Mar del Plata 2015 – El rastreador de estatuas

Mar del Plata 2015 - El rastreador de estatuas - c i n e m a r a m aEl rastreador de estatuas (Chile – 2015)
Competencia Latinoamericana

Dirección: Jerónimo Rodríguez
Guion: Jerónimo Rodríguez

por Diego Maté

El director Jerónimo Rodríguez fabrica un singular dispositivo cinematográfico cuyo rigor no abandona en ningún momento: una voz en off narra una historia recurriendo a frases breves que resuenan sobre unos planos fijos de los lugares que visita el protagonista. Con esa premisa discreta, la película es capaz de adoptar los contornos de un relato de viaje y aprendizaje que atraviesa los terrenos pantanosos de la memoria sin renunciar a una marcada voluntad documental. Jorge cuenta cómo la imagen vista por televisión de la estatua de Egas Moniz, un neurocirujano portugués ganador del Nobel, le dispara inmediatamente una asociación improbable: el recuerdo de un presunto busto de Moniz que su padre le habría mostrado, tal vez, en una plaza chilena en el año 2000. Esa suposición pone en marcha una pesquisa que lleva a Jorge a diversos parques y espacios públicos de Santiago, Lisboa y Nueva York (donde reside actualmente); su búsqueda parece hecha de pistas falsas que lo conducen a otras estatuas, bustos y placas de neurocirujanos que atrapan igualmente su atención. Entre distintos trabajos y encargos, Jorge elabora nuevas hipótesis que lo empujan a reiniciar la investigación; su trayectoria errante traza una red que parece ser menos urbana que cerebral, como si su padre, neurocirujano chileno exiliado durante la dictadura de Pinochet y fallecido hace algunos años, continuara marcándole el camino al hijo. La dispersión de Jorge se adueña del relato: de un video de Youtube sobre Egas Moniz se puede saltar a la contabilización de los duelos en los que habría participado un inflamado Pushkin; el pasado de izquierda del padre encauza la película hacia los distintos partidos de fútbol jugados entre Chile y Rusia. Podría aventurarse que la película establece una especie de lógica del hipervínculo, si no fuera porque ya está probado que es en verdad internet la que imita el funcionamiento en red de la mente (o al menos eso nos cuenta la divulgación neurológica, tan de moda por estos días). La figura paterna ausente, que el narrador intenta recomponer sin éxito mediante la búsqueda del incierto busto de Moniz en suelo chileno, parece materializarse intermitentemente gracias a la presencia de nombres que se evocan con afecto, como el de Raúl Ruiz, o de una personalidad como la de Omar Sívori, jugador favorito del padre que el hijo convoca como si el primero pudiera conducirlo, por obra de alguna extraña atribución de la indicialidad, hasta el segundo. La búsqueda de Jorge se torna cada vez más improbable, pero de alguna manera el trabajo de su memoria poco confiable, que fabula, deja sentir el peso paternal, como si el neurocirujano le recordara a su hijo que la ingeniería de los recuerdos es asunto de una ciencia que a él se le escapa.

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