Dossier Raúl Ruiz – Aquel día

Dossier Raúl Ruiz - Aquel día - c i n e m a r a m aAquel día (Ce jour-là – Suiza – 2003)

Dirección: Raúl Ruiz
Guion: Raúl Ruiz
Intérpretes: Bernard Giraudeau, Elsa Zylberstein, Jean-Luc Bideau, Michel Piccoli

por Aníbal Perotti

El sonido de los sueños. Elsa Zylberstein nunca estuvo tan hermosa, inquietante y bien filmada. Desde las primeras imágenes, el color de sus ojos se funde con el cielo, su rostro parece irradiar la bruma que la rodea. Una actriz frágil en estado de gracia, bajo la mirada de un cineasta libre y obsesivo. Livia es una joven suiza, encantadora y un poco loca, que hereda una fortuna colosal por la muerte de su madre. Pero su malvado padre, en connivencia con los demás miembros de la familia, libera del hospital psiquiátrico a Emil, un diabético psicópata asesino, para que elimine a la doncella. Este planteo extravagante le sirve a Ruiz para mostrar todas las gamas de su talento, manteniendo el hilo de la historia en medio de un jubiloso ballet fúnebre donde reina una locura barroca. El cineasta rescata la belleza en lo trivial, exagera los primeros planos y filma los crímenes como Tex Avery. Aquel día es un deleite humorístico, político y poético, pleno de energía, humor y una extrañeza perturbadora.

Paralelamente a la historia principal, Ruiz sigue los razonamientos de un singular dúo de policías helvéticos que, entre comida y comida, dilatan el momento de comenzar la investigación para encontrar al loco suelto. Sus conversaciones son una admirable colección de lugares comunes del género que no llevan a ninguna parte. Otro notable acierto, visto a la distancia, es el uso absurdo y profético de los teléfonos celulares como accesorios de una modernidad omnipresente, que aportan momentos de gran belleza plástica, como cuando todos los teléfonos de los muertos, cuidadosamente dispuestos por el asesino, emiten la curiosa mezcla de sonidos con la que danzan Emil y Livia.

El extraordinario uso del sonido merece un capítulo aparte. Por momentos, parece que fueran señales de otra película que solo existe fuera de campo. El paisaje brumoso del comienzo es acompañado por un tintineo de campanas a las que responden unos tiros. Hay dos tipos de disparos: algunos parecen más cercanos e identificables, mientras que otros, más distantes, podrían ser confundidos con el ruido de una tormenta. La naturaleza de algunos sonidos refiere a la medida y a la muerte, como el tic tac de los relojes, los disparos y las campanas. El agua y el viento, por el contrario, remiten a otro estado de conciencia, sueño o locura. Pero la frontera no está claramente dibujada y los sonidos se prestan a la ambigüedad. Durante la primera escena de locura de Emil, se mezclan los dos niveles: primero el tic-tac del reloj que lo sigue a lo largo del camino hasta llegar a la casa de Livia. Luego, cuando Emil sufre su primera crisis, al ruido de fondo se le superpone un sonido regular de gotas de agua, que finalmente sustituye al tic tac.  El avión ofrece otro sonido recurrente que sirve tanto para marcar el paso de un espacio a otro, como para tapar un diálogo a lo Godard. Ruiz yuxtapone los motivos, una multiplicidad de fragmentos se asocian con un sistema de ecos y correspondencias que circulan por la película. En un momento mágico, el mundo sonoro y el visual se reúnen y se conectan con las vibraciones de las campanas, el agua, el avión: el sonido de los sueños.

Dossier Raúl Ruiz - Aquel día - c i n e m a r a m a

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