Bafici 2017 – Recomendaciones del programador David Obarrio


por David Obarrio

Hay un placer del programador que puede adivinarse con cierta facilidad: encontrar una película rara, esquiva, imposible; una película cuyo estatuto de extrañeza esté dado por su carácter inesperado, el de esa clase de objetos poco lustrosos, más bien tímidos en apariencia, que no aspiran probablemente a ser admirados y apreciados como obras de arte terminadas, como criaturas altivas dispuestas a asaltar los sentidos del espectador. ¿Qué hacen, entonces, esas películas? Están ahí, emiten una fosforescencia intermitente a la que hay que dedicar dos, tres miradas para constatar su existencia; rumian una satisfacción inmediata propia de los supervivientes; acaso esperan, con una paciencia que está determinada en parte por su naturaleza poco escandalosa, poder tocar un nervio secreto del espectador, convertir a ese espectador en un cómplice para que una porción ínfima del mundo pueda ser compartida: sin peticiones de principios sumarias, pero también sin contemplaciones. El programador, cada tanto, se ve sorprendido con cosas parecidas a esas. La fórmula “películas que justifican un festival” suena grandiosa, incluso consistente, pero también tiene un aire gastado, un poco pomposo, que hace pensar inmediatamente en las cosas imprescindibles. Por el contrario, considero que hay una especie de belleza espléndida en un grupo de películas a las que no se les pide nada, que no reclaman nada tampoco y que además no están obligadas más que a responder por sí mismas. Aquí van algunas de esas películas, entonces, no todas necesariamente raras. Solo películas pequeñas, poderosas a su modo, de las que palpitan sin extorsionar al espectador haciéndole sentir que un festival entero depende de ellas. Porque un festival se hace con las películas ejemplares, las que lo justifican, las que marcan una tendencia posible del cine del momento, esas que “no pueden faltar”, y también con las otras: las discretas, las inesperadas, las que nos engañan dando la impresión de que “no dicen mucho”, pero ofrecen a cambio una sensibilidad atemporal que podemos hacer propia, como si por un instante que vale oro nos hablaran solamente a nosotros.

Dhogs (Andrés Goteira)

Zoology (Ivan Tdverdovsky)

Bliss (Christos Pitharas)

Las malcogidas (Denisse Arancibia)

María y los demás (Nely Reguera)

Never Eat Alone (Sofia Bohdanowicz)

Win by Fall (Anna Koch)

Arábia (Affonso Uchoa, Joao Dumans)

Demonios tus ojos (Pedro Aguilera)

Pays (Chloé Robichaud)

Lilith`s Awakening (Monica Demes)

 

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