Entrevista a Javier Olivera, director de “La sombra”

Entrevista a Javier Olivera - c i n e m a r a m aEl sábado 7 de noviembre se estrena en el Malba La sombra, una película de Javier Olivera sobre la memoria y la figura de su padre (Héctor) que toma como disparador la demolición de la casa familiar. Acá pueden leer una entrevista que le hicimos al director, y por acá una nota sobre su película.

por Diego Maté

¿Cómo surgió la idea de la película? ¿Qué tanto de lo que puede verse habías planificado, y qué tanto fue apareciendo después, durante el rodaje y la edición?

Nada fue planificado. Esta película fue sucediendo a lo largo de diez años como un proceso de búsqueda muy íntimo y honesto. En 2002 hice un registro de la casa porque estaba en venta y, como me iba a vivir afuera, tal vez no la iba a ver más.  Cuatro años después encontré en el altillo cincuenta rollos de Súper 8 con la construcción de la casa. En 2008 la casa se vendió y se demolió. Y ahí sí ya estaba pensando en una película. Como no sabía bien qué quería decir, tenía que descubrirlo, así fue un largo camino de búsqueda en solitario, tanto en lo formal como en lo discursivo. Estuve años seleccionando y cortando con una moviola de Súper 8, luego edité en digital. La hice solo, salvo el sonido y los últimos procesos. Luego me llevó mucho tiempo resolver el pudor de exponer(me), pero me daba cuenta de que la película me pedía una honestidad brutal. Tuve devoluciones de algunos colegas que me ayudaron a encontrar el camino y finalmente a resolverla. Y también me ayudó mucho Zypce, quien hizo el diseño sonoro, el cincuenta por ciento de la película. El sonido es una herramienta narrativa que me importa mucho también. Finalmente, después de años de prueba y error, de superar miedos y madurar como persona y cineasta, pude resolverla este año.

En la capa superficial se ve el proceso de demolición de una casa. Pero más profundo, se lee a la casa como alegoría de la imagen de mi padre en su momento de mayor éxito como director y productor. Entonces la demolición de la casa se vuelve un exorcismo de una sombra que me impedía ser yo mismo.

¿Cómo manejaste la alternancia entre las filmaciones en Súper 8 y las fotografías, por un lado, y el registro actual de la casa, por el otro? Pareciera haber un ritmo muy calculado en el que el pasado va puntuando las imágenes del presente.

El proceso de mudanza, desguace y demolición de la casa es el tiempo presente, lineal. Pero este es intervenido por la memoria (a través de fragmentos de Súper 8). Por eso la película tiene una suerte de prólogo en donde hago explícito el concepto formal contando lo de Simónides y los Palacios de la Memoria: en esa casa que vemos destruirse hay escondidos, en los rincones,  fragmentos de memoria. Para lograr ese equilibrio que mencionás, fueron varios años de prueba y error, muchas horas de montaje.

Impresiona la atención que le dedicás a la labor de los obreros: la destrucción parece estar muy organizada, los tipos incluso clasifican numéricamente las habitaciones. ¿Cómo te acercaste cinematográficamente a ese proceso?

Realmente fue un rodaje muy intuitivo, emocionalmente muy movilizador. Igual estar detrás de la cámara me dio cierta distancia. Cuando hay que registrar una situación irrepetible, uno se vuelve cazador y se cierne a lo que ves dentro del encuadre. Eso me permitió rodar. Cuando me iba de allí venía el puñetazo emocional. Fue un proceso de dos meses, yendo una o dos veces por semana. Sí fui consciente del desapego de los demoledores, y eso me llamó la atención, ya que a mí no me pasaba. Además, me interesa el trabajo como tema, por eso ellos tienen bastante presencia en la película. También me interesaba contar un proceso de auge y caída de un espacio como si se tratara de una vida humana.

Pienso que además de la demolición y de ese trabajo de exorcizar el peso de la figura paterna a través de la memoria, hay también algo así como una respuesta que se da en el terreno del cine. Como si al cine narrativo, muchas veces sobre sucesos recientes, de tu papá, vos le opusieras una película moderna en la que importan más los espacios que el relato, y en donde la “historia” se cuenta de manera mucho más libre, sin tener que seguir ningún mandato cinematográfico. ¿Estás de acuerdo?

Sí, ese “matar al padre” es al padre y al cine heredado. Yo hice mi primera película, El visitante, producida por mi padre, en donde había un tironeo entre una mirada propia y otra ajena. Por eso luego me pasé más de una década sin hacer cine, porque no encontraba mi propia voz, incluso llegué a dudar de si el cine era mi camino. Yo antes del cine me formé en la pintura, y desde fines de los 90 vengo produciendo video arte, video instalaciones y fotos. Pero paralelamente venía resolviendo esta película. Así que la búsqueda por fuera del cine me dio muchas herramientas para construir una gramática cinematográfica más propia. Aunque también valoro lo aprendido dentro del cine industrial, de mi paso por Aries como técnico. Hay cierta base respecto de la contundencia del relato, la construcción dramática, que me sigue importando. Lo que cambia es el cómo, el abordaje formal.

¿Tuviste referentes fílmicos (o de cualquier otra clase) a la hora de pensar en La sombra?

Al principio tuve un referente del cine que es Tren de sombras, de Guerín, una película muy inspiradora para mí. Pero luego hay otras influencias por fuera del cine, textos de Hugo Mujica, Merton, Heidegger y mucho de lo que estaba trabajando desde el video arte en ese momento. La capacidad de experimentación de esos formatos me la llevé para la película.

Haber hecho esta película fuera de los parámetros industriales, sin tiempos límite, sin responder a fórmulas sobre lo que “quiere ver el público”, hizo que la película sea una pieza honesta, muy desde las tripas. Y tras el Bafici y otras proyecciones, veo que la película trasciende mi propia historia y el público se identifica y se conmueve. O sea que, desde un abordaje formal menos convencional, con una preocupación de búsqueda del cinematógrafo (concepto bressoniano), la película también conecta con el público.

Entrevista a Javier Olivera - c i n e m a r a m a

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