Dossier Assayas – Clean

Dossier Assayas - Clean - c i n e m a r a m aClean (Francia, Estados Unidos, Canadá – 2004)

Dirección: Olivier Assayas
Guion: Olivier Assayas, Malachy Martin, Sarah Perry
Intérpretes: Maggie Cheung, Nick Nolte, Béatrice Dalle

por Soledad Castro Lazaroff

Clean es una película donde hace frío. Los personajes están abrigados, los cuerpos contraídos, los fondos húmedos y grises. Los buzos, los tapados, los gorros, las bufandas, no son atuendos “cool” ni signos de elegancia sino que refuerzan la sensación de desprotección y vulnerabilidad que rodea continuamente a los personajes. Y es que no estamos frente a una película “de tema” donde las drogas son una excusa para brindar interés, o donde se las pasa por encima como un motivo dramático más, con un signo moral determinado. Acá la crudeza es completa, profunda e insalvable, como el viento helado de una parada de colectivo en pleno invierno.

Emily Wang y Lee Hauser son una pareja perteneciente a la escena del punk rock londinense. Ambos son adictos a la heroína: él tiene varios éxitos encima, ella no ha logrado todavía convertirse en una cantante. Luego de una pelea en que lo deja solo y se va a dormir al auto, al llegar al otro día lo encuentra muerto de sobredosis. Emily va presa seis meses y luego debe salir al mundo real, a enfrentarse consigo misma para ver si puede recuperar a su hijito, que vive con sus abuelos en Vancouver, Canadá.

A diferencia de otros materiales de Assayas, en Clean la narrativa es sólida y limpia, y los distintos momentos del conflicto se comprenden y suceden con claridad. Es como si el director tuviera muy claro lo que quiere hacer con esta película, como si supiera exactamente adónde va. Pero no por eso deja de tener una delicadeza extrema a la hora de elegir las situaciones, de delinear el pedacito de vida que veremos de los personajes, la ambigüedad de las escenas, la maestría para huir de los lugares comunes y plantear un universo de una honestidad alucinada, de una exposición profunda de sí mismo y de un ambiente que parece conocer a la perfección. La elección de su ex Maggie Cheung para el papel principal es increíble en ese sentido. Conocedor como pocos del valor documental del deseo en el cine, Assayas logra generar una intimidad tremenda entre ella y la cámara, cargada de un vacío para nada sobreactuado; una idea de tedio y pasado que no se recarga en simbolismos ni en estridencias sino, otra vez, en los pequeños gestos, en los movimientos involuntarios del cuerpo, en los signos de agotamiento reales que genera la frustración cotidiana.

Hay muchos ejemplos de esa sutileza psicológica en la película. La única vez que la vemos verdaderamente maquillada y producida es en la primera escena, antes de que muera Lee. Después su rostro será lavado, blanco, cansado. El dolor por la muerte del compañero está siempre contenido y solo sale a la luz cuando finalmente llega a un lugar donde se siente acompañada, entonces se permite unos minutos de duelo, de tristeza; esa angustia que solo aparece cuando uno es capaz de dejar de disfrazarla. O en la escena en la que se encuentra por segunda vez con el padre de Lee, que tiene la custodia de su hijito (el mejor Nick Nolte que vi jamás), y debe controlar su enojo y su frustración para poder comunicarse con él; entonces se va corriendo pero después vuelve, después vuelve desesperada porque es capaz de registrar que esa oportunidad es única y se la está perdiendo. Porque no hay nada que parezca concebido de antemano en esta película, no hay verdades absolutas ni recetas; no es que algo “es triste” o “está mal”. Algo es triste cuando una persona puede permitirse sentirlo, puede dejar que aflore de acuerdo a su contexto y su percepción del mundo. Algo “está mal” cuando una persona dimensiona el daño en hechos concretos, como poder aceptar que te importa no poder reencontrarte con tu hijo, y que estás jodido, y que no da lo mismo.

¿Por qué se droga una persona? ¿Quién elige inflingirse ese daño? Lo mejor de Clean es que esa respuesta no importa. La película no busca esas explicaciones sino relatar las enormes dificultades que supone para una persona salirse de sí misma, cambiar su discurso y sus creencias, aceptar sus marcas de origen, su pasado, su necesidad de otro futuro. El personaje, y la película con ella, logran dar la espalda a la mirada incriminatoria de prácticamente todo su universo y seguir adelante. Cuando el niñito la increpa (de frente, como un niño de su edad) por haberle dado a su papá las drogas que lo mataron, porque así se lo explicaron y “él no es el único que piensa así”, ella contesta con simpleza: “Drugs are more complicated that what most people think they are. Some people need them because they´re suffering, because they don´t know how to live any other way. You´re dad was like that, and me too”. Lo importante no es lo acertado o no de la respuesta sino la manera en que el personaje busca salir de esa situación, escuchar a su hijo, encontrarse con él, en el entendido de que ese vínculo será largo y complejo, lleno de ese tipo de discusiones durante el tiempo y la vida. Es por eso que estos personajes parecen vivir fuera de la película, porque los sucesos no son acabados, son intentos; retazos de conflictos mucho más amplios y por eso, verdaderos.

Del mismo modo, me resulta fascinante la idea de amistad que transmite la película. Ese equilibrio tan real entre quienes nos ayudan en situaciones desesperadas y quienes nos dejan tirados, y cómo eso nunca es absoluto y siempre aparece por ahí alguien dispuesto a demostrar cariño verdadero. En este caso el personaje de Beatrice Dalle, misterioso, oscuro y de una sensualidad impactante, aparece para dar esa confianza, esa ternura sin aspavientos de la verdadera empatía. Cada personaje tiene una vuelta de tuerca: incluso Irene Paolini, la vieja amante bien acomodada cuya vida está llena de sordidez, es la que le consigue un nuevo trabajo: un trabajo de mierda, pero trabajo al fin. Y al mismo tiempo, el padre de Lee al que interpreta Nick Nolte no es un abuelo fuera de serie, sin fisuras: es un tipo grande que evidentemente no pudo hacerse cargo del amor de su hijo y tiene la nobleza de no desear para su nieto el mismo destino. Eso nunca está dicho, eso se ve, se muestra: por eso es un cine que exige de uno mismo, que nos interpela el alma y la capacidad de comprensión de los otros, de otros que están vivos como nosotros, haciendo qué sé yo, lo mejor que pueden.

La música de la película es un capítulo aparte. El apretado rock electrónico de Brian Eno y David Roback genera unos climas increíbles y permite a Assayas pintar una escena de la música europea llena de admiración, respeto y cuidado. La película está montada contra esa música con veneración, llenándola de sentido y jerarquizándola, porque también se trata sobre la vida de los músicos, sobre lo terrible y descarnado de la industria musical. Hay una escena memorable en la que están por relanzar los discos de Lee, el músico muerto, porque haberse muerto de sobredosis le ha dado mucha prensa. Su madre enferma conversa con su padre, quien se está haciendo cargo de los detalles del relanzamiento, y hablan de la biografía de su hijo que se encontrará en el CD. Frente a la lectura de que a su hijo solo le interesaban las drogas y que parece que fuera eso todo lo que importa de él, ella realiza esta reflexión increíble con su marcadísimo acento inglés, una quote de cine digna de las mejores: “It´s good they´re re releasing his records. Despite the stupid lines”.

Como siempre que escribo sobre Assayas, la sensación es que no es suficiente. Son demasiadas aristas y detalles, y es difícil sentir que uno abarca discursos de una complejidad y belleza tan radicales. Puedo decir que mirar esta película hace bien. Eso. Hace mucho frío pero amanece, que no es poco.

Dossier Assayas - Clean - c i n e m a r a m a

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