Mar del Plata 2015 – El movimiento

Mar del Plata 2015 - El movimiento - c i n e m a r a m a El movimiento (Argentina – 2015)
Competencia Argentina

Dirección: Benjamín Naishtat
Guion: Benjamín Naishtat
Intérpretes: Pablo Cedrón, Céline Latil, Francisco Lumerman, Marcelo Pompei

por Diego Maté

No se sabe con certeza hacia dónde se dirige El movimiento: el comienzo, con sus planos largos y estilizados, y con un gusto evidente por filmar la crueldad y la humillación, hace pensar que Benjamín Naishtat traslada sus intereses de Historia del miedo a un relato de época. Pero no: enseguida, después de un desenlace brutal y algo efectista, la película abandona para siempre a ese grupo de personajes y se fija en otro compuesto por tres hombres que llegan a la casa de un estanciero caído en desgracia. En general, la ausencia de certezas es la condición de posibilidad de muchas grandes películas, pero aquí no se trata de eso, sino de la falta de un destino más o menos claro. Es que, si hay algo que la película no se permite, justamente, es dudar: las elipsis cortantes, los planos móviles y algo desprolijos, la artificialidad de los espacios, la evidente impostación de las actuaciones; todo en El movimiento denota seguridad, firmeza en las intenciones, como si al director no se le hubiera escapado ningún detalle. Todo parece ocupar su lugar justo, incluso el aparente desorden (visual, auditivo) es apenas otro recurso elaborado por una dirección obsesiva. En su opera prima, Naishtat ya había demostrado un cálculo inusual en la puesta en escena, pero allí ese orden formal estaba al servicio de la construcción de un mundo en descomposición: la rigidez casi académica de los planos era el contrapunto estético de unos personajes cuya psiquis se degradaba sin remedio. En cambio, El movimiento no sabe cómo construir la locura; todo el exceso visual, sonoro y actoral no hace más que señalarse a sí mismo, como si la película fuera un registro de su propio intento por convertirse en otra cosa, más sofisticada, más difícil de lo que realmente es. Cada recurso denuncia la presencia de la dirección, y la historia de unos hombres que alucinan sobre un movimiento que habría de salvar a la patria queda supeditada al petardismo de la construcción fílmica: los cortes bruscos, el abuso de la oscuridad y de los espacios notoriamente escénicos, las elipsis, todo se interpone entre nosotros y ese mundo desolado que trajinan unos locos que no cejan en su empresa desquiciada. Algunos momentos parecen evocar sin demasiado éxito a Herzog, a Rocha, incluso a Tarantino (las largas conversaciones que un psicópata mantiene con sus eventuales víctimas). La película se sostiene en buena medida gracias a la presencia de Pablo Cedrón, que logra aparecer cinematográficamente desde cualquier ángulo (como si su cara estuviera hecha de infinitos pliegues visuales) y sabe cómo ponerle voz a algunos diálogos imposibles.

Mar del Plata 2015 - El movimiento - c i n e m a r a m a

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