Sobre la última película de Astérix

Sobre la última película de Astérix - c i n e m a r a m apor Elena Marina D’Aquila

Astérix y lo nunca visto. La lista de penosas adaptaciones cinematográficas de las aventuras de Astérix y Obélix es tan extensa como la de los fallidos intentos de Julio César por dominar a los galos de la costa de Armórica. Hasta que llegaron Louis Clichy –criado y formado en Pixar– y el actor Alexandre Astier, para compartir la batuta con guion de este último. La residencia de los dioses se pone como meta reavivar la llama de una franquicia que parecía apagada. El cine de animación basado en el cómic de Goscinny y Uderzo había quedado congelado en el tiempo desde el 2006 con la adaptación animada de Ásterix y los vikingos. Tuvieron que pasar ocho años para que las aventuras del pequeño galo con un casco de alas sobre su cabeza y de ese grandulón de trenzas pelirrojas y espesos bigotes volvieran a un mundo del que no deberían haberse ido jamás.

Lo cierto es que una buena cantidad de las películas animadas que pueden verse actualmente han perdido parte de su encanto y de su personalidad, e intentan compensarlo a través de la tecnología, pero la técnica nunca es suficiente por sí sola: para que la fórmula funcione, los personajes deben tener alma, y esta dupla detrás de cámaras lo sabe. Por eso, lo que hicieron Clichy y Astier no es una hazaña menor: los cineastas lograron captar el espíritu de las páginas originales como ninguna otra de sus adaptaciones a la pantalla grande lo había hecho y se permitieron, al mismo tiempo, desviarse lo suficiente como para reapropiarse de ese universo.

En nuestro país pudieron verse tres funciones de la película gracias a la sección Baficito de este año, pero lamentablemente no tuvo chance de ser estrenada comercialmente, al menos hasta el momento. Quizás, uno de los motivos haya sido la elección de la historia que continúa explorando el universo de Astérix. Una historia que quizás plantee más de una dificultad para llegar al público joven. Siendo perfectamente conscientes de esta cuestión, los directores han optado por mantenerse fieles a la historieta durante la primera mitad para contentar a los más puristas, y por introducir una serie de cambios que apuntan más a enriquecer las secuencias de acción en la segunda parte, logrando así una película más que notable a nivel técnico, formal y narrativo de principio a fin.

Incluso podemos encontrar, en esta relectura de Playtime y del cine de los Monty Python en clave asterixiana, cierta honestidad histórico-política que, lejos de causar incomodidad, es motivo de risas, algo que da la sensación de no haber sido posible de realizar si esta fuera una película estadounidense, donde el bagaje histórico suele ser registrado en un tono grave, como algo que no debe tomarse a la ligera. Sin embargo, Francia abre los límites de lo políticamente correcto para desplegarlos en una película que apunta tanto a un público infantil como adulto y los explota al máximo incorporando además un gran uso del slapstick, el humor entrañable de la historieta y el agregado de la animación 3D.

Dentro de ese universo vale-todo que es el cine de animación, Clichy y Astier logran un perfecto equilibrio entre la tradición de los adorables galos y la reapropiación por parte de sus directores, que reviven a estos héroes franceses en una nueva versión tan enérgica y superpoderosa como un sorbo de la poción mágica de Panoramix.

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