lo último de Procol Harum

Intérprete: Procol Harum
Disco: Novum
Fecha de edición: 21 de abril
Sello: Eagle Rock Entertainment
Músicos: Gary Brooker (voz, piano, acordeón), Geoff Whitehorn (guitarra), Matt Pegg (bajo), Josh Phillips (teclados), Geoff Dunn (batería)

por Patricio Durán

Más allá de estas cosas nuevas. Pasaron cincuenta años desde aquel verano del amor cuando “A Whiter Shade of Pale”, el primer single de Procol Harum, apareció en el mundo. La canción que se volvió más famosa que la banda. Van algunos datos: es uno de los pocos singles que vendió más de diez millones de copias (hasta superó a sus canciones contemporáneas de Los Beatles), llegó al primer puesto de los rankings en el Reino Unido y en otros países, es uno de los temas con más covers (más de mil versiones que incluyen las de Peter Gabriel, Annie Lennox, Joe Cocker, Percy Sledge y hasta Charly García) y apareció como banda de sonido en varias películas: Purple Haze, The Commitments, New York Stories, The Big Chill o The Boat That Rocked. Todo eso y más logró la primera canción de la banda. Después fueron diez años y diez discos de intentar y no conquistar nada remotamente similar a aquel éxito hasta que finalmente se separaron en 1977. Para conmemorar los cincuenta años de “A Whiter Shade of Pale”, decidieron hacer un disco nuevo. Quizás apelando a ese lema que se volvió canción, “One Eye to the Future”, la banda consideró necesario celebrar con material actual.

Novum significa “cosa nueva”, viene del latín y es una expresión usada en la ciencia ficción para describir los adelantos tecnológicos probables en este género. También es el nombre del nuevo disco de Procol Harum (el nombre de la banda, también del latín, aunque mal escrito, significa “más allá de estas cosas”). El primer trabajo en catorce años, el tercero desde su vuelta en 1991, pero sobre todo parece ser el último de su discografía. Más si tenemos en cuenta los casi setenta y dos años de Gary Broker (cantante, pianista, compositor y único miembro original de la banda) y lo poco frecuente de sus últimas entregas en estudio. Hay tanto en este disco que se siente como una despedida, como un círculo que se cierra, que cuesta creer que Procol Harum vuelva a grabar algo otra vez. Vemos la tapa y reconocemos a la misma chica de la portada de su primer álbum, esa con su blanca palidez. En este caso, en vez de estar en un jardín, se funde con instrumentos, aves y frutas exóticas, el reloj despertador con patas de sapo, todas referencias a discos del pasado. También vemos la misma tipografía que en su debut. Por primera vez Procol Harum repite el logo de su nombre.

Este Procol Harum modelo 2017 es el que armó Gary Brooker para salir a tocar. A pesar de que no quedan miembros originales (salvo Brooker, claro), ya llevan juntos más de una década (el baterista Geoff Dunn, que fue el último en unirse, llegó en el 2006), así que tuvieron un entrenamiento más que suficiente y se nota en lo afilados que suenan en el disco. Es un grupo veterano aunque este sea su primer trabajo con la nueva formación. Y suenan como Procol Harum, comandados, como en cualquier alineación de la banda, por el piano y la voz de Brooker. En Novum aparecen los potentes rocks bluseros como “I Told on You”, “Image of the Beast” o “Can’t Say That”, este último con un tramo final demoledor, a puro rock, con los instrumentos turnándose para su solo. Pero sobre todo el disco está cargado de baladas reflexivas. Si “A Whiter Shade of Pale” se basó en un tema de Bach, para “Sunday Morning” eligieron otro hit barroco que seguramente lideró todos los rankings de 1600 y pico: se pueden escuchar dejos del Canon en re mayor de Pachelbel que, junto con el clavicordio, le dan el aire barroco tan esencial de Procol Harum. El corte de difusión fue “Don’t Get Caught”, que en este caso captura el espíritu del Gary Brooker más actual, el adulto de sus discos en solitario o del regreso de Procol Harum, el que no puede escapar a cierto sonido empalagoso, propio del AOR ochentoso, pero que de todas maneras sale adelante con una linda canción. La sorpresa del disco es “Neighbour”, el único tema que recupera algo de la psicodelia de los sesenta, que comienza con una guitarra acústica (poco común para Procol Harum), luego entra un acordeón con aires correntinos tocado por Gary Brooker y más adelante hay unos arreglos de voces dignos de Sparks o Queen y hasta la intromisión de una melodía circense.

La otra sorpresa del disco es que Keith Reid, el letrista histórico de Procol Harum, no participa de la composición de las canciones. Por primera vez no es parte de un disco de Procol Harum, por primera vez se disuelve una sociedad solo comparable a la de Elton John y Bernie Taupin. Pete Brown, otro de los poetas del rock (que trabajó con Cream y Jack Bruce), es el encargado de escribir todas las letras del álbum. Todas menos la última, “Somewhen”, letra y música de Gary Brooker, sin la banda que lo acompañe, solo él con su piano y su voz le dedica a su esposa una emotiva balada. Y mientras se desvanece el último acorde se escucha, como en un viejo grabador, el sonido de la tecla de stop. Así termina el disco. Cuesta imaginar que una despedida tan perfecta no sea una despedida definitiva.

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