Dossier Garrel – Ella pasó muchas horas bajo los focos

Dossier Garrel - Ella pasó muchas horas bajo los focos - c i n e m a r a m aElla pasó muchas horas bajo los focos (Elle a passé tant d’heures sous les sunlights – Francia – 1985)

Dirección: Philippe Garrel
Guion: Philippe Garrel
Intérpretes: Mireille Perrier, Jacques Bonnaffé, Anne Wiazemsky, Lou Castel, Philippe Garrel, Chantal Akerman, Jacques Doillon

por Diego Maté

Garrel toma el viejo tema del cine dentro del cine, pero su película se ubica bien lejos del hábito un poco rutinario de develar el dispositivo cinematográfico. Las dos parejas, una dentro y la otra fuera de la pantalla, se vuelven un material plástico con el que el director puede informar una película experimental que traza vínculos con la historia del cine y con la biografía del propio Garrel. La ruptura con Nico y el suicidio de Jean Eustache funcionan como polos que organizan secretamente Ella pasó muchas horas bajo los focos…: el director adopta para sí el aire de un artista torturado que no teme representar de a ratos una parodia de sí mismo y que confunde voluntariamente vida y creación. Uno y otro se imbrican al punto de no saber dónde empieza y termina cada uno. Lo mismo ocurre con la manera en que se conectan los dos relatos: el guion renuncia a la forma convencional del tan mentado juego de cajas chinas y, en su lugar, exhibe capas narrativas que se funden unas con otras y cuyos pliegues no pueden separarse con nitidez. Hay un rodaje, actores, una planificación, pero por momentos nada es del todo ficcional ni metatextual: la película explora ambos registros hasta fundirlos y transformarlos por igual en insumos de su pesquisa cinematográfica. Por ejemplo, Garrel hace unos primeros planos invasivos que resultan increíblemente placenteros y amables sobre los rostros de varios de los personajes, incluidos los de Chantal Akerman y Jacques Doillon, dos figuras que aparecen en calidad de amigos que visitan al director. Con Doillon, Garrel discute un problema de puesta en escena que también es una cuestión de paternidad: ¿cómo filmar por primera vez a un hijo? A Akerman, en cambio, le dedica algunos primeros planos de una belleza extraordinaria: el rostro de Chantal, lleno de lunares, con los ojos descansando sobre los pómulos y con la boca larga que dibuja cada tanto una sonrisa tímida, conforma una imagen sobre la que la película reposa, plena y libre de cualquier obligación narrativa. Después de la sorpresiva muerte de Akerman el año pasado, esos planos conservan intacta su belleza, pero parecen acechados por el clima mortuorio que adquiere la película en la segunda mitad. Ese clima lo colma todo y van quedando cada vez menos resquicios para que el director juegue con los motivos más reconocibles de la nouvelle vague: la pareja, el auto, las calles de la ciudad, los bares, los diálogos dispersos; allí están de fondo el cine de Truffaut y Godard, de Eustache y de algún Melville. El montaje no ofrece ninguna claridad en la exposición: si hay una historia, hay que reconstruirla a partir de fragmentos desordenados. Garrel, haciendo de sí mismo, se prepara para filmar una película después de haber obtenido el dinero vendiendo heroína, como si se prefigurara el conflicto de Inocencia salvaje. La dinámica de mostrar a los actores mientras se los filma y hablando entre escenas, en ese espacio intermedio del rodaje que no es documental ni ficción, anticipa el dispositivo visual que utiliza Jonás Trueba en Los ilusos. Por su parte, los vaivenes de la pareja y la cuestión de la paternidad tienden puentes con una buena parte de la filmografía garreliana (Maurice y Louis bebé son puntos diferentes de una misma cronología).

Los amantes se distancian, las adicciones se intensifican y los personajes dejan ver los signos de un malestar que no se nombra pero que los hace temblar, recluirse y delirar anunciando ya un desenlace trágico. La escena en la que Mireille Perrier maneja y de fondo se escucha cantar a Nico parece en el presente un tributo anacrónico a la cantante, fallecida tres años después. Esta película, con su tono elegíaco y su voluntad experimental, crece con el paso de los años y a expensas del tiempo.

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Una respuesta

  1. Reblogueó esto en C I N E M A R A M A.

    abril 13, 2018 en 10:34 am

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