BAFICI 2015 – Miramar

BAFICI 2015 - MiramarMiramar (Argentina – 2015)

Dirección: Fernando Sarquís
Guion: Fernando Sarquís
Intérpretes: Florencia Decall, Maximiliano Gallo, Eva Bianco, Eduardo Rivetto

por Elena Marina D’Aquila

Al cine argentino le encanta viajar hacia el mar, sobre todo fuera de temporada. El cordobés Sarquís encuentra en una hostería semivacía el escenario ideal para contar la historia de la joven Sofía, atravesada por la misteriosa llegada de un hombre y la inminente partida de la niña a la Universidad. Esa niña es Florencia Decall, que ya en Atlántida dejaba en claro que tenía el potencial para cargar con el peso de un protagónico. Tanto aquella como esta película se benefician de la fotogenia de la actriz y ambas podrían definirse como un coming of age sobre el paso de una etapa a la otra, de la adolescencia a la adultez, pero que se diferencian en el tratamiento narrativo. Si bien las dos parten de una historia sobre la iniciación, en Miramar esa narración parece ir en principio por un camino –el del despertar sexual de la muchacha– y de a poco comienza a enfilar para otras rutas: las del desarraigo geográfico y emocional.

El tiempo pasa entre charlas, comidas y quehaceres cotidianos en escenas que, a pesar de articularse perfectamente dentro del relato, están bien definidas como bloques autónomos que podríamos cambiar de lugar sin modificar ningún acontecimiento de la historia. Esta sensación está acentuada por la propuesta de Sarquís: una exploración de principio a fin sobre la percepción del tiempo que tienen sus personajes y lo que les sucede por dentro. La relación entre Sofía y el enigmático visitante –del cual no sabemos otra cosa salvo que está escapándose de algo, o de alguien– se estrecha: comparten largas caminatas por la playa entre abrigos y gorros de lana, paseando entre escombros de ruinas que sirven como patio de juegos y confesiones. El deseo y la tensión sexual se manifiestan pero de manera muy sutil, casi imperceptible, como el mar de emociones que se apodera de los personajes, latiendo por debajo de varias capas de un aparente estadio de quietud absoluta . De esa manera, la escena en la que el huésped le canta una canción a Sofía con el acompañamiento de una guitarra, no es una escena más. Es un momento en el que la narración parece detenerse por completo para explorar otra cosa, un impreciso estado de ánimo.

Con sus paisajes nublados, la desolación de la costa en invierno y el enfoque puesto en los arrojos de la adolescencia, Miramar se ubica en algún punto de intersección entre el Nuevo Cine Argentino y el ya consolidado Nuevo Cine Cordobés, al mismo tiempo que dialoga con otra película de la Competencia Argentina, también cordobesa, Todo el tiempo del mundo, centrada en la dificilísima y compleja transición entre dos estilos de vida completamente opuestos.

Utilizando muy pocos pero efectivos elementos –la única música que hay en la película es el sonido del mar–, Miramar difícilmente pueda definirse como innovadora, pero sí como auténtica, que no es poca cosa.

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