Dossier Assayas – Boarding Gate

Dossier Assayas - Boarding Gate - c i n e m a r a m aBoarding Gate (Francia – 2007)

Dirección: Olivier Assayas
Guion: Olivier Assayas
Intérpretes: Asia Argento, Michael Madsen, Kelly Lin, Alex Descas

por David Obarrio

Boarding Gate parece concebida como una película sobre el movimiento. Olivier Assayas, su director, tiene en Asia Argento una intérprete inmejorable para encarnar a su protagonista –una mujer en fuga cuyo misterio tiembla en cada plano y nos recuerda la naturaleza proverbialmente inasible del cine– y también la habilidad suficiente para sumergirnos en una trama más bien disparatada sin que advirtamos a simple vista que lo es. La primera parte es casi estática, no hay escape, ni deseo siquiera de escape alguno. Un hombre (Michael Madsen) se pasea como un señor, que en realidad luce como un león atrapado en su propia jaula, experto en alguna clase de actividad ilegal cuyo resultado más visible es ahora una oficina sin corazón y un hastío que le pesa en los hombros como una maldición. La mujer está tirada en un sillón. Por supuesto, la mujer es Asia Argento. Ya conocemos su voz ronca, el abismo de las ojeras, los movimientos gatunos, la actitud siempre al borde del salto. El espectador comprende enseguida que esos dos están envueltos en una guerra subterránea, uno contra el otro, sin respiro ni esperanza de paz en el horizonte. La mano de la mujer se desliza por su entrepierna; el hombre está nervioso porque perdió las riendas de la situación y lo consumen la frustración y el deseo. El hombre y la mujer tuvieron algo en el pasado y ahora tienen otra cosa. En esa vida anterior ella fue joven e inocente y ahora que está de regreso parece contar con un poder secreto que está dispuesta a usar contra quien se le ponga delante, su antiguo amante incluido. La tensión de la escena se insinúa en una charla trabajosa, acerca de nada, que opera como telón de fondo de las actitudes corporales de los personajes, y en la posición que ocupan en el plano. Lo primero que sorprende en esta película del errático Assayas que parece girar sobre un nudo invisible, es el hecho de que a los veinte minutos de metraje todavía no sabemos qué estamos viendo sin que el director haga el menor esfuerzo por aclarar nada. La segunda secuencia de la película tiene lugar en la casa del hombre. Ella vuelve a demandarle algo, a lo que el hombre supuestamente accederá luego de tener sexo. El director nos ha convencido de que no hay en el mundo dos personas más sexys que ese par de seres perdidos con furia y deseo en los ojos, de modo que solo esperamos ver chocar los planetas. El odio y el miedo contenidos, la discusión que se sale de cauce, los cuerpos que se entrelazan como un clinch en un cuadrilátero, surgen de pronto como parte del proyecto esencial de la película, en la que de lo que se trata es de captar la reverberación violenta de los cuerpos que se agitan en la pantalla, sin psicología ni artimañas morales, casi también sin historia. Boarding Gate parece por momentos un thriller malo, narrativamente inconsistente, cuya vocación por mostrar cómo evolucionan los actores dentro del plano se presenta quizá como la esperanza ineludible de una parte del cine moderno por tener la última palabra; regresar a las historias pero para desentenderse de ellas, tomar los géneros, o algo que se les parezca, y luego volverles la espalda majestuosamente, acaso para dar todo por perdido menos ese momento, ciertamente jubiloso, en el que se ha puesto la cámara y se espera el milagro de captar lo que el mundo le ofrece: movimiento, luz, sombras, tal vez los restos fantasmales de una emoción archivada y olvidada. En la última parte de la película, Asia Argento toma definitivamente la posta; son los momentos más vibrantes y probablemente mejor filmados de Assayas en toda su filmografía. De pronto descubrimos con un estremecimiento que Boarding Gate fue todo el tiempo acerca de esa mujer que ahora debe huir. La cámara la sigue, entonces; debe adaptarse a sus movimientos, pegársele al cuerpo de un modo que no se veía desde Cassavetes. La mujer seduce al hombre, después decide matarlo. Más tarde tiene sexo con otro, toma un avión, mata a otro hombre, se escapa, se tuerce un tobillo, va a una disco, golpea a una mujer; sigue escapando. Assayas filma todo con la ilusión de atrapar un tiempo real, o de sostener bloques de tiempo que se estiran produciendo una sensación de tiempo real, acaso con la convicción íntima de que el acontecimiento verdadero de su película es esa mujer que escapa, y de que si no la sigue con la suficiente perseverancia la película se escapa con ella; es decir que si no tiene a la mujer tampoco tiene película. Boarding Gate representa un caso muy notable de film prácticamente sin concesiones a eso que con satisfacción se llama “solidez argumental”. Esta película hermosa, en cambio, prefiere hundirse hasta el tuétano en la emoción perenne del movimiento y de la huida como motivos primordiales del cine.

Dossier Assayas - Boarding Gate - c i n e m a r a m a

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