Dossier Garrel – J’entends plus la guitare

Dossier Garrel - J'entends plus la guitare - c i n e m a r a m a J’entends plus la guitare (Francia – 1991)

Dirección: Philippe Garrel
Guion: Philippe Garrel, Jean-François Goyet, Marc Cholodenko
Intérpretes: Benoît Régent, Johanna Ter Steege, Yann Collette, Mireille Perrier

por Ignacio Verguilla

Todo lo profundo ama el disfraz. Los personajes de Garrel cargan con la evidencia de un pulso amargo: “confieso que he amado”, podrían decir entre llantos secos o suspiros erráticos. Sus ojos se hunden en silencios y capturan lo absurdo de la existencia para aquellos que mordieron el polvo de la felicidad tan cercana al fracaso que espanta. Los amantes se miran, uno frente a otro; acaban de preguntarse si se aman, y cuánto se aman. Cada uno se aferrará a lo único inmutable: su rostro amarrado a unos dedos que lo surcan, lo palpan y lo estrujan; unas manos que se cierran para tocar lo único que no está en fuga. Esa toma de conciencia del propio límite imposible escapar del cuerpo, del dolor que traerá la muerte esa presión de las yemas, esa piel contra la piel, esa constancia del volumen y la tersura de los rasgos define a la pareja de sobrevivientes e impone un marco físico al escozor. Uno teme (con razón) que se vayan a arrancar la carne y dejarla esparcida en esas casas derruidas que son tan comunes en los personajes de Garrel, cineasta de emociones fuertes y de violencias metafísicas. En sus películas, los momentos de felicidad son tan fugaces como intensos, pero como un obstinado ser que les hace sombra a las bestias, no renuncia a ese peligroso calor.

Gerard y Marianne: tales los nombres centrales en J’entends plus la guitare. Sus idiomas, como tantas otras veces: el francés y el alemán. Y como casi siempre en el cine de Garrel, habrá otra pareja, no tanto para multiplicar tramas (que sólo narran lo necesario) sino más bien para esparcir del mismo aire espeso las relaciones amorosas, y seguir trabajando esa idea tan particular de intimidad que respiran sus películas. Intimidad de la espera, de los silencios, de los encuadres casi siempre cerrados, de las miradas indescifrables. Las elipsis caen como aceros afilados sobre el tiempo y el espacio, y hay un proceso de sustracción en el plano que es característico de ese universo Garrel: dos personajes se miran, acaban de hablar o están a punto de hacerlo, y la cámara permanece, obstinada sobre uno de ellos, generalmente aquel que está en silencio.  Y otro: una puerta se abre y alguien camina, atraviesa la mirada del lente y sobrepasa los límites del encuadre, pasando muy cerca de la cámara hasta perderse por detrás. Los fotogramas que dejan vacíos tras su paso definen una particular rítmica del montaje.

Película del fin del amor no siempre las grandes cosas tienen un gran final, dirá Gerard citando a Heidegger–, atrapada en dos idiomas, contaminada por la heroína y el fantasma de Nico (amante pasada del director y modelo de relación tortuosa, intensa y pregnante). Una obra pavorosa, surcada por una poética del encierro de sus sufridos habitantes. ¿A quién miran? ¿A ellos mismos, o al revés de la trama que provoca toda obra de arte genial y maldita, esto es, a nuestros más oscuros deseos?

Dossier Garrel - J'entends plus la guitare - c i n e m a r a m a

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