Blur en Tecnópolis

Blur en Tecnópolis - c i n e m a r a m aFecha: 11 de octubre
Lugar: Tecnópolis

por Patricio Durán

Es el tercer año consecutivo que Damon Albarn llega a la Argentina. En el 2013 fue con Blur en Ciudad del Rock, en 2014 vino como solista al Gran Rex para presentar Everyday Robots. Ahora volvió a ser el turno de Blur, esta vez en Tecnópolis (el día anterior había tocado en Córdoba), como parte de la gira de presentación de The Magic Whip, el disco que la banda editó sorpresivamente hace unos meses. No estaría mal que Albarn continuara con esta dinámica y volviera todos los años con sus diferentes proyectos.

La noche empezó con Estelares, la banda platense liderada por Manuel Moretti, que actuó como soporte e hizo una presentación de cuarenta minutos. A las 21, con estricta puntualidad, comenzó el show de Blur en un microestadio que no lograron llenar del todo (había algunos huecos). Estuvieron acompañados por Michael Smith en teclados, además de cuatro cantantes y una sección de vientos que entraba y salía del escenario. La banda se encuentra en excelente forma, combinan a la perfección vitalidad con una experiencia de más de veinticinco años. Además cuentan con un álbum nuevo que está a la altura de su discografía, que no es una simple excusa para salir a tocar.

El show arrancó con “Go Out”, el primer corte de su nuevo disco, y Blur dejó en claro que no venía a revisitar su época de oro de los 90, sino que todavía se consideran una banda activa. Los temas nuevos que sonaron se amoldaron tan bien a sus viejos éxitos que el recital fluyó con naturalidad: “Go Out” y “Ong Ong” fueron coreadas por todos, la psicodelia hipnótica de “Thought I Was a Spaceman” mantuvo a los espectadores en un respetuoso trance, mientras que Alex James se lució con su bajo en “Ghost Ship”.

Pero claro, los momentos más celebrados fueron los clásicos, y a Blur le sobran clásicos. “Coffee & TV”, “Beetlebum”, “Tender”, con todo el público coreando este himno al amor, “Parklife”, que fue una fiesta arriba y abajo del escenario con un puñado de fans invitados a cantar, bailar, correr y saltar junto a los músicos, y “Song 2”, el descontrol que invita (u obliga) al pogo durante los efímeros dos minutos que dura la canción. También interpretaron “Out of Time”, el nostálgico single de Think Tank (2003), aquel disco que grabaron sin Graham Coxon. El costado más experimental de la banda estuvo presente en una poderosa versión de “Trimm Trabb”, uno de los favoritos de los fanáticos. La primera parte del show terminó con la elegante balada “To the End” y “This Is a Low”, ambas del legendario Parklife (1994), y hasta hubo tiempo para que Damon y compañía le cantaran el feliz cumpleaños a alguien del público.

Durante los bises apareció “Girls & Boys” y el microestadio de Tecnópolis se convirtió en una pista de baile (aunque ya habían sacado las bolas de espejos que componían la modesta escenografía). Para cerrar llegó el himno de la banda —y uno de los himnos de los 90— que tuvo que volver a empezar tras un desajuste. Después de que Albarn lanzara un insulto ultra británico que provocó la risa de todos (“bollocks!”), pudieron despedirse con la solemnidad sinfónica de “The Universal”. Pasaron dos horas que parecieron poco. Seguramente Damon Albarn seguirá persiguiendo sus inquietudes musicales que lo llevan a tener variados proyectos, pero Blur continúa siendo una de esas inquietudes —todavía no del todo explorada— y un lugar al que siempre vuelve.

Blur en Tecnópolis - c i n e m a r a m a

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