Sobre “Cómo funcionan casi todas las cosas”

Sobre "Cómo funcionan casi todas las cosas" - c i n e m a r a m a

por Geraldine Salles Kobilanski

Podría resumir mi primera percepción posfunción del siguiente modo:  cómo es que funciona la voz en una película porteña ubicada en tierras sanjuaninas. Mi percepción tomó solidez al correr los días.

Celina es una joven mujer con una mirada profundamente dulce, un tanto extraviada a causa de la enfermedad de su padre ―en la única escena en la que ambos aparecen juntos, él no emite casi sonido o movimiento, como si un fantasma hubiera ocupado ya su lugar―. Celina tiene unos labios suaves y trémulos, mientras que las palabras, algunas, se pierden entre sus dientes sin poder acompañar sus acciones, fallidas o no. Celina es una mujer hermosa y solitaria que intentará reencontrar a su madre, a pesar de su novio otario, de su trabajo desolador, del suicidio de su padre y de un destino poco prometedor. O en otras palabras, intentará reencontrarse con aquella parte de su historia infantil que quedó ahuecada y triste. Tras el entierro de su padre, Celina emprende su mismo derrotero laboral: vender libros casa por casa. En su caso, el bestseller Cómo funcionan casi todas las cosas, el libro que contiene las respuestas a todas las preguntas que nos podamos hacer.

La película básicamente se divide en dos formatos episódicos: la narración de Celina y las pequeñas entrevistas a los propios personajes cual falso documental que dialoga lúdica y casi simpáticamente con la historia en sí. El relato transcurre en un pueblo humilde y desolado de San Juan. Celina toma su bici y pedalea todas las mañanas hasta el peaje fantasmagórico en el que trabaja. Se levanta temprano, hace el desayuno, prepara el de su padre y la sobreabundante medicación que debe tomar, como así también su vianda para el recreo laboral. Un día regresando al hogar, que parecía continuar el ritmo monótono de tantos otros días, tira la bici y empieza a gritar desesperadamente “¡papá!” al ver que el auto estacionado en su casa se había encallado entre los pastizales.

Luego de esta secuencia, se imprime con fuerza arrolladora una debilidad narrativa que desinfla la historia, generándose un efecto de distanciamiento insalvable para el resto de la película. Celina, al igual que los otros personajes, deja de ser Celina y aparece en escena la actriz Verónica Gerez. ¿Cuál es la debilidad narrativa? El acento porteño de todas las voces ficticias de los personajes, un acento que se rebela contra la puesta en escena, contra la narración, contra la empatía del público, contra la sencillez de los personajes, contra la vulnerabilidad de sus vidas. Una vuelta del gestus brechtiano en un film que no es dialéctico.

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