Sobre Chantal Akerman

Sobre Chantal Akerman - c i n e m a r a m a

por Aníbal Perotti

Una cierta mirada. Chantal Akerman registra lo que la rodea: una habitación, una casa, un bar, las luces que se encienden en una calle, un rostro solitario, gente caminando, un aeropuerto, un hotel. El sentido de la intimidad, una realidad en bruto, una verdad cambiante y fugitiva. Un cine en primera persona: experimental y personal. Una construcción áspera y formalista que trasciende la autobiografía y la representación de la mujer. Akerman inscribe los cuerpos en el paisaje sin distinguir lo narrativo, desafiando las convenciones cinematográficas y los límites de la trascendencia, la verdad, la ética, la sexualidad y la moral.

Chantal Akerman quema rápido las etapas. En 1965 va al cine a ver Pierrot le fou, de Jean Luc-Godard. Tiene quince años y queda tan fascinada por la película que decide cambiar su vocación de escritora por la de cineasta. Meses más tarde abandona el secundario, ingresa a una escuela de cine y dirige su primera película, Saute ma ville. Ella misma es la protagonista: una joven que tira las sartenes con comida al piso y baila encima de ellas hasta que decide abrir el gas de la cocina y hacer explotar su departamento. Paradójicamente, la escena transmite el optimismo y la excitación por dinamitar su rol. Estamos en 1968, Chantal tiene dieciocho años. La cineasta precoz se abre camino en medio de los escombros.

El cine de Akerman se renueva con cada película: su gusto por la experimentación, su necesidad de romper los límites, su forma de filmar el cuerpo y la sexualidad de la mujer. En La Chambre, un único plano secuencia circular filmado desde el centro de una habitación muestra a una mujer en su cama masturbándose. En el largo plano final de Je, tu, il, elle, los cuerpos enlazados de las dos protagonistas transmiten una belleza inusual. Akerman alcanza su cumbre antes de los veinticinco años con Jeanne Dielman: tres días en la vida de una joven viuda filmados con largos planos fijos, un montaje elíptico e imágenes frontales que incomodan al espectador. La alienación de una mujer que mezcla su rutina diaria de ama de casa con una prostitución discreta. El encierro, la pequeña muerte, el éxtasis bulímico. Un clásico moderno.

Con el paso del tiempo, el cine de Akerman continúa atravesando fronteras. “Preferiría tocar los rostros que deseo filmar”, escribe sobre D’Est: una exploración frontal de personas que encuentra en las calles desoladas de la Europa del Este. La realidad dolorosa que transmiten los pliegues de los semblantes nos sigue confrontando con una singular mezcla de intimidad y distancia. Hoy es un día muy triste. Una figura crucial del cine moderno nos abandona, queda la flama de su trayectoria vagabunda que nos invita a volver a descubrir el mundo con una mirada libre.

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