La llegada (Arrival)

La llegada (Arrival) - c i n e m a r a m aAño: 2016
Origen: Estados Unidos
Dirección: Denis Villeneuve
Guion: Eric Heisserer
Intérpretes: Amy Adams, Jeremy Renner, Forest Whitaker, Michael Stuhlbarg
Fotografía: Bradford Young
Música: Jóhann Jóhannsson
Edición: Joe Walker
Duración: 116 minutos

por Diego Maté

Hay directores que no confían demasiado en los mundos que crean y entonces diseñan los relatos con el fin de balancear la debilidad de la ficción. El caso más obvio es el de Christopher Nolan, especialista en filmar películas que funcionan en verdad como juguetes narrativos. A Denis Villeneuve le pasa algo similar. La llegada es un caso singular: la película presenta un universo robusto, con buenos personajes y un conflicto cautivante que el relato se encarga de anular para poner de relieve un giro narrativo, una simple vuelta de tuerca. Un prólogo de aires malickianos deja lugar a la historia de Louise e Ian, una lingüista y un físico que deben hacer contacto con los habitantes de una nave espacial y encontrar una manera de comunicarse con ellos. Es de temer que los dos funcionen como alegorías epistemológicas, ciencias humanísticas versus ciencias duras, pero el guion los provee con el suficiente espesor como para existir más allá de ese contraste. La primera mitad confirma que Denis Villeneuve puede llegar a filmar con gran belleza y lo descubre como un observador atento a la materialidad de la historia: la película dedica un enorme cuidado a mostrar cada momento de la empresa, tanto los largos preparativos, como la primera entrada en la nave y la investigación posterior. El director representa de manera inédita a los alienígenas y su tecnología: nada de superficies brillosas o de pasillos putrefactos y pegajosos, la nave ovalada es más bien rústica, sin detalles destacables, minimalista, de un gris homogéneo y regular que suma algo de verosimilitud al artefacto. La película se demora en presentar a los visitantes extraterrestres y el primer contacto resulta impresionante, produce una mezcla de repulsión y terror con curiosidad. Todo parece marchar bien, hasta que el desciframiento del lenguaje alienígena conduce a explicaciones rimbombantes acerca del lenguaje y sus efectos sobre el pensamiento, las diferencias entre secuencialidad y simultaneidad, etc. En rigor, Louise no había dicho nada muy brillante sobre el tema hasta el momento, pero lo que sigue a partir de ahí se vuelve un rejunte de lugares comunes pretendidamente complejos sobre las palabras y la cognición. Ya en el 69, en Matadero cinco, Kurt Vonnegut juega con la posibilidad de entender el tiempo como un todo continuo que puede recorrerse a voluntad (también hay extraterrestres), y lo hace con gracia e ironía, sin tomarse demasiado en serio a sí mismo. Con ese montón de afirmaciones pomposas, La llegada presenta como disruptiva una idea de hace casi cincuenta años, y ya se anuncia torpemente lo que cerca del final será el golpe de efecto, la información que le dé un nuevo sentido a todo lo visto hasta el momento. Es curioso que la película se construya toda sobre este mecanismo: pareciera que al director no le alcanzara la historia, la relación de los protagonistas, el misterio extraterrestre, las tensiones internacionales o Amy Adams (incluso el sistema de notación extraterrestre que inventa la película es interesante), y necesitara transformar ese mundo en poco más que un insumo para la pirueta narrativa final. La llegada es de esas películas que invita a su público a salir de la sala comentando temas importantes, serios (oh, el lenguaje y la percepción) o elogiando minucias de la ingeniería narrativa. Villeneuve desecha la película que había construido laboriosamente durante casi una hora solo para poder explotar un recurso narrativo  y sorprender al espectador. Destino menor para una película que prometía leer desde un lugar nuevo y con inteligencia el viejo tema del encuentro entre el hombre y otras formas de vida.

La llegada (Arrival) - c i n e m a r a m a

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4 comentarios

  1. Fede

    Excelente nota. Me aporta una nueva visión, aunque no creo estar de acuerdo con el punto central. No me pareció que tuviese una pirueta narrativa al final (aunque a mí me gusten esas cosas, y me gusten en Nolan). No creo ser diferente a nadie, pero vi la película una vez, sin conocer la trama, y yo pude oler ese desenlace desde los primeros momentos. Digo, no creo que tenga la pirueta, me pareció bastante explícito todo desde el prólogo.

    febrero 24, 2017 en 10:36 pm

    • Gracias, Fede,

      Es cierto lo que decís: la película en parte sugiere o deja entrever un poco de lo que va a ser la revelación final. Pero eso no cambia el hecho de que el final, incluso habiendo sido sugerido antes, pone el acento en el mecanismo narrativo y lo desvía de la historia y del mundo que la película construye.

      Saludos.

      febrero 26, 2017 en 2:39 pm

  2. Piero

    Lo interesante es que pese a esa sorpresa final, a ese golpe de efecto, la película se sostiene en la segunda o tercera visión. Porque no es sobre el encuentro con otras formas de vida: esa es la cáscara de ciencia-ficción. El fondo es el encuentro con la mente cósmica, o Dios, o la hiperconciencia (aires místicos malickianos), que tiene la gran respuesta, el gran regalo (hay que descifrarlo), y ese regalo Villeneuve lo visualiza en esos minutos finales muy emocionales, angustiosos, de mucho montaje, donde concentra quizás todo el lirismo. Eso no quiere decir que lo anterior fuera un insumo. Todo lo contrario. Uds. entienden que el principio del suspenso es dosificar.

    Es verdad que la película tiene poco humor e ironía, pero también convengamos que sus temas son importantes y significativos: la memoria, el tiempo y la identidad.

    marzo 14, 2017 en 11:13 pm

    • Hola Piero,

      Pero ese “encuentro con la mente cósmica” que mencionás es una interpretación que la película no sugiere. El encuentro efectivo es con otra especie, y el tema de ese encuentro gira en torno a la forma de comunicarse y a sus efectos en la experiencia (por ejemplo, en la percepción del tiempo). Si la película en algún momento transforma la ciencia-ficción en una cáscara, como vos decís, eso pasa cuando el tema empieza a desbancar al suspenso y a la trama: todo se pone al servicio de esa tesis de ribetes académicos (el lenguaje, la mente, etc.) y se descuida la narración. No volví a verla, aunque adivino que la pericia de Villeneuve para filmar y contar durante la primera mitad hacen que la película no pierda del todo el interés incluso conociendo el giro final. Ahora, eso no cambia que el giro final, como toda vuelta de tuerca, demuestre cierto desprecio por la historia que se venía contando: los personajes y su drama son corridos de la escena y lo que pasa a ocupar el centro son los mecanismos narrativos.

      saludos.

      marzo 14, 2017 en 11:38 pm

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