Bafici 2016 – Entrevista a Nico Casavecchia, director de “Finding Sofia”

Bafici 2016 - Entrevista a Nico Casavecchia, director de "Finding Sofia" - c i n e m a r a m a

Finding Sofia se estrena en el Bafici dentro de la Competencia Argentina

por Diego Maté

¿Cómo surgió la idea de la película?

La película empezó con la idea de este personaje, Alex, que conflictuado con su vida hace un viaje para buscar una realidad más “auténtica”, y se da cuenta de que, observados de cerca, esos paraísos no existen. Siempre hubo un viaje en el guion y la decisión de intentar integrarse a una realidad totalmente ajena. Con las reescrituras, Alex terminó viajando a Argentina y más específicamente a Tigre, el obstáculo perfecto para un yankee urbano hiperconectado como él. ¡Material de comedia!

¿Cómo fue el rodaje? ¿Te parece sostenible en el tiempo del modelo de coproducción independiente con el que se hizo Finding Sofia?

El rodaje de una película como Finding Sofia, con un micropresupuesto, inferior a una opera prima del INCAA, y sin ninguna ayuda de este tipo, es siempre un desafío enorme. La primera limitación es el tiempo y la obligación de que cada persona del equipo debe asumir muchos roles. Yo mismo hice las animaciones, muchas cosas de la posproducción y producción del film.

La sostenibilidad es una pregunta clave. Por un lado, la falta de presupuesto da una libertad enorme y agilidad de hacer posible la película sin pasar años buscando la financiación adecuada. Por otro, se queman muchos puentes pidiendo favores. En particular la posproducción se estiró bastante por la falta de recursos; al final del día, el cine independiente solo es posible cuando un grupo de amigos se junta por amor al proyecto: tuve mucha suerte de contar con tanta gente que me ayudara.

¿Cómo planificaste las escenas (que funcionan a la manera de separadores) en las que el protagonista “comenta” la historia y su punto de vista desde la voz en off, con recursos de la animación y del documental didáctico?

En la película Alex no tiene muchas oportunidades de expresar su punto de vista, está constantemente tironeado por las vicisitudes que van surgiendo con los otros tres personajes. Quería darle una oportunidad de expresar ideas y reflexionar sobre su experiencia. Los separadores de animación son flashforwards a su diario de viaje, un género que me apasiona. Mi libro favorito es En Patagonia, de Chatwin. La experiencia de Alex en el Tigre queda plasmada en estos cortos que va a realizar cuando vuelva a casa.

La animación es una disciplina muy laboriosa y requiere de muchas personas para realizarla. Yo quería que estos cortos fueran posibles de hacer por un solo artista, y quería que reflejaran el cambio de Alex en la técnica, que utiliza elementos orgánicos encontrados en el Tigre, como hojas y piñas.

Hay un trabajo fuerte con la duración de los planos: la mayoría de las veces, la película evita hacer cortes y deja que la acción se desarrolle en plano general. ¿Fue algo que tenías pensado, o surgió en la filmación?

Con Eloi Moli, el director de fotografía, trabajamos mucho para impregnar a la película de una mirada clara. Muchas veces la comedia se convierte en cabezas parlantes filmadas televisivamente en plano y contraplano. Le dedicamos mucha atención a la composición de los planos. Hay momentos en que los personajes están solos en el plano, en otras oportunidades de a dos o todos juntos a la vez; esto tiene que ver con los acercamientos y las distancias dramáticas que va construyendo la película, el juego que están jugando en cada escena.

Los planos secuencia son el recurso ideal para participar desde adentro en la situación de Alex, rodeado de la dinámica delirante entre Sofía, Víctor y Flor; permiten participar junto al personaje en esa situación. Hacer planos así implica siempre un esfuerzo extra: se convertían en pequeñas obras de teatro donde la cámara tenía una coreografía y los actores reaccionaban a lo que estaba pasando; son algunas de mis escenas favoritas.

Hay una escena en particular que, supongo, debe ser la que más recuerdan los espectadores: cuando surge la discusión sobre Estados Unidos y se parodia cierto discurso progresista respecto del “imperialismo”, que “América” es el nombre de todo el continente, etc. Una buena parte del humor ahí aparece con la traducción que Flor le hace a Alex de lo que está pasando. ¿Podés contar algo de esa escena: cómo fue ideada, cómo se trabajó con los actores, cómo se diseñó visualmente (ahí también se siente bastante la cuestión de la duración)?

Esta escena en particular es para mí el corazón de la película, por todo lo que dicen los personajes, sus posiciones ideológicas, pero en particular por todo lo que no dicen, que es lo más importante. Ese subtexto es lo que hace que la comedia funcione. Nos divertimos mucho haciendo esa escena y la filmamos en plano secuencia para capturar la energía de la situación. Yo quería darles a todos los personajes la posibilidad de expresar posiciones válidas, que creo es la única manera de no reducirlos a caricaturas: todos tienen pasiones que se ponen en juego y eso lo hace disfrutable. Creo que es importante en una escena que las posiciones ideológicas de los personajes sean válidas, que tengan la oportunidad de confrontar ideas. Yo comparto todo lo que dice Víctor en la película, simplemente lo expreso con matices porque no tengo esa determinación al expresar mis opiniones, soy menos taxativo. Flor está fascinada con participar, como yo alguna vez estuve en mi juventud obnubilado por el drama de la adultez que aparece por primera vez a esa edad. En las elecciones que hace para la traducción de inglés a castellano podemos conocerla también a ella, que es el puente entre Alex y la escena.

Al comienzo, pareciera que el discurso de la película condena nociones como el éxito en internet y los nuevos consumos online, pero después también satiriza cierta figura de artista y ciertas formas de arte contemporáneo (el arte conceptual, el mercado, el sistema de becas, etc.) a través del personaje de Spregelburd. Pareciera que la película toma distancia de cualquier corriente que legitime e institucionalice la creación. ¿Estás de acuerdo?

Creo que la película se plantea preguntas sobre todas esas cosas más que condenar o validar una postura. Quizás la pregunta principal sea: ¿cuál es el rol o la función del artista y su obra en un mundo que tiene más obra que espectadores para apreciarla? Alex quiere ser un artista “verdadero”, quiere gozar de esa autenticidad muy del siglo XX, y es capturado por el canto de sirena que representa Sofía, que tiene una mirada muy dura sobre su trabajo como animador, una mirada que confirma todos sus temores. Alex se va en busca de un lugar donde encontrar una voz artística, pero lo que descubre es un espejo deformado. Una isla, como New York pero en el Tigre, donde se reproducen las mismas neurosis sobre la obra y el lugar que ocupa el artista, en este caso Víctor, que representa a priori todo lo que Alex considera un artista real, y sin embargo también está lleno de problemas. Yo mismo elegí hacer una comedia para esconderme de la responsabilidad de la obra; hay algo de hacer reír que obliga al espectador a perdonar.

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