BAFICI 2015 – Invierno

BAFICI 2015 - InviernoInvierno (Chile – 2015)

Director: Alberto Fuguet
Guion: Alberto Fuguet
Intérpretes: Matías Oviedo, Pablo Cerda, Katherine Salosny, Tomás Verdejo

por David Obarrio

La última película del ubicuo Alberto Fuguet –escritor, crítico, director de cine–  se toma todo el tiempo del mundo para contar una historia acerca de un escritor suicida. El pequeño mundo de la literatura en Santiago de Chile puede no constituir un tópico demasiado glamoroso, pero la tenacidad de Fuguet como cineasta, que incluye una mirada glacial, la disposición de sus planos siempre distinguidos y precisos, la esmerada elección de los temas musicales, es capaz de desplegarse durante casi cinco horas logrando con una facilidad pasmosa sumergir al espectador en eso que antes, hace mucho, se llamaba una “experiencia cinematográfica”. La primera escena muestra al escritor de marras solo en su departamento, con los auriculares puestos y las manos inquietas sobre el teclado de la laptop; lo que se ve de fondo es la ciudad de Santiago, pero también podría ser Nueva York, Tokio, o cualquier otra. Fuguet incorpora la ciudad como fondo y síntoma, un cosmopolitismo probable que contrasta con el carácter provinciano de las rencillas del mundo de la literatura, la publicación y el marketing, que ocupan a los personajes de la película. El protagonista, ese escritor llamado Alejo, está solo, pero nadie lo sabe. Quienes están a su alrededor no ven ese hecho, o no lo aceptan. Alejo (de paso, nombre fresaniano casi por excelencia, si se me permite el embeleco) tiene su segundo libro a punto de ser publicado, pero decide quitarse la vida antes. La sombra del autor muerto irradia incomodidad y desconcierto sobre sus amigos y allegados, que tratan de juntar los pedazos de recuerdos que guardan de sus vidas junto a él, acaso para observar también las propias, con igual grado de perplejidad y rencor. La película, dividida en tres partes que pasan como una exhalación, dedica buena parte de su tiempo a mostrar las calles de la parte paqueta de la ciudad, sus bares y restaurantes, sus boliches, sus librerías; en efecto, hay todo un recorrido de un raro placer cinematográfico en Invierno que no se guarda de exhibir los restos de una tristeza que parece sobrevolar cada escena, como si se tratara de los signos de una tragedia que solo puede expresarse a través de una belleza resignada, incluso apática. La idea del artista que va hasta el fondo en los rudimentos de su arte y ve un abismo que a los demás se les escapa es también un tema que podríamos llamar bolañiano (perdón por segunda vez), y que Fuguet consigue bordear siendo fiel al propio Bolaño (a quien por supuesto se cita en la película), esto es, con una distinción irónica, un desapego de dandy que resulta concluyente y perturbador en partes iguales. Fuguet no inventa el fantasma de la creación artística como camino sin retorno, pero exhibe una convicción  genuina acerca del poder narrativo de esa idea peregrina: ¿Qué hacer cuando se tiene conciencia de la naturaleza irreversible de una encrucijada semejante, en la que el impulso artístico encamina al sujeto hacia su aniquilamiento? Invierno no tiene respuestas para ofrecer, como no sean los balbuceos atragantados de los sobrevivientes que pugnan por salir de la madeja en la que están enredados. El director consigue una película misteriosa y melancólica, un “Ciudadano Alejo” forjado con un compromiso y una elegancia estremecedores.

BAFICI 2015 - Invierno

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