Sobre Roger Waters: The Wall

Sobre Roger Waters: The Wall - c i n e m a r a m apor Patricio Durán

Exprimir cada ladrillo. The Wall, una de las grandes obras, no solo de Pink Floyd, sino de toda la historia del rock, cumplió 30 años… hace seis. Pero su creador, Roger Waters, todavía sigue festejando. Lo que comenzó con una gira que viajó por casi todo el mundo durante tres años, hoy llega a su versión física en blu-ray. Roger Waters: The Wall muestra el show completo del tour e intercala, en forma de documental, a Waters manejando por la ruta, hablando con un amigo o con sus hijos y llorando a su padre y a su abuelo, ambos muertos en sus guerras mundiales correspondientes. Mientras, interpreta junto a sus tumbas la melodía de “Outside the Wall” con su trompeta. Para los argentinos este recital/documental tiene un valor agregado: gran parte de lo que se ve fue filmado en el estadio de River Plate. Volvamos a ese 2012, cuando Roger tocó nueve veces en Buenos Aires. Recordemos que originalmente eran dos, pero a medida que se agotaban las funciones agregaban nuevas que volvían a agotarse hasta llegar al récord de nueve. Toda esta efervescencia y devoción hizo que comenzaran a circular rumores ridículos, como que David Gilmour sería invitado, que se agregarían canciones al repertorio o que habría un recital gratuito (por supuesto, en el Valle de la Luna). No ocurrió ninguna de esas cosas que el público argentino creía merecer, pero al menos anunciaron que el último show iba a ser filmado para la edición en video.

Para comenzar, podemos decir que esta nueva versión de The Wall es espectacular. Probablemente lo más espectacular que se haya visto en el país, pocos podrían combinar semejante parafernalia con una obra tan redonda, tan perfecta. Todo es enorme en The Wall. El muro/pantalla que se levanta a medida que avanza el show es impactante. También lo son las explosiones, el avión que se estrella, los muñecos, las imágenes.

Pero hay un gran problema en este nuevo The Wall. Hay un cambio en la manera de comunicar el mensaje de la obra respecto de su versión de 1980. El tratamiento de los horrores de la guerra y el mensaje antibélico que habita en The Wall y que se vio plasmado en su gira original aparecen diluidos en esta nueva edición. El mensaje explícito se vuelve demasiado torpe para una obra que supo decir lo mismo con oscuro sarcasmo. Hay una distancia importante entre el Roger que desprecia a sus fans en ese personaje de rockstar pseudofascista que es Pink y este activista de la paz que abusa de la demagogia y decide apelar al golpe bajo y llenar su muro con los nombres de los caídos y asesinados en guerras.

Además, Roger pretende abarcar más de lo que la obra puede. Incorporó un mensaje anticapitalista y anticonsumista que, por empezar, resulta contradictorio en semejante frenesí de consumo: durante los shows en River se vendían desde panchos, hamburguesas y bebidas hasta discos, libros, remeras y tazas temáticas, entre otras cosas. En este contexto, se ve ridículo el graffiti de “capitalism” con la tipografía de Coca-Cola y los símbolos de Shell, Mercedes Benz o McDonald´s que caen de los aviones en “Goodbye Blue Sky”. El logo de The Wall bien podría caer de esos mismos aviones.

De todas formas, nada de esto puede empañar un espectáculo que es técnicamente impecable (tanto en lo visual como en lo sonoro) y que está respaldado por una obra única. Sobresalen los momentos más fieles al original, especialmente el comienzo de la segunda parte con “Hey You”, interpretada tras una pared completamente construida, fría y gris, que es todo lo que el público puede ver. “Nobody Home” recrea a Pink en su habitación, pero en este caso aparece la voz añejada de Roger. Otro de los componentes que funcionan a la perfección son las ya clásicas animaciones de Gerald Scarfe: la escena de sexo entre las flores durante “Empty Spaces” sigue siendo tan escalofriante como en la película de Alan Parker. El final con “The Trial” es de lo más cuestionable debido al supuesto playback. En caso de ser así, que es lo más probable, era de esperar que un show de semejante envergadura, con cada movimiento perfectamente milimetrado, prefiriera la prolijidad y la perfección de una cinta grabada antes que la autenticidad falible de la voz en vivo de Waters.

Esta versión de The Wall cuenta, por supuesto, con una edición especial que contiene cuatro vinilos, tres blu-ray, dos CD y un libro. Parece que Waters está dispuesto a exprimir su trabajo todo lo que sea posible. El autor de semejante obra tiene derecho a hacerlo.

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