BAFICI 2015 – Forastero

BAFICI 2015 - ForasteroForastero (Argentina – 2015)

Dirección: Lucía Ferreyra
Guion: Lucía Ferreyra, Valeria Márquez
Intérpretes: Julián Larquier Tellarini, Pablo Sigal, Denise Groesman

por David Obarrio

Hay toda una sección que podríamos denominar feliz en Forastero, el inspiradísimo debut en la dirección de Lucía Ferreyra. En efecto, la fluidez de los diálogos, la precisión en los encuadres, la tenaz amabilidad con la que la directora dispone las escenas –como si, en principio, no se tratara de otra cosa que de piezas provisionalmente autónomas, cargadas de emoción, de pertinencia y de capacidad de sugestión propias– producen de inmediato la sensación de que nos hallamos frente a un caso inusual de gracia y placer cinematográficos. Ferreyra ha encontrado un verano raro, en un lugar con condiciones climáticas no siempre hospitalarias para ejercer eso que llamamos veraneo, donde todos parecen haber partido menos los protagonistas masculinos, esos dos amigos recién salidos de la adolescencia que arman sin destreza la carpa, juegan al tejo o dejan entrever de a ratos un desconcierto cósmico frente a unas vacaciones en las que se encuentran juntos por primera vez. Nicolás (Julián Larquier Tellarini) se sabe el lugar de memoria, esas playas no demasiado acogedoras de Mar del Sur, el pueblo de pocas cuadras, el hotel mítico caído en desgracia, por haber ido con su familia todos los veranos que recuerda. Jaime (Pablo Sigal) es el que nunca estuvo, el amigo invitado a compartir un destino de emociones veraniegas tan poco probable. Ana (Denise Groesman), la chica conocida de Nicolás de toda la vida, que hace su aparición en una hermosa escena en la que los dos varones se demoran ociosos en la mesa del restaurante de la playa, tiene un dejo luminoso y una velocidad que contrastan con el tedio cómicamente dramático de los amigos. Ferreyra decide sin embargo no hacer una comedia que se detenga en las incomodidades de la convivencia de los amigos, o que indague en el costado de conocimiento personal forzoso al que podrían ser empujados los personajes. En cambio, la directora no titubea a la hora de establecer un modo sutil de percepción del estado siempre provisorio de la sensibilidad juvenil, ágil para adaptarse a los cambios, pero incapaz de no acusar recibo ante el asalto de las decepciones. La chica los invita a un asado, no sin antes desgranar una serie de nombres: los conocidos que están y hay que ir a ver con urgencia. “Vení, que mañana se van”, advierte. En Forastero flota desde el primer minuto una sensación de pérdida que se despliega de modo elusivo por cada una de las escenas de la película y le proporciona ese tono de melancolía secreta de fin del verano que la engalana discretamente. Armada con una paciencia de artesana, Ferreyra filma entonces las pequeñas escaramuzas, los conatos de romance y la incomodidad creciente, con una ligereza y una suficiencia notables; el bello blanco y negro y el uso abundante de planos generales propician un tono de enrarecimiento casi imperceptible, que potencia extrañamente la comicidad de la película y la lleva a un grado delicado de eficacia y sentido de la oportunidad. Forastero no cede nunca a la tentación del lirismo automático, o de los arrebatos de epifanía con los que fácilmente se podría distraer una primera película cuyas aspiraciones de modernidad son tan evidentes; no hay “momentos cumbre”, o momentos decisivos que funcionen de modo explícito en esta película tan poco amiga de los golpes de efecto. El pudor de la directora para no ver, o para no saber más que sus personajes (ella con toda seguridad lo llamaría prudencia), y para no exponerlos a una exhibición sumaria de los meandros de sus sentimientos, convierte la película en una pieza rara de observación sensible y de iluminación para los acontecimientos minúsculos, los pequeños temblores por los que atraviesan los personajes mientras se funden con el paisaje, ese otro gran protagonista. Incluso no es tan sencillo dilucidar quién es el forastero al que alude el título, la figura que no pertenece allí por derecho propio, o el que lo es porque pierde cosas de a poco, acaso sin darse cuenta cabalmente. La directora, en todo caso, en un último gesto de nobleza, ha renunciado también en esto a detentar la palabra definitiva.

BAFICI 2015 - Forastero

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