BAFICI 2015 – Natural Resistance

BAFICI 2015 - Natural resistanceNatural Resistance (Francia, Italia – 2014)

Dirección: Jonathan Nossiter
Guion: Jonathan Nossiter

por Diego Maté

El tema de Natural resistance atrapa y convence: un grupo de pequeños productores de vino y enólogos (más el director de una filmoteca) discuten sobre la situación alarmante que supone para la agricultura el uso de químicos tóxicos. Dejando de lado algún que otro comentario ñoño acerca del hombre y la naturaleza, sus argumentos parecen irrebatibles: la producción gastronómica europea está en mano de enormes monopolios que concentran el mercado con su explotación intensiva del suelo y que eliminan poco a poco a sus competidores más apegados a técnicas de cultivo tradicionales y ecológicas. De la seguridad de esos argumentos, justamente, surge la debilidad de Natural Resistance: el director Jonathan Nossiter no hace nada por poner en cuestión la visión de sus entrevistados, más bien al contrario, los reafirma en sus opiniones a través de fragmentos de cine (provenientes mayormente de películas italianas), un corto animado o del trabajo con la imagen en general. No es que el cine no pueda militar activamente por una causa, pero Nossiter emprende su cruzada apelando a un notorio efectismo: cuando el director postula, por ejemplo, que Toscana desapareció, que ya no existe, que la ciudad es una especie de Disney en la que tienen sus mansiones de fin de semana figuras como Robert Zemeckis, una mujer de la zona no acuerda con Nossiter y, acto seguido, la película despliega un cartel con una flecha que indicaría el lugar de la mansión sobre el fondo del paisaje. El director no tolera la disidencia y la zanja con la sobreimpresión del cartelito que, para asegurarse un cierto grado de efectividad, también funciona como gag. Cuando se ve Natural Resistance, la sensación que se tiene es parecida a la que se experimenta frente a las películas de Michael Moore: la empresa parece irreprochable, la denuncia necesaria, pero los medios que la vehiculizan resultan groseros y atentan contra su legitimidad. Algo de este problema de la película de Nossiter se expresa bien cuando uno de los productores cava un hoyo y levanta la tierra de dos suelos distintos, uno sobreexplotado por el cultivo intensivo y con químicos, y otro no: el hombre (por lejos el entrevistado más carismático de todos) muestra a cámara los pedazos de tierra y explica su composición, los daños irreparables de uno y las ventajas ecológicas del otro. El momento parece resumir la concepción de un mundo dual, sin matices ni gradaciones, que se extiende a todos los demás temas: la vida puede darse en armonía con la naturaleza o llevarse a costa suya; los alimentos pueden producirse artesanalmente con materias primas locales o desterritorializarse a lo McDonalds; se puede ser “libre” como los entrevistados o víctimas del control de las grandes corporaciones y sus productos; el mercado y la agricultura en general son divididos según una ética asimétrica que coloca a unos pocos justos de un lado (los pequeños y medianos productores, defensores de la tradición y de técnicas sustentables) , y a un montón de capitalistas despiadados del otro, la mayoría de los cuales integraría los principales monopolios gastronómicos y ocuparía los cargos políticos jerárquicos capaces de inclinar la balanza sistemáticamente en favor de los segundos. En Mondovino, la anterior película de Nossiter, la argumentación en contra de la homogeneización de la producción de vino y de la desaparición de los sabores locales se enriquecía con la presencia de algunos representantes de las grandes empresas como el enólogo mundialmente reconocido (y repudiado también) Michel Rolland, el cuasi villano al que la película denostaba pero al que igualmente le daba la oportunidad de exponer su punto de vista. En esta nueva película del director, en cambio, la resistencia del título parecería demandar un recrudecimiento de las formas: el enemigo no tiene voz, y no debe mostrarse ni escucharse nada que pueda matizar el escenario maniqueo que troquelan los entrevistados con sus declaraciones. El estado de situación que trazan los testimonios sin duda es preocupante, pero la retórica gruesa y maniquea de Nossiter no ayuda a pensar mejor el problema, más bien lo empobrece.

BAFICI 2015 - Natural resistance

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