BAFICI 2015 – Sueñan los androides

BAFICI 2015 - Sueñan los androidesSueñan los androides (España – 2015)

Director: Ion de Sosa
Guion: Ion de Sosa, Jorge Gil Munarriz y Chema García Ibarra
Intérpretes: Manolo Marín, Moisés Richart, Marta Bassols, Coque Sánchez

por David Obarrio

Imaginemos un pequeño paraíso de la cinefilia menos condicionada, más generosa y pródiga, capaz de darse siempre con el mismo entusiasmo hacia esos tramos elusivos de luz y de sombra, que tiemblan y nos hablan, a veces con una voz extranjera, que parece forjada en otro mundo: uno de sus hijos, probablemente no el que traiga las noticias más tranquilizadoras, podría ser este. Sueñan los androides, con su alusión meridiana al título de Dick (de la pregunta a la constatación) y su arrogancia para dirigirse a los espectadores como una pequeña criatura dispuesta a quitarle razón de ser a toda expectativa de relato, de género o –menos todavía– de estar buceando a la sombra de un mamotreto prestigioso de la historia del cine como Blade Runner, parece querer volver a una situación ideal en la que el espectador, básicamente, no sabe a ciencia cierta qué está viendo. Parte de la pandilla impenitente que alumbró El futuro (vista en el Bafici del año pasado) se aparece ahora tan tranquila con una película igualmente anómala, de un formalismo menos riguroso, en la que la narración parece ser una inferencia que flota entre una secuencia y otra, como si un esbozo de relato hilara secretamente las diferentes escenas de la película en una dimensión emocional conjunta. Vagamente: un hombre despacha personas desarmadas disparándoles con esmerada frialdad (¿Son personas realmente, o se trata de los famosos “replicantes”, inmiscuidos alevosamente entre la gente que tiene carne, hueso y sentimientos?). La metáfora política de un mundo deshumanizado por el confort asentada en la España de hoy en día, como si fuera un futuro de distopías deslucidas en el que el paisaje urbano se ve interrumpido por la aparición de una violencia redentora no parece muy provechosa. Las escenas en apariencia abúlicas que pronto de adueñan de la película, en cambio, las fotografías familiares de gente que posa para la cámara, los fragmentos banales de conversaciones cuyos protagonistas están fuera de campo y se integran al plano cuando la cámara lo decide sin razón aparente, la ausencia de un núcleo dramático visible, conforman un cuadro inquietante, incluso conmovedor. En un momento, el quejido consabido de un “cante jondo” quiebra inesperadamente la banda sonora hecha de murmullos y voces de ambiente. Después, vemos escenas religiosas, masas de gente con fe observadas por un ojo que se ofrece como testigo impávido. La película podría estar hecha de capas: un sustrato impreciso de relato sobre el que se asientan postales anónimas, de una belleza sin cálculo, que vienen a taparlo tenazmente, al punto incluso de contradecirlo o de hacerlo desaparecer. Sueñan los androides es una película sin concesiones, tan hermosa como intrigante; la clase de cosas que en los festivales hay que buscar entre el fárrago de las obras importantes y los grandes nombres.

BAFICI 2015 - Sueñan los androides

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