Sobre el INCAA: Cuatro propuestas

por Aníbal Perotti

Paisaje después de la batalla. La burda puesta en escena televisiva con la que se planteó la denuncia por corrupción al presidente del INCAA dejó en evidencia que los motivos reales para apartarlo de su cargo son otros. La sospecha de una posible intervención puso en alerta a la comunidad audiovisual: productores, directores, actores, estudiantes y críticos de cine con posiciones políticas encontradas se unieron en una asamblea abierta en el Cine Gaumont: una convocatoria inédita que debatió y resolvió por unanimidad una serie de puntos en común. Personalmente, creo que por momentos se confunde a la “industria” cinematográfica con la cultura, pero ahora es el momento de defender la ley de cine, el fondo de fomento y la autarquía del INCAA. Superada esta instancia, debemos aprovechar esta crisis para debatir una política cultural que tienda a que más público acceda a una cantidad mayor de películas.

Los subsidios deben servir prioritariamente a objetivos culturales. Si se tratase sólo de mejorar las condiciones económicas de los fabricantes (productores), de los intermediarios (distribuidores) y de los comerciantes (exhibidores), el INCAA debería depender del ministerio de economía. La ideología reinante nos hace creer que la prosperidad económica del sector asegura la vitalidad cultural, cuando hay sobrados ejemplos en contrario con la participación activa de los canales de televisión en varios países de Europa. El centro de los objetivos de la acción pública no debe estar al servicio de las empresas del sector, sino de las propuestas artísticas que allí se desarrollan.

1. Uno de los puntos del documento consensuado en el Gaumont pide abrir el debate sobre el plan de fomento actual para lograr en el futuro un plan inclusivo y democrático que contemple a todas las producciones. Creo que este punto es central. Los comités actuales establecen requisitos que privilegian los intereses corporativos, limitando el acceso a nuevos directores y a propuestas de mayor riesgo artístico. La necesidad de un “guion cinematográfico sólido” provoca una estandarización de los proyectos, limitando las nuevas búsquedas temáticas y formales.

2. El estreno de ciertas películas en más de 200 salas hace ilusoria toda política cultural eficaz. Saturando las pantallas y monopolizando la atención de los medios masivos de comunicación, imponen un sistema de alta rotación para la totalidad del mercado, incluyendo a películas que, no gozando de medios de promoción, necesitan de la permanencia en cartel para encontrar su público. Incluso marcan la estrategia de lanzamiento de las distribuidoras independientes, obligándolas a postergar continuamente el estreno de los títulos pequeños por la falta de pantallas. Limitar estos excesos es indispensable y debe ser una prioridad, aunque no creo que deba hacerse de manera coercitiva (algo que en general no ha funcionado y que traería reacciones más grandes aún de los defensores del “gusto popular” y las leyes de mercado) sino más bien con una política activa que grave progresivamente las salidas con más de 50 copias y de ayuda económica a exhibidores y distribuidores que apoyen proyectos de riesgo artístico.

3. En nuestro país se ha legislado muy poco para hacer frente a esta situación y sólo en favor de “todo” el cine argentino con la enmienda a la ley de cuota de pantalla y permanencia. Es imperativo que exista la voluntad política para fomentar un circuito de salas de cine alternativo y apoyar la distribución independiente. Debe haber un fondo de ayuda económica para que el “otro cine” encuentre posibilidades de difusión. Un apoyo selectivo que incluya a todas las películas que, independientemente de su origen, sean reconocidas por sus valores artísticos. Un compromiso firme para darle espacio a la innovación, al nacimiento de proyectos singulares y favorecer la multiplicidad de iniciativas artísticas inéditas. Un trabajo sistemático en la formación del gusto del público como parte indisociable de los futuros buenos resultados de la actividad cinematográfica en el país. Es necesario que exista una ayuda para las salas de cine que programen este tipo de películas y cumplan ciertos requisitos como sostenerlas en cartel con una media de público menor a la habitual. Como contrapartida, las salas deberían tener un precio máximo para sus localidades a fin de que la diversidad de propuestas pueda ser accesible para la mayoría.

4. Se debe establecer una política integradora que contemple todas las prácticas que construyen, enriquecen y profundizan las relaciones entre las películas y los espectadores. Estas propuestas deben formar parte de una política educativa y cultural a largo plazo que apunte a sostener en forma constante los lazos entre el presente del cine y su historia, ya que el conocimiento de las grandes películas de cada época y de todos los países es un resorte decisivo en la relación estética con cine contemporáneo. En este sentido es necesario apoyar activamente los programas de rescate y preservación del patrimonio audiovisual. Uno de los grandes logros de la gestión del ahora ex director del INCAA fue la creación de la Cinemateca Argentina en un predio que perteneció a Cinecolor en Olivos. Y es justamente uno de los puntos que se mencionó como foco de corrupción en la ridícula denuncia televisiva, que más allá de la falta de ética periodística pone en evidencia otras intenciones.   

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