BAFICI 2015 – The Royal Road

BAFICI 2015 - The Royal RoadThe Royal Road (Estados Unidos – 2015)

Dirección: Jenni Olson
Guion: Jenni Olson

por Soledad Castro Lazaroff

Una de las preguntas de cualquier realizador humilde es cómo hacer una película original, bella, que lo represente, que le de placer filmar, sin tener que depender de fondos que rara vez aparecen, nunca del todo, siempre a medias y demorando cuatro, cinco, seis años. Si uno viene de familia pudiente es probable conseguir un tío, un abuelo o un primo que te presten dinero o te ayuden a mantenerte mientras gastás todo tu tiempo en formarte y producir. Si uno es de clase media baja y no tiene mucha suerte, si es mucho más un trabajador que un “genio”… bueno, muchas veces el esfuerzo se vuelve casi imposible.

Tal vez sea por la cercanía con esos problemas cotidianos que caló tan hondo en mi The Royal Road, la película de Jenni Olson que ganó una mención especial en la competencia de Vanguardia y Género. Es una película pequeña, libre y bella, como una lagartija escurridiza de esas que viven en las viejas bibliotecas. Dura sesenta y dos minutos y está compuesta por una serie de planos fijos de Los Ángeles y San Francisco, dos ciudades unidas por un camino: The Royal Road.

La película está filmada enteramente en 35mm, y a pesar de la proyección digital, la belleza analógica se nota. El movimiento está dado por algunos autos que pasan, el viento que mueve un detalle, la luz del semáforo que cambia. Los ángulos son simples, sencillos, cotidianos: fachadas, esquinas, puentes, en su mayoría en plano general y sin ninguna ostentación fotográfica. Ni grandes sombras, ni grandes contrastes, ni una búsqueda clara de enrarecimiento o llamada de atención sobre la composición. Dos ciudades casi en silencio, quietas, permanentes; casas, edificios, calles y estatuas retratadas en la pureza antigua de la quietud. Allí, el río. Aquí, el puerto. Allá, una fuga, y otra, y otra más.

Estas imágenes fijas, que en principio parecen estructuradas más con criterios de seriación fotográfica que con una voluntad narrativa (luz del día, posición del encuadre, color) se complementan con un texto en voice over en primera persona. La voz de Jenni Olson, la realizadora, utiliza la excusa de ir a visitar a una mujer de la que está enamorada para contarnos sobre ese camino real: el que atravesó el padre franciscano Junipero Serra para fundar nuevas misiones y convertir a los nativos al cristianismo.

Estableciendo analogías entre la historia de California, la historia del cine y la suya personal, Olson hilvana un discurso de una gran belleza, ternura e intimidad. Palabras que avanzan dudando, digresivas y graciosas a pesar de dar cuenta de una búsqueda de la identidad dolorosa y difícil. Hay una secuencia donde sus planos establecen un vínculo con los de Hitchcock en Vértigo, donde la escuchamos hablar de la película mientras observamos el puente rojo o el muelle donde cae Madeleine logra una intensidad dramática y filosófica muy inusual que se acentúa por la simpleza de sus recursos cinematográficos. Otro capítulo impactante es el que se titula “Defensa de la nostalgia”, donde parte de un discurso académico de Tony Kushner (la única otra voz que escuchamos en la película) en torno a lo irresponsable y burgués de la nostalgia, con una cita de Bertold Brecht que dice que “las nuevas cosas malas son siempre mejores que las viejas cosas buenas”. Ella, que se encuentra claramente comprometida con una línea política de izquierda, se reconoce afectada por esta idea, incluso culpable por negar estas palabras pero, casi a su pesar, no puede evitar defender la nostalgia y el pasado: las creaciones humanas que sobreviven incólumes al paso del tiempo. De algún modo, defender el pasado se parece a defender el pensamiento, la fantasía; eso que, incluso aunque nunca haya existido, sabemos que jamás seremos capaces de volver a alcanzar.

Sentirla transmitir sus emociones con esa austeridad, con esa suavidad que se vuelve profunda e inquietante, me resultó una verdadera sorpresa, fresca y escurridiza como una lagartija que se mueve veloz entre grandes y pesados monumentos culturales de festival. Esta película confirma que el montaje es un arte mayor: creo que ninguno de los elementos por separado gana la fuerza y la calidad poética que logran en conjunto. Resulta difícil pensar en algo más cinemático que eso.

BAFICI 2015 - The Royal Road

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