Ricki and the Flash: Entre la fama y la familia (Ricki and the Flash)

Ricki and the Flash: Entre la fama y la familia (Ricki and the Flash) - c i n e m a r a m aAño: 2015
Origen: Estados Unidos
Dirección: Jonathan Demme
Guion: Diablo Cody
Intérpretes: Meryl Streep, Kevin Kline, Mammie Gummer, Rick Springfield
Fotografía: Declan Quinn
Edición: Wyatt Smith
Duración: 101 minutos

por Elena Marina D’Aquila

Incomprendida. En este año marcado por el regreso de directores como George Miller, Cameron Crowe y Peter Bogdanovich a la cartelera argentina, no podía faltar el del camaleónico Jonathan Demme para sumarse a este grupo de cineastas que manejan los códigos clásicos como solo unos pocos saben hacerlo. Alguna vez alabados por la crítica que ahora les da la espalda (excepto a Miller, que recibió una merecidísima cantidad de elogios por Mad Max: Furia en el camino), y habiendo pasado de ser referentes del cine a parias de Hollywood en un abrir y cerrar de ojos, solo un puñado de directores han sido capaces de aprovechar los cambios de la industria a su favor como lo hicieron ellos. Entonces, no resulta para nada casual que los estrenos de sus películas hayan coincidido en nuestra cartelera en el mismo año. Estos indestructibles del cine prueban que, después de los 70 años (en el caso de Miller, Demme y Bogdanovich), son capaces de adaptarse al juego que juega la industria en cuanto a ritmo narrativo y montaje veloz, pero sin dejar de lado sus marcas estéticas. Por supuesto que se trata de directores más interesados en la forma de contar las historias y de crear los vínculos entre los personajes que en la historia en sí misma; cineastas que, aunque utilicen un modo clásico para narrar, pueden romper esquemas y filmar lo que nadie más se atrevería, lograr que lo aparentemente inverosímil resulte creíble, transmitir una alegría y una vitalidad contagiosa por el cine, incomprendida por los códigos del cine mainstream actual. Ese es el riesgo que asumen estos grandes realizadores contemporáneos al apostar por un cine de emociones, auténtico. Cada uno a su manera, desde sus temáticas y obsesiones propias, supo abordar la invención de un cine distinto, uno que se encuentra actualmente y cada vez más en peligro de extinción.

La de Jonathan Demme es una de esas películas que se hacen cada vez menos, que parecen venir de otros tiempos en los que se filmaban los temas musicales completos, y que frecuentemente no llegan a verse en nuestra cartelera. Es una de esas que se sienten artesanales porque disfrutan del placer de contar bien una historia que ya se ha contado una infinidad de veces, encontrando aquello que las hace únicas. Ricki and The Flash aborda personajes tan humanos e imperfectos que conmueven sin la necesidad de apelar a otros recursos más lacrimógenos y menos cinematográficos. Como todos los protagonistas de Demme, rebeldes o anómalos pero nunca víctimas de su rareza, Ricki es feliz cantando con su banda The Flash –integrada por músicos que cantan y tocan de verdad: Rick Springfield, Rick Rosas (fallecido exbajista de Neil Young), Joe Vitale en la batería y Bernie Worrell en el teclado– clásicos setentosos en un recóndito pub de Los Angeles. La película se nos presenta con un show en vivo contado casi exclusivamente a través de primeros planos de los miembros de la banda, alternados con otros más abiertos para mostrarnos al escaso público del lugar y el choque entre las diferentes generaciones que coexisten en él. Resulta un más que efectivo comienzo viniendo de un cineasta cuyas historias siempre cuentan la dificultad de ser humano. Si bien a primera vista podría resultar extraña la colaboración del realizador con la guionista Diablo Cody, cuando vemos Ricki and The Flash queda claro que no lo es para nada. Después de todo, desde su brillante debut con Juno, pasando por Young Adults –su guion menos sólido hasta el momento–, Cody ha trazado una galería de mujeres bellas y fuertes de todas las edades que se rebelan contra las costumbres de una sociedad políticamente correcta hasta la exasperación, y Ricki no es la excepción. El guion acierta cuando le permite verbalizar su desilusión frente a la forma en que la sociedad la ha condenado por perseguir sus sueños como cantante lejos de su familia, mientras que cuando un músico como Mick Jagger hace lo mismo, se lo aplaude y lejos de marginarlo, se le perdona todo.

La tarea no es fácil para la dupla Demme-Cody, pero la película va de menor a mayor y lo hace a su propio ritmo, demostrando que puede lograr escenas genuinamente emocionantes como aquella en la que Ricki y Greg exhiben el amor que se tienen el uno hacia el otro a través de la canción “Drift Away”, o cuando Julie se paraliza camino al altar en el casamiento de su hermano y su madre, en una sola oración, le devuelve el coraje que le faltaba para seguir adelante.

Es difícil encasillar a Jonathan Demme, ponerle una etiqueta a su filmografía, pero el rockumentalista, maestro del suspenso y director de videoclips, al igual que Miller, Crowe y Bogdanovich, realiza un cine que se ubica en algún lugar entre lo clásico y lo moderno, en el que el recorrido importa mucho más que llegar a una meta. Un cine capaz de ofrecer nuevas sensaciones, de tocarnos fibras internas y hacernos salir de la función con el corazón en la mano.

Ricki and the Flash: Entre la fama y la familia (Ricki and the Flash) - c i n e m a r a m a

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